Salud Psicología

Las secuelas psicológicas de por vida de una 'agresión sexual' como la de La Manada

La intervención psiquiátrica y psicológica resulta imprescindible para superar un episodio de este tipo, que provoca un daño irreparable.

Nueve años de cárcel por un delito de abusos sexuales. Ésa es la condena que la Audiencia de Navarra ha dictado para los cinco miembros de La Manada que agredieron sexualmente a una joven de 18 años durante los Sanfermines de 2016 y cuya sentencia se ha conocido este mismo jueves. El infierno al que fue sometida la víctima podría alargarse en el tiempo y dejar graves secuelas psicológicas.

"Este tipo de episodios tan graves se engloban dentro de lo que se conocen como cuadros de estrés postraumático o estrés agudo", explica el psiquiatra Luis Gutiérrez. Según el especialista, los abusos o agresiones sexuales son delitos violentos altamente estresantes que la víctima vive con un gran miedo y que provocan sensaciones de impotencia, desesperanza e incapacidad. Toda una serie de alteraciones que perturban tanto la conciencia como el afecto o la autopercepción.

Los síntomas asociados a una agresión sexual se encuentran dentro del espectro ansioso-depresivo y suele provocar desde ataques de ansiedad hasta diferentes tipos de somatizaciones como taquicardias, vértigos o mareos de forma habitual. "El cuerpo reacciona de una forma ansiógena ante esta circunstancia y se producen sentimientos de minusvalía, desesperanza o tristeza", comenta Gutiérrez. "Se trata de un golpe fuerte en la autoestima de la persona que suele desembocar en depresión", añade.

Tal y como apunta el especialista, entre los sentimientos recurrentes que aparecen en la esfera emocional y que experimenta la víctima fruto del tremendo impacto psíquico al que se la somete se encuentran también la inseguridad y la culpa. "La persona se siente culpable porque piensa que podría haberlo evitado, que no debería estar en determinado sitio o hacer determinadas cosas, y lo rememora de forma culposa", asegura Gutiérrez.

A esta afectación emocional suelen unirse problemas relacionados con la sexualidad. "Las víctimas tienen dificultades para ver las relaciones sexuales como algo positivo o placentero dentro del contexto de una historia afectiva de amor y se suele desarrollar cierta aversión al sexo". Es lo que en psiquiatría se conoce como alteraciones en la regulación del afecto.

Así, para evitar que las graves secuelas que deja este tipo de maltrato perduren en el tiempo resulta imprescindible realizar un tratamiento tanto psiquiátrico como psicológico. "Por lo general, si en la víctima aparece un cuadro ansioso-depresivo, se necesitan antidepresivos para mejorar la sintomatología y luego habría que hacer un buen abordaje cognitivo-conductual desde el punto de vista psicoterapéutico, desmontando posibles sentimientos de culpa, determinadas situaciones cognitivas o conductas fóbicas como 'nunca vuelvo a salir a la calle' o 'nunca vuelvo a salir de marcha'", explica Gutiérrez.

Según este especialista, las personas que sufren una agresión sexual con una edad más avanzada tienen un mejor pronóstico. "Cuando el abuso se produce en una edad infantil o juvenil, es mucho más frecuente que se quede cronificado". El hecho de que un episodio de este tipo se vuelva mediático también juega en contra de la víctima ya que, según Gutiérrez, "la víctima podría quedar estigmatizada desde el punto de vista social" si se conociese su identidad.