La hidroxicloroquina es probablemente el medicamento del que más se ha hablado desde que comenzó la pandemia del Covid-19, aunque actualmente ningún ensayo clínico ha demostrado su eficacia para el tratamiento de pacientes con esta enfermedad. Tampoco la cloroquina (una versión antigua de la hidroxicloroquina) que ha caído en desuso en Europa y Estados Unidos por haber demostrado que aumenta el riesgo de desarrollar problemas cardiovasculares a largo plazo. Mientras, Brasil recomienda su utilización en la fase inicial de la enfermedad. Tanto es así que el presidente Jair Bolsonaro, tras anunciar este martes que es positivo, ha dicho que se trata con cloroquina. 

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Elena Gómez-Díaz, investigadora contratada Ramón y Cajal en el Instituto de Parasitología y Biomedicina López-Neyra (CSIC) y ganadora en 2017 de una Beca Leonardo de la Fundación BBVA, explicó a EL ESPAÑOL en una entrevista el pasado marzo las particularidades y diferencias de estas dos medicamentos que conoce en profundidad por sus trabajos sobre la trasmisión del parásito del paludismo.

¿Cuál es la diferencia entre la hidroxicloroquina, que ya se está utilizando en España, y la cloroquina?

La cloroquina es el antipalúdico original. Pero tiene algunos efectos tóxicos, por lo que con el tiempo se desarrolló un derivado, la hidroxicloroquina, que parece que es más segura y tiene su mismo efecto. Se usa clínicamente contra la malaria, contra enfermedades autoinmunes como el lupus, o la artritis reumatoide

¿Por qué se sigue usando entonces la cloroquina? ¿Está recomendado su uso en algún caso?

Como decía, lo que más se usa hoy en día es la hidroxicloroquina. Incluso contra la malaria. Es como una versión más moderna del mismo compuesto. También en el contexto de la enfermedad del COVID-19, la hidroxicloroquina es la que se está testando en los hospitales y los ensayos médicos.

Ha habido confusiones cuando se han empezado a difundir estos términos, incluso un caso de intoxicación fatal en EEUU.

Lo que ocurrió en ese caso en Arizona es que una pareja se confundió con el sulfato de cloroquina, una sustancia que se usa para las piscinas y los acuarios. Y se lo tomaron directamente. Desde un punto de vista médico, lo que se prescribe es únicamente la hidroxicloroquina.

¿La cloroquina, por tanto, no va a usarse en España ni como 'último recurso', algo que insinuaba Donald Trump en EEUU?  

Es importante que quede esto claro: la hidroxicloroquina, en las dosis adecuada, y para las patologías prescritas, es segura. Y está aprobada tanto por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) como por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por eso se realizan los ensayos clínicos directamente sobre los pacientes: cualquier fármaco debe pasar primero por pruebas de laboratorio y en animales para testarse en personas, pero como este está aprobado, se pasa directamente a la fase clínica. Hemos ahorrado tiempo. Pero aún no conocemos su eficacia, y por eso no podemos recomendar su uso a la población. 

Entiendo.

Ahora bien: eso es desde el punto de vista científico. Pero en casos excepcionales, como los que estamos viviendo ahora, y si un paciente está en un estado muy terminal, es posible que los médicos, bajo seguimiento y control estricto en los hospitales, le administren un antipalúdico como es la hidroxicloroquina si no está funcionando nada más. Es lo que se llama un "uso compasivo" de la medicación. Pero queda únicamente bajo el criterio de los médicos que llevan la situación. La gente tiene que tener muy claro esto.

¿Cómo puede combatir una medicación diseñada para un microorganismo parásito al coronavirus, un agente infeccioso completamente diferente?

El medicamento es el mismo, pero la acción es distinta. El Plasmodium, el parásito que causa la malaria, necesita aminoácidos para sobrevivir, y los saca de la hemoglobina de los glóbulos rojos a los que infecta. Al metabolizar la hemoglobina, genera un compuesto tóxico para sí mismo, por lo que tiene que degradarlo. Pero la hidroxicloroquina impide que lo elimine, por lo que el Plasmodium se mata él solo.

En el caso de los coronavirus, como éste pero también el SARS y el MERS, lo que parece hacer es modificar el contenido de azúcares de las proteínas de nuestras células que actúan como receptores para el virus. La hidroxicloroquina hace que se reconozcan peor e impide la entrada. También parece que baja el pH en el citosol, el líquido en el interior de la célula. El virus, al entrar, forma una vesícula que debe deshacerse para que pueda fusionarse y producir la infección, pero si el pH es inadecuado, esta vesícula no consigue romperse. 

De esa manera, el virus tiene mayores dificultades para seguir reproduciéndose y la infección se atenúa.

Claro. Dificultas al virus el infectar a las células.

Y hay una acción adicional de la hidroxicloroquina, que es la de reforzar el sistema inmune.

Correcto, esa la función inmunomodeladora asociada al tratamiento del lupus o la artritis reumatoide. Activa las cascadas de citoquinas que aumentan la eficacia del sistema inmune. Eso sería otro modo de acción contra el virus.

Otro uso interesante de la hidroxicloroquina es suministrársela no ya al enfermo sino a sus contactos para dificultar el contagio, como están haciendo en el ensayo catalán.

Sí, es lo que propone el epidemiólogo Oriol Mitjá. Está relacionado con lo que he explicado antes. Si una persona tiene partículas virales en su organismo, con la hidroxicloroquina evitaríamos que el virus infecte a sus células antes de que desarrolle la enfermedad. Se para, digamos, la progresión.

¿Atenuar la infección en un paciente grave al tiempo que se estimula su respuesta inmune le daría, teóricamente, más posibilidades de sobrevivir al COVID-19?

La respuesta a esa pregunta es: Sí y no. Sí, si especulamos en base a los resultados de los ensayos in vitro en laboratorio y la respuesta a otras enfermedades. Pero no creo que sea ése el mensaje que hay que dar. Si es efectivo contra el COVID, eso es lo que averiguarán los ensayos clínicos que se están llevando a cabo. El problema del uso compasivo es que vamos un poco a ciegas. Es solo para casos excepcionales, cuando no hay nada más, el tipo de aproximación que se usa en tiempos de guerra. La OMS está coordinado ensayos en todo el mundo, y pronto sabremos si esa es la mejor combinación para usar en clínica o no.