Un hombre se protege de la nieve en el centro de Vitoria

Un hombre se protege de la nieve en el centro de Vitoria Efe

Salud

El frío causó la muerte de al menos 218 personas en España en la primera semana de enero: tercera peor cifra de la década

Los meses de diciembre y enero son los que mayor mortalidad registran, aunque el cambio climático puede acabar igualando el exceso de mortalidad por calor al frío.

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Las claves

En la primera semana de enero murieron al menos 218 personas en España por frío extremo, la tercera peor cifra en una década.

El frío agrava enfermedades crónicas, especialmente respiratorias y cardiovasculares, afectando principalmente a mayores, lactantes y personas vulnerables.

Las bajas temperaturas aumentan la mortalidad general, siendo diciembre y enero los meses con más fallecimientos en España.

Se proyecta que el cambio climático aumentará las muertes por calor y reducirá las muertes por frío en España hacia finales de siglo.

En los siete primeros días de enero habrían muerto 218 personas por frío extremo, según las estimaciones del sistema de monitorización de mortalidad diaria (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III.

Sería la tercera peor cifra en una década, tras la de 2025, cuando se calcularon 309 muertes, y de 2021, en que se estimaron 275 fallecimientos en solo una semana.

Por el contrario, en 2018, 2022 o 2023 las muertes apenas superaron la decena o no llegaron a ella.

Hay que tener en cuenta que el MoMo realiza este cálculo en base a umbrales de temperaturas.

El número de muertes reales atribuibles al frío tendrá que ser establecido tras un examen minucioso de los fallecimientos.

Porque, al igual que con el calor, las temperaturas extremas no suelen ser la causa directa sino un factor que subyace a la descompensación de la salud de las personas vulnerables.

De igual manera que los golpes de calor son solo una fracción mínima de la mortalidad atribuible a las altas temperaturas, la hipotermia y la congelación lo son en las bajas.

La mayoría de muertes se producen porque el frío conduce a una sobrecarga de estrés en el organismo que agrava las condiciones crónicas de la población vulnerable, principalmente personas mayores pero también lactantes e individuos con enfermedades de riesgo.

Aunque afecta a la gran mayoría de enfermedades crónicas, tiene especial relevancia en enfermedades respiratorias y cardiovasculares.

Por ejemplo, las muertes por ictus reflejan una 'U' perfecta a lo largo del año, con los extremos (enero y diciembre) registrando un máximo y el centro (el verano) un mínimo.

No está del todo claro por qué el frío afecta más a la patología cardiovascular, pero se ha propuesto que provoca una vasoconstricción y una mayor viscosidad de la sangre, lo que hace que se incrementen trombosis, infartos o enfermedades arteriales.

Por otro lado, las bajas temperaturas también aumentan la incidencia de otras complicaciones de la salud, como trastornos de salud mental (depresión y ansiedad, pero también la esquizofrenia), las infecciones por virus respiratorios, puede haber accidentes de tráfico por placas de hielo, inhalación de humos peligrosos en incendios o estufas en mal estado, etc.

De hecho, el inicio del invierno es la época del año con una mayor mortalidad general. Diciembre y enero suelen ser los meses con más fallecimientos.

Según los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE), en 2024 murieron 48.678 personas en enero y 39.402 en diciembre. El siguiente mes más mortal fue marzo, con 37.953 fallecimientos.

3,5 muertes de más

Un estudio del Instituto de Salud Carlos III del periodo 2000-2009 concluyó que, por cada grado de temperatura ambiente por debajo de cierto umbral de impacto en la salud, el riesgo de mortalidad atribuible al frío extremo crecía entre un 9,1% y un 13,8%.

Por cada día de frío extremo se producen —de media— 3,5 muertes por encima de la media de la época por solo 3 en episodios de calor extremo.

Además, mientras los efectos de las olas de calor se suelen manifestar entre uno y cuatro días después de su finalización, ese plazo se extiende a los 14 días en el caso de las olas de frío.

El hecho de que el invierno siga registrando una mayor mortalidad suele ser utilizado como arma por los escépticos de los efectos del cambio climático para subestimar los efectos del calor.

Sin embargo, esto no tiene que ser siempre así. Un estudio publicado en 2024 realizaba estimaciones de la variación de la mortalidad en función de diferentes escenarios de aumento de temperaturas globales.

El trabajo proyecta un aumento de las muertes por calor y una disminución de las muertes por frío en 707 ciudades del mundo, incluidas varias españolas, de aquí a fin de siglo.

En España, para el año 2090 se proyecta —en el escenario de mayor emisión— un aumento del 70% en el riesgo de mortalidad por calor y una disminución del 7,5% en la mortalidad por frío, en comparación con el año 2000.

Además, el trabajo señala que nuestro país es especialmente vulnerable al cambio climático debido a su situación geográfica, su envejecimiento y las condiciones socioeconómicas.

Como apuntaba en una entrevista con EL ESPAÑOL Dominic Royé, uno de los autores del trabajo, esta igualación de muertes por calor y frío es especialmente relevante ya que el calor no tiene el efecto de los ingresos hospitalarios.

"En la mortalidad hay un efecto por frío y por calor, pero en ingresos hospitalarios solo existe por frío. La gente, con el impacto del calor, muere directamente, no hay forma de salvarlos".