Durante décadas, la grasa ha sido el gran enemigo de la humanidad, al menos en lo que se refiere a su valor nutricional. A este macronutriente se le ha culpado de todos los males pero, sobre todo, de la epidemia de obesidad que afecta a casi todos los países del mundo. Sin embargo, esta tendencia ha cambiado en los últimos tiempos, cuando los distintos estudios han pasado de demonizar las grasas a advertir sobre su valor nutricional, sobre todo en algunas de ellas. 

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Entre todos los tipos de lípidos -un componente, por cierto, totalmente necesario para el organismo, incluido el temido colesterol- hay uno que destaca por sus descubiertas propiedades beneficiosas. Son los ácidos grasos omega-3, presentes en multitud de alimentos -no sólo en el salmón- y asociados a una importante mejora de la salud cardiovascular. 

Sin embargo, aunque el consumo de alimentos ricos en estas grasas -y en otras poliinsaturadas como las omega-6- y los complementos que las contienen es muy bueno para la salud, no protege frente a una común enfermedad que es, en sí, un importante factor de riesgo cardiovascular: la diabetes tipos 2

Así lo ha confirmado un estudio publicado en The BMJ, un metaanálisis que revisa a su vez 83 trabajos que evaluaban los efectos de estas grasas sobre el organismo. Se trata de análisis serios, que estudian a sus participantes durante el menos seis meses y, en ellos, se puede observar sus efectos sobre el diagnóstico de la diabetes, los niveles de glucosa en ayunas y otros parámetros involucrados en la enfermedad como la hemoglobina glicosidada. 

Una de las principales enfermedades

La diabetes tipo 2 es una de las principales dolencias en España, afectando a un 13% de la población. Se calcula que alrededor de 25.000 personas fallece cada año por el mal control de esta dolencia que, al revés que la diabetes tipo 1, se suele presentar en personas de mediana edad y está asociada a estilos de vida poco saludables, sobre todo en lo que se refiere a la dieta y la falta de ejercicio. 

Por esta razón, cualquier elemento que ayude a disminuir el riesgo de la enfermedad o a mejorar su pronóstico una vez que se padece sería más que bienvenida por médicos, investigadores y pacientes, que habían puesto sus ojos en los compuestos de omega-3 y otras grasas similares. 

Pero el nuevo metaanálisis es claro en sus conclusiones. Incrementar el consumo de omega-3, omega-6 o cualquier otra grasa poliinsaturada tiene poco o ningún efecto en la prevención y tratamiento de la diabetes tipo 2. 

Esto no quiere decir que no haya que animar a consumir alimentos ricos en ácidos grasos omega-3, porque la evidencia científica ha sido clara a la hora de establecer que estos sí son beneficiosos para el riesgo cardiovascular

"Los ácidos omega-3 actúan disminuyendo el nivel de triglicéridos, mejorando la función endotelial, disminuyendo la inflamación y el riesgo de trombosis", explica la Sociedad Española de Cardiología (SEC) en su página web. Es decir, se trata de un componente que mejora la salud cardiovascular. A pesar de que siempre se ha relacionado el ácido omega-3 con los pescados azules y, fundamentalmente, con el salmón, no es éste el alimento más rico en estas grasas. Este pescado contiene, por cada 100 gramos, 1,64 gramos de omega-3 y, por tanto, no es el alimento con una mayor proporción de estas grasas.

Otros como la quinoa, las nueces, la chía, el atún y la caballa tienen una mayor proporción de este compuesto que el conocido pescado.