Un hombre corre descalzo durante la maratón de Nueva York de 2015.

Un hombre corre descalzo durante la maratón de Nueva York de 2015. Jewej Samad Getty

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Si empiezas a correr, no lo hagas descalzo

Existen estudios contradictorios sobre la moda de correr sin zapatillas o con calzado minimalista, pero hay pocas evidencias sobre sus beneficios.

José Pichel

El atleta etíope Abebe Bikila se hizo famoso al ganar la maratón de los Juegos Olímpicos de Roma 1960 y establecer un récord mundial corriendo descalzo. Cuatro años más tarde volvería a ganar el oro olímpico en Tokio, pero esta vez lo consiguió con zapatillas, mejorando su tiempo en más de tres minutos para establecer una nueva plusmarca.

Aquellos años fueron la antesala de la gran revolución en el calzado deportivo que estalló en la década de los 70, con nuevos materiales e ideas como la cámara de aire. Desde entonces los fabricantes acumulan 40 años de innovaciones industriales y tecnológicas que buscan aumentar la comodidad y reducir las lesiones en todos los deportes, y en particular a la hora de correr gracias al boom del running en los últimos años.

Sin embargo, en 2009 el libro Born to run (Nacidos para correr, en su edición en castellano), del estadounidense Chris McDougall, inició un movimiento que cuestiona que el calzado moderno nos esté beneficiando. El autor pone el ejemplo de los indios tarahumaras de México, que corren grandes distancias casi descalzos, con unas finas sandalias, y defiende hacer deporte de una forma más natural. A partir del éxito de esta obra, millones de corredores se suman cada año al barefoot, la moda de correr descalzo o con calzado minimalista, como las zapatillas con dedos que garantizan un máximo contacto con el suelo. Sus defensores creen que es una manera de fortalecer los músculos y evitar lesiones, pero, ¿hay evidencias de que esto es así?

"El hombre prehistórico corría descalzo, pero lo hacía con un motivo, cazar o huir de depredadores, momentos puntuales que nada tienen que ver con correr por correr de forma continuada y a diario, como hacemos en la actualidad", afirma Ángel González de la Rubia, presidente de la Asociación Española de Podología Deportiva (AEPODE), en declaraciones a EL ESPAÑOL.

"Nuestra sociedad incorpora calzado desde que nacemos, con lo cual el aparato locomotor ha perdido la fortaleza que tenía nuestro pie ancestral" y esto quiere decir que hoy en día "nuestro pie no está capacitado para correr descalzo". Sin embargo, eso no significa que no pueda estarlo con una adaptación paulatina, que podría llevar "entre uno y cinco años", advierte.

No apto para novatos

En su opinión, lo que sí debería descartar cualquier novato es debutar en el running corriendo descalzo o con calzado minimalista. Con más experiencia, "hay corredores de alto nivel que optan por combinar las dos modalidades, introduciendo el minimalismo uno o dos días por semana para potenciar su sistema músculo esquelético".

En opinión del presidente de AEPODE, no tiene mucho sentido generalizar ni dar consejos radicales a favor o en contra de esta práctica. "No todos somos iguales, tengo pacientes que corren kilómetros descalzos en terreno montañoso, pero hay personas que pueden hacerlo y otras que no", asegura.

La clave está en que el barefoot implica un cambio de técnica, especialmente, porque lleva al corredor a apoyarse con la parte delantera del pie en lugar de hacerlo con el talón, lo que a su vez supone introducir otros cambios significativos, como dar pasos más cortos.

Entre las zapatillas tradicionales y esta nueva modalidad existen opciones intermedias marcadas por el drop, la diferencia de altura entre el talón y la puntera. Las marcas no sólo se han apuntado a la nueva moda, sacando al mercado modelos ultrafinos, sino que disponen ya de una amplia gama que puede variar desde los 4 milímetros de drop hasta los 12, que era lo más habitual.

Estudios contradictorios

En cualquier caso, la gran pregunta es si entre correr descalzo y con zapatillas normales existe alguna diferencia importante para la salud. El debate comenzó con el libro de McDougall, que se apoyaba en las investigaciones de Daniel Lieberman, de la Universidad de Harvard, según las cuales, los zapatos debilitan los músculos del pie y correr descalzo tiene un efecto muy positivo. Sin embargo, un estudio publicado recientemente por la Universidad de Queensland (Australia) dice exactamente lo contrario: usar calzado implica un mayor desarrollo de ciertos músculos del pie necesarios para mantener la estabilidad interactuando los zapatos.

Un paseo por la playa en Myanmar.

Un paseo por la playa en Myanmar. EyesWideOpen Getty

¿Quién tiene razón? Para discernirlo habría que tener en cuenta factores como los que señala un artículo de la revista de divulgación científica Scientific American, que hace pocos días denunciaba que algunas de las investigaciones de Lieberman están apoyadas por fabricantes de zapatillas minimalistas, como Vibram, uno de los principales.

¿Más o menos lesiones?

Por otra parte, fortalecer los músculos del pie no significa tener un menor riesgo de lesiones y en esta cuestión está otro de los focos del debate, muy poco claro hasta ahora. El problema es que en este asunto también hay estudios dispares y, en general, "poco serios", apunta Ángel González de la Rubia, puesto que suelen incluir un escaso número de sujetos.

Para tratar de aclarar el asunto, Karsten Hollander y su equipo de la Universidad de Hamburgo (Alemania) acaban de publicar un artículo basado en la revisión sistemática de muchas otras investigaciones, que agrupan en total a más de 8.000 personas. Su conclusión es que no existen evidencias de que desplazarse sin calzado sea beneficioso para el rendimiento motor a largo plazo y que el índice de lesiones es muy similar al de los corredores que usan zapatillas tradicionales.

Sin embargo, los daños suelen ser distintos. "Además de los problemas obvios, como ampollas, cortes y moratones, parece haber un patrón de lesiones diferente en los corredores descalzos", comenta este experto. Mientras que los que usan calzado sufren fascitis plantar –inflamación en la base del talón- y problemas de rodilla, cadera y espalda; quienes practican barefoot son más propensos a lesiones en el tendón de Aquiles y otros tendones del pie. Además, también se producen "fracturas por estrés de los corredores que se encuentran en la transición del calzado acolchado a ir descalzos o con calzado minimalista, probablemente, por hacerlo demasiado rápido".

No obstante, en su opinión no hay pruebas acerca de los efectos protectores del calzado a largo plazo, mientras que desplazarse sin zapatillas fortalece el pie y en ocasiones es recomendable como terapia para algunas patologías, como el pie plano.

En cualquier caso, "todavía no sabemos si ir descalzo es beneficioso a largo plazo, necesitamos realizar más estudios prospectivos bien planificados". Por eso, en cooperación con la Universidad de Stellenbosch, este equipo de investigación alemán está realizando actualmente un amplio estudio sobre los niños que habitualmente caminan y corren descalzos en Sudáfrica. "Queremos comparar a los niños sudafricanos con los de Alemania para estudiar el desarrollo de sus pies y su rendimiento motor", explica Hollander.