Julián García-Feijóo es jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Julián García-Feijóo es jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Clínico San Carlos de Madrid. Esteban Palazuelos

Salud Doctor, qué nos pasa

Doctor García-Feijóo, el sabio de los ojos: "Los otros médicos nos llaman peluqueros ilustrados"

"El uso de lentillas tiene riesgos que a veces no se piensan" / "Hay que vender gafas de sol diciendo la verdad" / "La gente ha perdido el respeto a operarse de cataratas" / "No hay ninguna evidencia de que la luz de las pantallas genere problemas".

26 junio, 2022 02:06

Julián García-Feijóo es jefe del Servicio de Oftalmología del Hospital Clínico San Carlos desde 2010 y catedrático del área en la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en glaucoma (su servicio es una referencia europea), ha publicado más de 300 artículos científicos y dirigido medio centenar de tesis doctorales. Además, es secretario de la Socieda Española de Oftalmología y ha sido presidente de la Sociedad Española de Glaucoma y miembro del comité ejecutivo de la europea.

El doctor García-Feijóo se siente tan ajeno a su propio despacho como el periodista que acude a entrevistarle. A pesar de ser jefe del servicio de Oftalmología del Hospital Clínico San Carlos desde 2010, afirma no haber pisado apenas esta habitación. Le creemos: son dos mesas cubiertas de polvo llenas de papeles que pueden llevar allí una década (se ve, aguzando el ojo, incluso algún calendario muy anterior), una puerta "que nunca he abierto" daría acceso a una pequeña terraza de un patio interior si no fuera porque está 'tapiada' con más papeles y cachivaches, y el aire acondicionado, cuando logra que funcione, se despereza como un monstruo de Lovecraft que llevara eones dormido. 

Donde pasa su tiempo, en realidad, es en la consulta. El oftalmólogo, que nos recibe en su bata de quirófano, es un jefe de servicio atípico: sigue viendo (y operando) pacientes, y las labores de gestión las deja para la última hora, la tarde, cuando está con la familia "o los fines de semana".

Gallego de pura cepa como su segundo apellido, que comparte con otro amigo y emigrado ilustre a la sanidad madrileña: Rafael Pérez-Santamarina Feijóo, gerente del Hospital La Paz. Con el otro Feijóo, el político, dice compartir únicamente este apellido. No piensen mal: Alberto es orensano, la cuna de los Feijóo, y Julián, de Santiago.

- ¿Cuál es la mayor satisfacción para un oftalmólogo? Algo concreto: "Esto es por lo que yo me hice médico".

- Pues hombre, te diría dos cosas. Una: como yo trato niños, el ver a los chavales con glaucoma congénito que, después de 10-15 años de haberlos operado y estarlos tratando, entran en la Universidad o están adaptados a la sociedad. Eso es una satisfacción grande, pero es a largo plazo.

A corto plazo, [la mayor satisfacción] es que las personas que tienen un trastorno visual grande, que no ven, devolverles la capacidad visual, que es devolverles la ilusión. Muchas veces no nos damos cuenta de qué significa para alguien perder la visión, tener una discapacidad visual hasta que no nos pasa. Revertir eso es lo importante.

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- ¿Cuál es el paciente con el que mantiene contacto desde hace más tiempo?

- Yo tengo pacientes operados por mí cuando eran niños que tienen ya 25-26 años. Luego, chicos que operé a los 10 o 12 años que ahora tienen 40. No son como tus hijos, evidentemente, pero los ves crecer, te traen dibujos que hacen… Tienes una relación diferente con otros pacientes, también con la familia, pero a veces te llevas un poco de disgusto porque puede haber complicaciones (la probabilidad de ceguera a los 20 años es de un 20%), niños que los ves quedar ciegos bajo tu cuidado y eso es duro.

- Le he leído diciendo que es más duro cuando una persona con 20 años se queda ciega que cuando es un niño, porque este se adapta mejor.

- Sí. Curiosamente, lo 'bueno' de los chavales es que se pueden adaptar un poco a la situación. Si ya tienes una enfermedad crónica previa que te aboca a la ceguera, que te quedes ciego con 20 o 25 años es algo que ya los has interiorizado. El problema es más una persona de 50 o 60 años que se queda ciega. Está en una edad activa, tiene un montón de proyectos, y es un cambio tremendo en su vida, porque toda su vida la ha preparado como vidente. Un chaval que tiene una discapacidad visual, bueno, muchas veces está en la ONCE, se ha entrenado con baja visión… No es que quieras que eso te pase pero lo contemplas como una posibilidad y tu vida la encaminas, incluso, a una profesión donde, si tienes una discapacidad visual grave, la puedas seguir haciendo. Sin embargo, con 50 años, ser médico o periodista con un problema visual importante, la manera en que eso te afecta a tu vida normal es devastadora.

 -Me va a permitir ponerme un poco filosófico. Darwin, fascinado por el mecanismo del ojo, decía que no podía concebir cómo surgió de la selección natural. ¿Qué es lo que tiene el ojo para fascinarnos tanto?

- Al final, el ojo es la ventana que nos abre a todo lo que nos rodea: las relaciones personales, de qué manera empatizamos con una persona… En internet hay muchos artículos sobre qué rasgos nos llaman la atención de una persona y hace que nos entre por la vista, la simetría…

Sobre la complejidad, para los que hablan del diseño inteligente, el ojo no está tan bien diseñado [risas] porque los fotorreceptores tienen una capa de células que la luz tiene que atravesar para poder llegar a ellos. Por eso, cuando a veces miramos la luz del sol vemos como unas ramas: son los vasos [sanguíneos], que están delante de los fotorreceptores. El ojo está muy bien, está fenomenal, pero a lo mejor un ingeniero lo hubiera diseñado de otra manera. También hay otras razones para que eso sea así: poder enfriar las capas de los fotorreceptores, etc.

Si nos ponemos filosóficos, el ojo al final es una cámara, la visión es por el cerebro, que interpreta todas las señales que capta la retina y que viajan, como impulsos eléctricos, a través del nervio óptico hasta el cerebro, y es este el que interpreta. Si nos ponemos en plan 'Matrix', lo que estamos viendo es una interpretación de la información que captan los ojos.

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- Muchos usuarios de lentillas siempre han tenido cierto respeto a la hora de tocar el ojo. A alguien que ha tocado tantos ojos ajenos, ¿le pasa lo mismo?

- A veces, simplemente es la sensación de algo que se acerca al ojo y el mecanismo defensivo que tenemos es tapar el ojo. Incluso, cuando exploramos al paciente, le tomamos la tensión del ojo, cuando acercamos un tonómetro, un aparato, la tendencia es echarse atrás. Aunque sepamos que una lentilla no hace daño, manipularlo siempre tiene reticencia.

Es cierto que el uso de lentes de contacto tiene ciertos riesgos, que a veces no se piensan. Un usuario de lentes de contacto tiene que tener una higiene adecuada por problemas de erosiones, de úlceras, infecciones en el ojo… y eso es algo, aunque infrecuente teniendo en cuenta el número de personas que usan lentes de contacto de manera regular en España y en el mundo, sí que es verdad que las complicaciones son relativamente frecuentes, sobre todo en las personas que descuidan el mantenimiento, que no limpian las lentes de contacto, que las dejan en el mismo líquido durante ocho meses…

Se habla mucho de los problemas de la cirugía refractiva, que los tiene, y se habla poco de los problemas de las lentes de contacto. Por ejemplo, la queratitis amebiana, por amebas, son típicas de portadores de lentes de contacto que se bañan en los ríos, los pantanos, etc. con las lentes. La lente de contacto produce pequeñas heridas en la córnea que facilitan que la ameba penetre y genera infecciones muy graves.

- Las malas lenguas siempre dicen que, cuando un consejero quiere aligerar las listas de espera, ordena acelerar las operaciones de cataratas. ¿Es un mito o de vez en cuando recibe alguna llamada?

- [Risas] Yo no recibo llamadas, pero es cierto que uno de los pocos servicios que puede bajar el número de pacientes en lista de espera de manera rápida es Oftalmología, porque podemos hacer ocho, diez o doce pacientes por sesión quirúrgica. Entonces, si necesito sacar 500 pacientes en lista de espera, en ocho días trabajando mañana y tarde me desaparecen. En otra especialidad es muy difícil disminuir tantos pacientes en un tiempo corto, eso es verdad.

- ¿La gente le ha perdido el respeto a operarse de cataratas?

- Absolutamente. Hay dos culpables de eso: los anuncios de la radio, que parece que es ir a la peluquería o a quitarse un grano. La culpa es nuestra de algún modo, estamos banalizando la enfermedad, y eso hace que los compañeros nos vean como un ‘peluquero ilustrado’. “Son unos señoritos que operan sentados y, en diez minutos, que pase el siguiente”.

Parte de lo que hago es poner en realidad la sobre-expectativa que hay. A veces, un paciente, con la patología que ellos tienen, tienen una expectativa irreal: “Esto en cinco minutos se opera y en cuatro días estoy jugando al golf”. Si además tienen un glaucoma o degeneración macular, tras salir de la operación de cataratas no ven como su vecino y ven cómo tardan semanas en recuperarse, a veces no entienden eso. Eso un problema de la banalización que hemos hecho nosotros de nuestro propio acto.

Ayer, me reía con un paciente sobre el tema de los anuncios. Él era ciclista profesional y yo le decía: "Esto es como cuando era joven y veía a Induráin, cojo yo la bici y es lo mismo". O a Fernando Alonso o a Carlos Sáinz. "Déjame el Ferrari, pero ni lo arrancas porque se te cala según te sientas.

Julián García-Feijóo, con su bata de quirófano.

Julián García-Feijóo, con su bata de quirófano. Esteban Palazuelos

Sí es verdad que la Oftalmología es una especialidad muy técnica, la tecnología es muy segura y reproducible, pero, al final, para ser capaz de trabajar en un espacio de dos o tres milímetros con movimientos muy delicados, necesitas una capacidad técnica muy alta, y es una cirugía que no está exenta de complicaciones.

Una catarata, si hay una complicación de las que están descritas en el consentimiento, cuando aparece, el paciente no lo entiende, o a lo mejor no lo entiende su familia. ¿Cómo es posible que, con una ‘simple’ catarata, hayamos terminado en un trasplante de córnea o un glaucoma? No lo aceptan muy bien.

- Hay un miedo 'atávico' en las intervenciones para la reducción de la miopía, esa leyenda urbana de que te quedas ciego años después.

- La refractiva tiene una doble cara. Para los pacientes motivados y en los que la cirugía va bien, están muy contentos y el cambio en la calidad de vida –dejar de portar gafas o lentillas– es muy grande. Pero también es cierto que tiene complicaciones. A veces, por un tema comercial promovido en parte por alguno de nosotros, se banaliza también la cirugía. La probabilidad de complicaciones es muy baja, pero la tolerancia a las complicaciones es muy diferente: Si yo me operara para quitarme las gafas, estoy viendo al 100% pero quiero quitármelas, y esa es la expectativa. Si hay alguna complicación de las que son esperables, es muy complicado. No es una cirugía estética, pero intentamos ofrecer al paciente una mejor calidad de vida y eliminar la dependencia de gafas. Y eso tiene un doble filo muy peligroso, que, al banalizarlo a veces u olvidar hablar de las complicaciones o de los problemas que cualquier otra cirugía podría tener, se transmite una cierta sensación de seguridad, y de vez en cuando hay complicaciones. Y eso vale para la cirugía refractiva, para la cirugía con lentes multifocales, etc.

- Volviendo al tema de las cataratas, ha habido investigaciones recientes para tratarla con fármaco. ¿Esto puede ser la próxima revolución de la Oftalmología?

- Nos gustaría que fuera, pero no lo veo tan claro. Esos trabajos, que comenzaron a salir justo antes de la Covid, son todavía muy básicos. Sí que sería bueno lograr disminuir, paliar o enlentecer el envejecimiento del cristalino. Ahora están muy de moda las terapias antienvejecimiento. Pues bien, uno de los problemas que trae el envejecimiento son las cataratas y si se consiguiera algo, que ahora lo mismo no lo hay ni lo habrá en los próximos cinco o diez años, sería un impacto social. Si no hubiera que operar a todo el mundo de cataratas, la cirugía más frecuente en España, podríamos dedicar esos recursos para mil cosas, pero todavía estamos lejos de eso.

- La palabra glaucoma, ¿le suena al paciente como una sentencia de perder la vista?

- No. A ver, el problema es la información. Aunque parezca mentira, aún siendo la principal causa de ceguera irreversible en España, sigue siendo chocante que un número significativo de pacientes, cuando le diagnosticas de glaucoma o le dices que tiene la presión alta, no sabe de lo que estamos hablando.

Probablemente, a diferencia de los oncólogos y lo cardiólogos, que difunden sus mensajes con mucha facilidad y llegan más a la población, nosotros nos quedamos en la parte más anecdótica, que es la cirugía refractiva, o lo más frecuente, como la catarata, y, sin embargo, el glaucoma, la degeneración macular… No está presente en los medios de comunicación en absoluto.

- El paciente no lo ve como un aviso sino como algo casi intrascendente.

- O, simplemente, que no tiene conocimiento, que hay que explicarle. Hay pacientes que saben, a lo mejor por un familiar o un vecino que se quedó ciego, y sí que tienen esa angustia. Es cierto que el diagnóstico de glaucoma, de por sí, aunque sea en sus fases iniciales, cambia mucho la calidad de vida del que sí lo entiende. Por ejemplo: "No estoy ciego pero no puedo conducir", "tengo dificultad para salir a la calle a hacer compras". Una discapacidad visual importante que nos limite la vida normal tiene una repercusión muy importante.

- Muchas empresas comercializan filtros para las pantallas azules, pero no está claro su beneficio. ¿La exposición a la luz azul genera algún tipo de daño ocular?

- Hay un pronunciamiento de la Sociedad Española de Oftalmología: es un tema comercial. Hay algún estudio que sí que podría demostrar eso pero están muy criticados y son modelos experimentales. No hay ninguna evidencia de que la exposición a la luz azul genere problemas. Hay gente que está ganando mucho dinero con esto.

Esto es independiente de que trabajar delante de una pantalla durante muchas horas produce eventos adversos porque reduce el parpadeo, etc. El que juega a los videojuegos acaba con los ojos rojos pero no es porque la pantalla lance rayos malignos sino, simplemente, porque se disminuye el parpadeo y el ojo se reseca. Más, con el aire acondicionado. El globo ocular se reseca y da sintomatología por ese motivo. Cuando más concentrado está uno, menos parpadea y más problemas de ese tipo puede tener.

Otra cosa es la ergonomía del trabajo: si uno tiene mucho brillo, es incómodo, etc. Esos son otros problemas. Quitar un poco de brillo a la pantalla hace que estemos más descansados, pero es una cuestión de ergonomía, como el estar en una posición mala hacer tener una contractura. Pero no es que la mácula vaya a sufrir una enfermedad grave si no usamos filtros.

- O sea, que las empresas que se dedican a comercializar este tipo de filtros, básicamente, están engañando.

- Ponlo de una manera suave, pero es un tema comercial. Están empleando una evidencia científica limitada a estudios experimentales que no se pueden trasladar al hombre, para comercializar algo.

Yo no quiero decir que no se puedan vender. Es como el que usa gafas de sol. Pero el enganche comercial que se usa no está justificado científicamente. Yo no digo que no puedas vender gafas de sol o filtros, pero hay que venderlos como cuando vendes tu coche: diciendo la verdad.

- El 'modo lectura' de los smartphones es algo similar, entonces.

 - Sí, es un tema de cansancio. Hay gente que le gusta tener más brillo, como los miopes, que necesitamos más contraste para ver mejor. El ‘modo lectura’ cambia el brillo del móvil o le pone un fondo amarillo en lugar de blanco porque es más descansado, es un tema de comodidad y de ergonomía visual. No es que, si no utilizo el filtro, me dan unos rayos en la retina y produce degeneración macular.

- A todo el mundo nos cuesta descansar la vista, como recomiendan los oftalmólogos, cuando estamos concentrados ante la pantalla de un smartphone, se nos olvida. ¿Usted sigue el consejo o, como a todos, se le olvida hacerlo?

- [Risas] El uso del móvil tiene muchas cosas. A quien lo usa por la noche le cambia un poquito el ritmo circadiano, está como muy excitado, etc. Ahora, claro que me pasa lo mismo, como a todos, lo que recomendamos a los pacientes –alejarse del ordenador, mirar un objeto lejano, parpadear– no lo cumplimos, pero no deja de ser cierto que hacer descansos, cambiar un poco la visión de cerca por la lejana, en las personas que tienen ojo seco, en el centro de España, durante el verano o si se utiliza mucho el aire acondicionado, utilizar una lágrima artificial sin conservantes y acordarse de para y relajarse… Son consejos que deberíamos seguir todos. Pero es como el consejo de los traumatólogos, que hay que sentarse bien en la silla, que luego se nos pasa cumplirlo.

- Su padre, Julián García Sánchez, es uno de los grandes oftalmólogos españoles. Usted, tras 14 años al frente del servicio de Oftalmología del Hospital Clínico San Carlos, ¿todavía siente el peso de su apellido?

- Eso es algo que todos los que somos hijos de alguien importante (en la medicina, en la ingeniería, en el deporte…) llevamos ese peso. A lo largo de los años, ese peso va cambiando. La responsabilidad inicial de un servicio que funcionaba muy bien, referente en España… Se partía de un nivel muy alto.

Parte de lo que uno tiene que hacer en la vida es asumir y el reto y no nos ha ido mal [sonríe]. Los investigadores de investigación, clínicos, etc. han ido mejorando. Evidentemente, la situación no es la misma en los 90 que en 2020, pero creo que son retos personales, que están ahí y no siempre es fácil salir airoso. Yo no puedo juzgar y no me puedo comparar, pero creo que me ha ido bien.

Ojo humano.

Ojo humano. iStock

**Cada ojo humano tiene unos 105 millones de fotorreceptores, que son las células (hay de tres tipos) responsables de convertir la luz en una imagen que llega al cerebro. Hasta un tercio de la corteza cerebral se encarga de la visión, interpretando la información que proviene del nervio óptico. Sin embargo, esta sólo supone el 10% de la imagen que ‘vemos’; el cerebro interpreta el resto, dotándola de sentido. Cada día parpadeamos unas 14.000 veces y producimos hasta 300 gramos de lágrimas.