Si existía un problema de salud relevante que preocupase a España antes de esta maldita pandemia, ése era el colesterol. Y a pesar del coronavirus, este problema sigue presente. Es mucho más importante de lo que pensamos, y muestra de ello son los anuncios publicitarios que nos lo recuerdan: "El colesterol no es ninguna broma".

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Y no lo es en absoluto. Solo hay que fijarse en los datos y en la evidencia científica: más del 50% de los españoles tiene el colesterol alto, un importante factor de riesgo para sufrir una enfermedad cardiovascular. Sabemos que la alimentación es una gran aliada para bajar los niveles del colesterol, en este caso los niveles del llamado colesterol malo (LDL) que son los que realmente nos preocupan.

Y, precisamente, uno de los alimentos cuyo consumo deberíamos reducir para no aumentar esos niveles son las carnes. Pero ¡ojo! no todas. Hay ciertos tipos de carnes que se consideran saludables y que deberíamos incluir de forma regular en nuestra dieta, pero otras, mejor reducir y moderar su consumo.

2-3 raciones de carnes blancas

Las carnes blancas o magras (aquellas que proceden de aves de corral junto con la carne de conejo) son, según la Fundación Española del Corazón (FEC), carnes cardiosaludables de las que deben consumirse unas 2-3 raciones por semana. Y así lo indican las recomendaciones de la dieta mediterránea: mejor tomar más pescados que carnes y que las carnes sean fundamental o mayoritariamente, blancas.

Por su lado, las carnes rojas que sean de consumo moderado; y las procesadas y derivadas de forma más ocasional. Recordemos, que es importante tomar más raciones de pescado que de carne a la semana: unas cuatro raciones de pescado y que una o dos de esas raciones sean de pescado azul.

"La dieta mediterránea es el modelo más conocido y que mayor respaldo acumula en estudios recientes. Los resultados del estudio PREDIMED (Prevención con Dieta Mediterránea) indican claramente que es eficaz para disminuir la enfermedad cardiovascular", afirma a EL ESPAÑOL José Florit, especialista del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.

Esta dieta se caracteriza "por un consumo regular de aceite de oliva virgen extra, fruta fresca, frutos secos, verduras y cereales, un consumo moderado de pescado y pollo y un consumo bajo de productos lácteos, carne roja y carnes procesadas".

Todas las carnes, aunque contengan grasas saturadas, "son alimentos ricos en proteínas que son necesarias en la dieta", afirma este experto, pero el contenido graso de los diferentes tipos de carnes es variable, siendo este contenido menor en las llamadas carnes blancas", indica el experto. Por ello, su consumo sí es recomendable de una forma regular en la dieta.

También el modo de cocinarlas: "los fritos, con independencia de que la carne sea blanca, siempre aportarán mayor contenido graso", sostiene. Por ello, especialmente en las personas con hipercolesterolemia (o colesterol alto), "se recomienda el consumo de carnes blancas 2-3 veces por semana y evitar los fritos". La forma más recomendable de cocinarlas sería, según recomienda la FEC, a la plancha, asada al horno, estofada con verduras o en guisos tradicionales.

Modera la carne roja

La ciencia ha evidenciado que "el consumo de ácidos grasos saturados y trans incrementa los niveles de colesterol LDL y por tanto se asocia a un aumento del riesgo cardiovascular", informa Florit. Por ello, como hemos comentado, hay que tener en cuenta el contenido graso de las diferentes tipos de carnes.

Esto implica que, si bien la carne blanca se considera saludable (cocinada correctamente) y debe estar presente en nuestra alimentación de forma regular, "las carnes rojas son las de mayor contenido de grasas saturadas y los ácidos grasos hidrogenados de origen industrial representan la principal fuente de ácidos grasos trans de la dieta", explica este profesional.

Por ello, el consumo de carnes rojas y procesadas en general, en toda la población, no debería ser regular. Más importante es aún esta indicación para las personas que tengan el colesterol alto.

De modo que, y de forma más específica, las personas con hipercolesterolemia "pueden consumir cortes magros de carnes rojas con moderación y en pequeña cantidad, pero deben moderar el consumo de carnes procesadas y embutidos", indica Florit.

En el caso que una persona con colesterol alto quiera tomar un día de forma excepcional carne roja, debe saber que, según señala el experto, "entre las carnes rojas, la carne magra de cerdo presenta un elevado porcentaje de ácido oleico, siendo mayor en el cerdo ibérico y especialmente si es alimentado con bellota que aporta a su dieta una mayor riqueza de grasa insaturada. Evidencias recientes muestran una menor asociación entre el consumo de carne no procesada y el riesgo de enfermedad cardiovascular·.

Por último, en cuanto a la carne procesada y derivadas, incluso también para las personas que no presentan problemas de colesterol pero quieren cuidarlo, "no se recomienda su consumo, en todo caso sólo podría hacerse de forma ocasional", concluye.