Qué malas son las resacas

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Las resacas no son peores con la edad: adiós al mito más extendido

La moderación aprendida por lo excesos de juventud hace que bebamos menos según pasan los años. 

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Si hay algo de lo que nadie se libra después de una noche de exceso de alcohol es la correspondiente resaca del día siguiente. Los productos tóxicos que acompañan al etanol en las bebidas, así como los compuestos que se liberan de su metabolismo, provocan efectos nocivos en el cuerpo humano, como inflamación de los tejidos y deshidratación. De ahí el malestar generalizado y los terribles dolores de cabeza que acompañan a la velada posterior a la celebración.

Aunque los síntomas son reales, la idea de que estos empeoran a medida que envejecemos podría ser sólo una creencia popular con poco fundamento científico. Esto es lo que sugiere un reciente estudio publicado en Alcoholism: Clinical & Experimental Research, cuyos resultados apuntan justamente al efecto contrario: "Hemos encontrado que la tendencia a tener resaca disminuye con la edad", resume Janne Tolstrup, coautora del trabajo e investigadora en la Universidad del Sur de Dinamarca y el Instituto Nacional de Salud Pública danés.

En realidad, lo que ocurre es que las resacas son cosa de jóvenes. Según los resultados obtenidos por Tostrup y sus colegas, las personas de 20 años son hasta siete veces más proclives a tener resaca después de una ingesta desmesurada de alcohol que los sexagenarios.

Otro de los firmantes del estudio es Richard Stephens, un psicólogo de la Universidad de Keele (Reino Unido) cuyo equipo lleva años dedicado a derribar este tipo de mitos que rodean a las desagradables consecuencias de las borracheras. "La idea de que sufrimos peores resacas a medida que envejecemos está muy extendida, pero no hay evidencias que la apoyen", explicaba el experto a medios estadounidenses.

Un fenómeno poco estudiado

"Aunque hay decenas de miles de estudios sobre los efectos más directos del alcohol, se han publicado menos de 200 papers sobre la resaca", explica Tostrup. Y, para subrayar la importancia de su estudio, añade: "Hasta la fecha la mayoría de estos trabajos se han centrado casi exclusivamente en adultos jóvenes, ninguna investigación previa había incluido a personas mayores de 30 años".

En esta ocasión, los expertos partieron de la información recogida en 2007 y 2008 por la Encuesta de Examen Médico Danesa. El test se hace online e incluye preguntas para evaluar el estado de salud y estilo de vida de los participantes, como cuestiones relativas a la dieta, tabaquismo, consumo de alcohol y actividad física. Han analizado los datos provistos por más de 50.000 personas (todos habitantes de Dinamarca) de edad comprendida entre 18 y 94 que completaron la prueba. De ellas, 30.000 eran mayores de 40 años.

Los resultados revelan que las resacas "afectan predominantemente a los jóvenes", advierte Stephens. "Los menores de 20 años tienen más probabilidad de sufrir los síntomas de la ingesta incontrolada de alcohol que los bebedores más experimentados", continúa.

La primera explicación que barajaron fue que sus resultados se debieran a que las personas presenten distintos patrones de consumo de alcohol según su edad. Sin embargo, "incluso haciendo que estas diferencias contaran lo más posible, no se equiparaban con las variaciones en la tendencia a padecer resaca", señala Tolstrup. En otras palabras: aunque es cierto que los adultos más mayores se emborrachaban menos que los más jóvenes, "no detectamos en nuestros datos que los resultados estuvieran determinados por las diferencias en de la cantidad que solían ingerir personas de distintas edades", dice la investigadora.

Además, aunque existe una relación probada entre el volumen de alcohol consumido y la probabilidad de tener resaca, "los detalles de esta concordancia se mantienen relativamente inexplorados", señala Jonathan Howland, profesor de la Facultad de Medicina de Boston y el tercer coautor del trabajo. "Un individuo que consuma cierta cantidad de bebidas espirituosas puede experimentar resaca en algunas ocasiones y en otras no".

Experiencia y sabiduría

En este caso, los investigadores tuvieron en cuenta sólo la frecuencia de los episodios de exceso de alcohol, no su intensidad. Según señalan, probablemente los jóvenes consuman mayor volumen de una vez –en otras palabras, se emborrachen más– que los adultos de más edad, "aunque la ingesta media de la semana sea parecida", dice Stephens. Este es uno de los posibles factores que justifican los resultados del trabajo.

Así, el británico apunta a la moderación como el principal motivo que explicaría por qué sufrimos menos resacas con el paso de los años: la experiencia nos enseña a medir el consumo. Los mayores "saben lo que les produce resaca, así que han aprendido a beber controladamente", indica Stephen.

Estudios como este no sólo sirven para saciar la curiosidad científica. Por una parte, "se pierden millones de euros al año debido al absentismo laboral causado por las resacas", advierte Tolstrup. Por otra, existen evidencias de que los desagradables síntomas, "lejos de suponer un freno natural al consumo desmesurado de alcohol, son una puerta de entrada al alcoholismo", explica la investigadora.

La danesa y sus colaboradores advierten también de las consecuencias nocivas que las grandes ingestas de alcohol tienen en el organismo, en especial en el de los más jóvenes. Aunque en pequeñas o moderadas cantidades el consumo de ciertas bebidas puede resultar incluso beneficioso para el sistema cardiovascular, las borracheras producen el efecto contrario.

Al final, la mesura es el único factor que podemos controlar para no pasar varios días convalecientes después de una buena juerga.