La historia de los antibióticos es una historia de éxitos gracias a su contribución en salvar vidas. La penicilina, descubierta en 1897 por el francés Ernest Duchesne, es sin duda uno de los grandes descubrimientos en el campo de la medicina. Aunque al principio recibió poca atención por parte de científicos y autoridades, a lo largo del siglo XX los antibióticos fueron ganando una popularidad creciente.

Los antibióticos farmacéuticos se utilizan para tratar diversas infecciones bacterianas como faringitis estreptocócica, intoxicación alimentaria por E-coli y Salmonella, neumonía, apendicitis aguda, enfermedad de Lyme o listeria, entre muchas otras. También son fundamentales para prevenir infecciones tras realizar operaciones o trasplantes. Con esto, no queda duda de lo importantes que son para defender el organismo humano del ataque de agentes externos.

Hoy, nadie duda de sus beneficios y ventajas. Pero existe un uso excesivo, como alertan las autoridades sanitarias, que puede dar lugar a importantes problemas al generar el incremento de la resistencia bacteriana. En el caso de España, se estima que cada año unas 3.000 personas mueren como consecuencia de infecciones hospitalarias causadas por bacterias resistentes. Unas cifras que han tenido como respuesta, la elaboración del Plan Nacional Resistencia Antibióticos.

Más allá de estos productos, podemos encontrar algunos alimentos que poseen propiedades antibióticas naturales, por lo que consumirlos no sólo servirá para nutrirnos, sino que también fortalecerán su capacidad de defensa. Eso sí, hay que tener en cuenta que su consumo nunca debe sustituir la prescripción médica de antibióticos. Veamos cuáles son estos alimentos.

Ajo

Las culturas de todo el mundo han reconocido durante mucho tiempo al ajo por sus virtudes saludables. Incluso existen registros en lengua sánscrita en los que se habla de sus propiedades. A lo largo de la historia, se le ha considerado un remedio confiable para epidemias como cólera y tuberculosis.

Incluso en épocas más recientes se le llegó a conocer como “la penicilina rusa” por su capacidad para luchar contra hongos y bacterias. En la Primera Guerra Mundial fue usado como antiséptico para limpiar y curar, y para tratar la diarrea causada por las malas condiciones sanitarias en las trincheras.

Las investigaciones han encontrado que el ajo puede ser un tratamiento efectivo contra muchas formas de bacterias, incluyendo Salmonella y E. coli. Incluso se ha considerado el uso del ajo contra la tuberculosis multirresistente.

Miel

Desde la época de la Grecia antigua, la miel se ha utilizado como un ungüento que ayuda a curar las heridas y previene o elimina infecciones. Hoy, sabemos que es muy útil en el tratamiento de heridas crónicas, quemaduras, úlceras, escaras e injertos de piel. Por ejemplo, los resultados de este estudio de 2016 demostraron que los apósitos de miel pueden ayudar a curar heridas.

Los efectos antibacterianos de la miel generalmente se atribuyen a su contenido de peróxido de hidrógeno. Un estudio de 2011 informó que el tipo de miel más conocido inhibe aproximadamente 60 tipos de bacterias.

También sugiere que la miel trata con éxito las heridas infectadas con Staphylococcus aureus resistente a la meticilina. Aparte de las propiedades antibacterianas, la miel puede ayudar a curar las heridas al proporcionar una capa protectora que fomenta un ambiente húmedo.

Jengibre

El jengibre es un alimento con muchas propiedades que se deben a las vitaminas, los minerales, los fitonutrientes y los fitoquímicos que contiene. Entre sus propiedades, encontramos su acción antibacteriana.

La comunidad científica lo reconoce como un antibiótico natural, apoyados en evidencias como la que aporta este estudio publicado en 2017. En él, se demostró la capacidad del jengibre para combatir muchas cepas de bacterias.

Otro estudio publicado en 2014 mostró que conjugar miel y jengibre era un método recomendable para inhibir el crecimiento de las cepas bacterianas, y más eficaz que servirse de la miel y el jengibre por separado.

En forma de infusión, la equinácea resulta muy saludable. PxHere.

Equinácea

Con el término equinácea nos referimos a un género de plantas herbáceas que pueden alcanzar hasta un metro de altura. Durante cientos de años se le ha considerado útil para tratar infecciones y heridas.

Un estudio publicado en el Journal of Biomedicine and Biotechnology señala que el extracto de Echinacea purpurea puede matar muchos tipos diferentes de bacterias, como el Streptococcus pyogenes, responsable, entre otras, de la faringitis estreptocócica. Además, también puede combatir la inflamación asociada con la infección bacteriana.

Sello de oro

Esta es una planta que, por desgracia, se encuentra en peligro de extinción. Se puede encontrar, sobre todo, en los bosques húmedos del este de Estados Unidos y Canadá. En Europa se puede encontrar en las zonas más septentrionales.

A esta planta se le atribuye un buen resultado en el combate contra la diarrea bacteriana y las infecciones del tracto urinario, infecciones en la piel, gracias a su contenido en hidrastina y berberina.

Clavo

Como ya os contamos en este artículo en EL ESPAÑOL, el clavo es una especia con innumerables propiedades para nuestra salud. Tradicionalmente, se ha utilizado tradicionalmente en intervenciones odontológicas para evitar infecciones, por ejemplo, al extraer una pieza.

Se sabe que el aceite de clavo es un buen método natural para luchar contra la placa, la gingivitis y las bacterias en la boca. Las investigaciones señalan que su buena fama contra algunas bacterias, como la E. coli, es merecida.

Orégano

Probablemente, una de las especies más utilizadas en las cocinas de nuestro país. El orégano es muy versátil y suele acompañar pastas y pizzas, entre otros. Es sabido que esta popular especia ayuda a estimular el sistema inmunológico y actúa como antioxidante.

Pero más allá de eso, los estudios apuntan a que se trata de uno de los antibióticos naturales más potentes, sobre todo cuando se consume en forma de aceite.

Un estudio de la Universidad de Córdoba analizó el efecto sobre la Salmonella de diferentes sustancias, entre ellas el orégano. Los resultados sugirieron que el aceite esencial de orégano puede ser un aliado para controlar infecciones provocadas por bacterias resistentes a tratamientos basados en antibióticos tradicionales.

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