Tanto o más crucial que la elección entre la tortilla de patatas con o sin cebolla es la preferencia entre la pechuga o el muslo de pollo. La respuesta de cada uno siempre es clara y contundente. En tales dilemas no hay titubeos que valgan. Igual que cuando éramos pequeños y nos preguntaban por nuestra preferencias entre esos dos famosos cacaos y no había miramiento alguno…

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Sin embargo, ahora el debate es otro: ¿qué es realmente lo más saludable del pollo: la pechuga o el muslo? Siempre se ha dicho que la pechuga es sin duda la parte más sana, pero ¿es esto verdaderamente cierto?

Las recomendaciones nutricionales incluyen comer carne magra (pollo, pavo y conejo) como máximo tres veces por semana, relegando así la carne roja a un consumo más ocasional. Las carnes magras o blancas son las que tienen menor aporte de grasa y se consideran por tanto mucho más saludables.

"Las diferencias entre el muslo y la pechuga son muy sutiles, apenas existen grandes distinciones", afirma a EL ESPAÑOL Elena de la Fuente, nutricionista del Hospital Quirón San José (Madrid). Para profundizar sobre esto, tenemos que hablar principalmente de dos aspectos: en primer lugar de la grasa que tiene cada una de las partes y en segundo lugar, del aporte de vitaminas y de minerales.

Según expone la Federación Española de Nutrición (FEN) en su página oficial, el valor calórico del pollo no es muy elevado: por una ración de 200 g existen aproximadamente 234 kilocalorías. Prácticamente, toda la grasa del pollo es visible y puede retirarse con facilidad, por tanto su valor calórico será aún menor. Además, "su grasa es mayoritariamente monoinsaturadaconstituida principalmente por ácido graso oleico y aporta en un 20% proteínas de alto valor biológico".

Con respecto a los micronutrientes, el pollo es fuente de minerales como el fósforo principalmente y sus vitaminas más características son las del grupo B, destacando la niacina y la vitamina B6: "Una ración de pollo aporta el 73% y 97% respectivamente de las ingestas recomendadas de niacina para hombres y mujeres de 20 a 39 años que practican actividad física de forma moderada", escribe la FEN.

"La pechuga es la parte más magra del pollo y se nota porque a la hora de cocinarla es más seca. Tiene un aporte de entre 1 y 2 gramos de grasas por cada 100 gramos de alimento", explica De la Fuente. El muslo, por su parte, tiene un poco más de grasa: por cada 100 gramos, 4 gramos de grasa.

"La diferencia es el doble pero la realidad es que a nivel nutricional no podríamos hacer una distinción real en cuanto a la elección de muslo o pechuga, porque las dos son válidas. A no ser que haya alguna contraindicación en cuanto al aporte de grasa en los alimentos que tenga que estar más limitado y entonces sería mejor la pechuga", aclara esta nutricionista.

Cuando vayamos a preparar el muslo es mejor hacerlo sin la piel (que se puede retirar muy fácilmente) que es donde mayormente está la grasa, y cocinarlo de forma sencilla. De este modo, "el aporte de grasa tampoco sería mucho mayor que la grasa de la pechuga. Es decir, si el muslo lo tomas sin piel, no tendrá tanta grasa", apunta esta profesional.

En cuanto al aporte de vitaminas y minerales, las principales diferencias entre ambas son muy sutiles. La pechuga contiene por cada 100 gramos de alimento aproximadamente unos 43 gramos de proteínas, mientras que el muslo tiene 36.

En cuanto al aporte de hierro, la pechuga tiene 1,5 miligramos y el muslo 2. Con respecto al zinc, el muslo contiene el doble de este mineral que la pechuga y en cuanto a la vitamina B (concretamente de niacina), la pechuga tiene en este caso más que el muslo (19 mg y 9 mg respectivamente).

Por último, es importante para que el pollo, muslo o pechuga, sea lo más saludable posible, cocinarlo de forma sencilla: al horno, a la plancha, cocido, estofado o incluso salteado tipo wok con verduras y acompañarlo de productos saludables como vegetales y verduras, evitando salsas industriales.

En este artículo podéis encontrar varias recetas para preparar el pollo. "Hay que evitar o más bien consumir lo menos posible y de forma ocasional el pollo frito, rebozado o empanados", concluye De la Fuente.