Con esta edición genética, la pizza dejará de ser un problema.

Con esta edición genética, la pizza dejará de ser un problema. Pexels

Nutrición

Éste es el gen cuya modificación nos permitirá comer sin parar

A los científicos siempre les ha interesado la capacidad de ciertos alimentos para resultar adictivos de diversas formas. Existe, por ejemplo, el caso de las patatas fritas, que activa ciertos áreas del cerebro relacionadas con el placer o la obtención de una recompensa. También se conoce que existe una predisposición genética y epigenética: las propias madres pueden transmitir durante el embarazo el gusto por determinadas comidas.

Ahora, un equipo internacional de biotecnólogos y nutricionistas ha reforzado esta segunda teoría con su descubrimiento. Se trata de la modificación de un gen en un grupo de ratones de laboratorio. De acuerdo con los investigadores, este cambio les permitía ingerir cualquier cantidad o tipo de alimento sin engordar ni un solo gramo.

Los propios investigadores reconocen en este comunicado de Science Daily que el descubrimiento suena demasiado bien para ser cierto. Sin embargo, el equipo considera que puede ser clave para encontrar un nuevo tratamiento farmacológico para personas con obesidad u otras condiciones relacionadas con el metabolismo.

En el estudio, publicado por EMBO, se ha trabajado sobre un gen específico denominado RCAN1 o Regulador de Calcineurina 1. Se trata de un inhibidor de esta proteína que influye en dos mecanismos que afectan directamente al metabolismo. Tras desactivar este gen en los ratones de laboratorio, los científicos descubrieron que se habían vuelto resistentes a la ganancia de peso. En realidad lo que sucedía es que había aumentado exponencialmente su capacidad de quemar calorías.

Damien Keating, profesor de la Universidad de Flint y líder del estudio, cree que su descubrimiento podría suponer el desarrollo de un medicamento que pudiese atacar las funciones del RCAN 1. "Esto puede ser un primer paso para todas aquellas personas a quienes les cuesta perder peso", afirma.

Los seres humanos cuentan con dos tipos de tejidos adiposos o grasas. El primero es el tejido adiposo blanco, una gran reserva de energía que supone el mayor peligro a la hora de reducir nuestro peso. El segundo es el tejido pardo, que tiene una función termoreguladora: nos mantiene calientes en condiciones atmosféricas adversas. Además, es el encargado de quemar calorías.

Por tanto, el objetivo de Keating y su equipo es encontrar la manera de transformar el tejido blanco en el pardo. Él considera que anular la actuación de RCAN 1 conducirá a los nutricionistas por buen camino. "Las drogas que hemos desarrollado queman más calorías cuando la gente duerme", explica. "Esto significa que el cuerpo almacenaría menos grasa sin la necesidad de reducir su consumo alimenticio o ejercitarse más".

España es el segundo país de Europa con más obesos, solo por detrás del Reino Unido. Este estudio de The Lancet de 2017 afirma que 1 de 4 de los ciudadanos vive con esta condición. Sola en Andalucía se registró a principios de este año una tasa de obesidad infantil de más del 20%.