Desde hace muchos años ya, Jávea se postula como uno de los destinos vacacionales por excelencia de la Comunidad Valenciana. Cada verano, cientos de viajeros inundan sus calles, colman su paseo marítimo y se dejan ver por sus excelentes restaurantes. Opciones de éstas hay muchas: La Perla de Jávea, EsTapaTi o los estrellados BonAmb y el Rodat. Pero hoy descubrimos una joya escondida, Tula. A pocos metros de una de las zonas más concurridas de la población, la playa del Arenal, se encuentra este discreto restaurante que en poco tiempo se ha puesto en boca de todos.

Ficha y datos de Tula

  • El restaurante Tula es el local de Borja Susilla y Clara Puig, ex Casa Gerardo, que se ha convertido en uno de las citas ineludibles de cada verano. Allí practican cocina sin pretensiones, con producto local pero dando una vuelta de tuerca a las preparaciones.
  • Lo mejor: las croquetas de sobrasada de Jávea, el taco de hoja de shisho con panceta, anguila ahumada y misonesa y el bonito curado con aguacate.
  • Dirección: Avinguda de la Llibertat, 36. Jávea.
  • Horario: Ma a Do de 13:00 a 16:00 horas y de 20:00 a 22:30 horas. Lu cerrado.
  • Reservas: Aceptan reservas en el 966 471 745.
  • Precio: 35-40 €
  • Nota: 4,5/5

El  restaurante Tula es el proyecto de dos jóvenes cocineros que se lanzaron a la piscina para abrir su propio negocio. Eso sí, con mucha experiencia en la maleta. Borja Susilla y Clara Puig de La Bellacasa se conocieron en los fogones de Quique Dacosta, para más tarde trabajar durante un tiempo en Mas de Torrent y terminar mudándose a Gijón a ejercer en las cocinas de Casa Gerardo. Con todo lo aprendido en tan magnas sedes gastronómicas, hace apenas dos años abría sus puertas Tula. ¿El concepto? Cocina con producto local, las mejores calidades y siempre ese puntito que va más allá en las preparaciones. Sobretodo, en Tula se va a comer diferente, ya que su propuesta no tiene nada que ver con lo que se profesa en la zona, y como lo han definido expertos como Pablo Márquez de Lo mejor de la gastronomía, Tula es “un establecimiento de comida casera contemporánea, inspirada por el entorno, enriquecida en matices o por ingredientes de otras regiones o países”.

Tula terraza

Llevábamos tiempo queriendo acercarnos a conocerlo y fue un día de junio, en el que un impresionante atardecer se cernía tras el fastuoso Montgó, el elegido para hacerlo. El local es sencillo, sin nada que distraiga a lo verdaderamente importante, la comida. Apenas unas fotos marineras como decoración y tonos terrosos para paredes y mesas. En verano amplían con una pequeña terraza con unas cuatro mesas, para poder acoger más comensales.  Sentarse a la mesa de Tula supone un regocijo gastronómico que difícilmente se olvidará.

Restaurante Tula, cocina casera contemporánea

La carta cambia muy a menudo, ya que profesan el producto de temporada como una de sus máximas culinarias. No obstante, en nuestra visita probamos diferentes platos que todavía mantienen en carta. Apenas unas 12 preparaciones y dos o tres platos fuera de carta, forman la propuesta de Tula. Y no hace falta ni uno más, porque en tan pocas elaboraciones, tocan todos los palos e imprimen alma a cada bocado.

croquetas

Nuestra experiencia comenzaba con una de las mejores croquetas que hemos probado en la zona. Se elaboran con sobrasada de Jávea y lejos de lo que pueda parecer, son delicadas, cremosas e imprescindibles. Las preparan con forma cuadrada y el bocado, siendo el primero, hace rozar el cielo.

pelota cocido

Continuamos con un mollete crujiente de pelota de puchero. Los que somos de la zona, sabemos que en la Comunidad Valenciana se come puchero, una versión diferente al cocido madrileño, mucho más ligera y en la que se añade uno de los productos más interesantes, la pelota. Se trata de una una especie de albóndiga gigante hecha de carne de cerdo, pan rallado, piñones y perejil, que se envuelve en una hoja de col y se hierve junto al resto de ingredientes. Y ha sido cogiendo esta tradición tan valenciana, como han elaborado un crujiente relleno de pelota de cocido, coronado con hoja de repollo y amaranto y un puré de garbanzos.

Taco sisho

Uno de los descubrimientos de nuestra cena fue el taco de hoja de shisho con panceta, anguila ahumada y misonesa. Sobre una hoja de sisho, a modo de taco, disponen cebolla crujiente en la base, panceta ahumada y sobre ella anguila, para terminar el plato con una misonesa -mayonesa elaborada con miso- y unos taquitos de pepino para aportar frescor al plato. Se come con las manos, rebañando bien todos los ingredientes con cada bocado y el resultado es sublime.

bonito

A continuación, a nuestro parecer, la estrella de aquella carta de finales de junio. Era un fuera de carta y como estamos en plena temporada de bonito, preparaban unos tacos de bonito semicurado, dispuestos sobre un pesto de aguacate y berenjenas ahumadas en la base y brotes de por encima. ¡Qué delicadeza! Y qué sorpresa, cómo ingredientes tan dispares daban tan magnífico resultado. El bonito lo curan muy levemente, por lo que está casi crudo y adquiere una textura envidiable. El aguacate aporta algo de grasa al plato y combinado con el sabor ahumado de las berenjenas, cada bocado se convierte en una fiesta en la boca.

pulpo

Seguimos con unas manitas de cerdo ‘del senyoret’, es decir, todas deshuesadas para que lo único que tengas que hacer sea degustarlas. Las sirven estofadas con colas de cigala, puntitos de crema de chirivía y mini zanahorias fritas. Para terminar, probamos otro fuera de carta, un pulpo asado sobre una causa limeña, acompañada de tomatitos marinados, brotes, cebolleta y rábano. Otro acierto presentado de la forma más selecta.

Resulta curioso que con una carta con apenas 12 elaboraciones, cuenten también con unos seis postres diferentes, todos ellos creativos e interesantes. Nosotros nos decidimos por algo que rememoraba su pasado, un excelente arroz con leche homenaje al de Casa Gerardo, que puso el broche final a una magnífica cena.

La cabeza de estos jóvenes no para, por lo que vayas cuando vayas, encontrarás nuevas sorpresas en su carta, dispuestas a seguir con su compromiso culinario y su honestidad al frente de la cocina.

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