Imagen del testamento del donante anónimo.

Imagen del testamento del donante anónimo. Javier Muñoz Fundación CNIC

Salud Solidaridad

El ejemplo del madrileño que dona en vida su fortuna para estudiar el corazón

Un hombre sin herederos legales lega sus bienes al centro líder en investigación básica cardiovascular, el CNIC, en un gesto insólito en España. 

Ainhoa Iriberri

Cuando a Israel -nombre ficticio- le faltaron sus padres, hace aproximadamente cuatro años, empezó a pensar qué sería de sus bienes cuando él muriera. Lejos de ser millonario, este madrileño posee, no obstante, un piso -"que se me queda grande a mí solo", afirma- en un buen barrio de la capital y el porcentaje de otro que recibió en su herencia paterna. También, "unos ahorros" que, calcula, le darían para "vivir unos años" sin trabajar. Pero Israel es una persona en activo al que, como mucho, le quedan cuatro años para jubilarse. 

No recuerda un momento ¡Eureka! en el que le surgiera la idea de nombrar heredero universal a la Fundación Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC); de hecho, Israel pasó varios años -el testamento lo firmó hace apenas unos meses- decidiendo quién recibiría su legado. "Tenía pensado que fuera útil, a algún centro que se dedicara a mejorar alguna enfermedad con la investigación", comenta. Pero, ¿cómo elegirlo? La respuesta la tiene el buscador que resuelve millones de dudas a diario: Google. "Es como se buscan las cosas ahora", bromea. 

El corazón y sus enfermedades no eran, desgraciadamente, algo ajeno para él. Aunque no especifica quién, reconoce que en su familia ha habido problemas de este tipo, desde insuficiencia cardiaca a ictus. No es su caso, asegura, aunque bromea con que ha tenido algún episodio de arritmias reciente. 

Al teclear sus opciones en la Red, le surgieron varias opciones, pero el CNIC le convenció, generó más interés que otras entidades también dedicadas a la investigación cardiovascular. Aunque no conocía el centro a fondo, por su trabajo le sonaba. Aún así, le costó decidirse. El llamado legado solidario, una iniciativa que varias ONGs han popularizado últimamente- también llegó a sus oídos, pero él prefería algo más concreto. 

Una vez tomada la decisión, Israel acudió a un notario. "Lo primero que quería saber es si tenía herederos legales [se le confirmó que no], yo de estas cosas no tengo ni idea", cuenta delante del gerente del centro, Alberto Sanz y de su director de Recursos Humanos, Antonio Ureña. Y de repente, le surge una duda: "¿Cómo os enterareis de cuando yo fallezca?", les pregunta. "Esperamos estar jubilados, como mínimo", le responden, aunque eso no será problema. El CNIC conserva una copia del testamento de Israel y éste consta en el registro de últimas voluntades. 

Fragmento del testamento de 'Israel'.

Fragmento del testamento de 'Israel'. Cedida

Ellos son los únicos -más allá de los impersonales bancos- que conocen la identidad real de Israel, que no ha querido comentar su decisión con nadie. Por una parte, explica, porque hacerlo público "desvirtuaría" su gesto. Por otra, para evitar que surjan sugerencias -más o menos interesadas- de otras personas. 

El benefactor nombró al CNIC heredero universal antes de visitarlo. De hecho, lo hizo antes de comunicar su decisión al centro. El mismo Google que le llevó al centro que dirige el conocido cardiólogo Valentín Fuster, a quién confiesa que le hace ilusión conocer, le mostró en su pantalla su teléfono fijo. 

Una llamada inesperada

El CNIC es un centro acostumbrado a las donaciones. Parte de su actividad es financiada por la Fundación ProCNIC, compuesta por algunas de las entidades más importantes del país -desde la Fundación Mutua Madrileña al Santander-, que destinan miles de euros anuales a la investigación cardiovascular. Pero lo que ya no es tan frecuente son las donaciones particulares y lo que nunca había ocurrido, al menos hasta ahora, era que alguien lo nombrara heredero universal. 

Así, no es extraño suponer que la llamada que recibió hace unos meses la recepcionista del centro fue de las más inesperadas y sorprendentes de su carrera profesional. La derivó a la secretaria de Valentín Fuster que, a su vez, hizo lo propio a Ureña. "Yo no tomo decisiones aquí, así que le consulté al gerente". Por supuesto -previo paso por el órgano de gobierno del centro-, no hubo ningún problema. "Fue una sorpresa, nunca habíamos recibido una llamada de este tipo", reconoce Ureña. 

"Valoramos el aspecto humano de la situación, por muy acostumbrados que estemos a recibir dinero de entidades", relata por su parte Sanz. 

Una vez recibida la copia del testamento, qué menos que enseñarle a Israel dónde se gastaría el dinero de su herencia. Al donante se le iluminan los ojos. Lo que vio no le defraudó en absoluto e incluso le reafirmó en su decisión. "Me gustó mucho la gente joven que había, el ambiente, la manera de trabajar; me encantaron unos tarros que tenían de corazones de animales en formol", relata y, como muestra de su entusiasmo, muestra un recorte de prensa en el que se habla de la actividad formativa del centro con chavales jóvenes. "Sólo escogemos a estudiantes de 10", aprovecha para presumir Ureña. Lo pide el ambiente. 

Israel termina la charla reflexionando sobre lo que pretende al hacer pública su historia- aunque no su identidad-. "Obviamente la gente que no está en mi situación [hace referencia a quienes tienen herederos legítimos] no se lo puede permitir, pero quién pueda quizás podría plantearse donar a este tipo de entidades. No me importaría fomentar esto y servir de ejemplo", explica. 

También sueña en voz alta con lo que le gustaría que se hiciera con su dinero: "Que la gente que necesitara un trasplante no dependiera de encontrar un corazón nuevo". Tres plantas por debajo de donde transcurre la entrevista, en el Laboratorio de regeneración tisular, ya lo están intentando.