Ilustración de Cassini entre Saturno y sus anillos en su etapa final.

Ilustración de Cassini entre Saturno y sus anillos en su etapa final. NASA/JPL-Caltech.

Investigación Astronomía

El último minuto de Cassini, la sonda cotilla que llegó a los anillos de Saturno

Este viernes el legendario artefacto pone fin a 20 años de trabajo, precipitándose hacia el gigante gaseoso mientras lo transmite a la Tierra. 

Laura Chaparro

"Es emocionante. Después de veinte años nos despedimos de esta sonda veterana". Nicolas Altobelli, científico principal del proyecto Cassini de la ESA (la Agencia Espacial Europea), no oculta su admiración por una aventura espacial que está a punto de concluir. El científico es uno de los cientos que han participado en esta misión conjunta de la NASA, la ESA y la ASI (la agencia espacial italiana).

Este viernes 15 de septiembre Cassini culminará la última de las veintidós vueltas que ha realizado en los últimos meses sobre el planeta sumergiéndose en su atmósfera. La inminente falta de combustible ha llevado a los responsables del proyecto a diseñar el bautizado como gran final, con el que la sonda terminará su misión desintegrándose en las capas altas de Saturno.

"Había rumores sobre cómo podría terminar pero lo cierto es que no es posible escapar de ese sistema. La gravedad de Saturno es enorme, no se puede huir de él", recalca a EL ESPAÑOL Altobelli desde ESAC, el Centro Europeo de Astronomía Espacial en Villanueva de la Cañada (Madrid).

La prioridad del equipo era cumplir con los protocolos de protección planetaria y que la sonda no se quedara sin combustible en el espacio, lo que podría suponer que chocara de forma descontrolada con alguna de las lunas del planeta, como Titán o Encélado.

Gracias a Cassini y a su sonda Huygens –que aterrizó en Titán el 14 de enero de 2005– sabemos que estas dos lunas presentan actividad hidrotermal y que podrían reunir condiciones para albergar ciertas formas de vida.

Sesenta segundos de despedida

Tras recibir el último impulso gravitatorio de Titán el pasado mes de abril, Cassini se adentrará entre Saturno y sus anillos por última vez este viernes, en torno a las dos de la tarde hora peninsular española (las cinco de la mañana en hora del Pacífico PDT).

A una velocidad de 30 kilómetros por segundo y con un ángulo de entrada de 15 grados, la sonda estará orientada para transmitir datos a la Tierra con su antena durante un último minuto. "El fin de la misión será la pérdida de la señal", apunta Altobelli. Eso lo sabremos una hora y cuarto después de que ocurra, pues es el tiempo que tarda en llegar la frecuencia.

La estación de la Red del Espacio Profundo que recogerá esa señal será la de Camberra (Australia). "No sabremos cuándo se desintegra exactamente", puntualiza el científico de la ESA. Tras un minuto luchando por mantener su orientación, los expertos calculan que la sonda se desintegrará a unos 1.500 kilómetros sobre la superficie considerada de referencia de Saturno –al ser un planeta gaseoso no tiene una superficie sólida como los rocosos–.

Durante esos sesenta segundos en los que tratará de soportar la intensa fricción de la atmósfera saturnal, Cassini tendrá todos sus dispositivos encendidos para medir parámetros que nunca se han captado del gigante gaseoso.

Con la ayuda de su magnetómetro analizará el campo magnético y gravitacional, lo que permitirá conocer más acerca de la desconocida estructura interior del planeta. Su espectómetro de masas recogerá información sobre la composición de su atmósfera y además, la sonda medirá la masa de los anillos para tratar de averiguar cuándo se formaron.

Dos mundos por descubrir

Diseñada en los años ochenta –tras el éxito de las Voyager por los planetas exteriores–, Cassini hará historia por haber conseguido información científica sin precedentes desde que fuera lanzada el 15 de octubre de 1997 en Cabo Cañaveral (EEUU). Teniendo en cuenta que Saturno tarda treinta años en dar una órbita completa alrededor del Sol, la misión –cuya duración ha sido ampliada dos veces– ha cubierto la mitad de un ciclo de estaciones.

Entre sus hitos destaca haberse adentrado en los anillos de Saturno y mostrar cómo es la dinámica de sus partículas. También ha captado como ninguna sonda antes las descomunales tormentas del planeta.

En 2012, Cassini fotografió un huracán situado en el polo norte. Los científicos calcularon que el ojo tenía una extensión de 2.000 kilómetros –unas veinte veces más grande que el tamaño medio del ojo de un huracán terrestre– y que sus vientos soplaban con una fuerza cuatro veces superior a los de la Tierra.

Pero si por algo hará historia Cassini y su sonda Huygens será por habernos mostrado la sorprendente actividad hidrotermal de las lunas Titán y Encélado. "Con Huygens aterrizamos por primera vez en una luna helada en las afueras del Sistema Solar", recuerda Micheal Küppers, científico de la misión Huygens de la ESA.

La pequeña sonda mostró durante su descenso a Titán –la mayor luna de Saturno– y durante la hora que pudo enviar datos desde su superficie canales y montañas que recordaban mucho a los terrestres. El análisis de los datos y las imágenes captadas posteriormente por Cassini en uno de sus sobrevuelos revelaron que existían lagos de metano líquido y que la luna presentaba un ciclo meteorológico e hidrológico, con un océano en su interior.

En cuanto a Encélado –aproximadamente del tamaño de España– la sonda nos ha mostrado columnas de vapor de agua, géiseres cercanos al polo sur, que indican la presencia de un mar subterráneo de agua líquida bajo su superficie helada. Posteriores análisis han revelado la existencia de gas de hidrógeno en los chorros y la posibilidad de actividad hidrotermal que podría suponer una fuente de energía química para la vida.

Nuevas misiones a otras lunas

Completados sus objetivos científicos, una vez que Cassini se sumerja en la atmósfera de Saturno y envíe la información que pueda captar por última vez, los investigadores tardarán meses en procesar y analizar todos los datos.

En paralelo, nuevas misiones aspiran a seguir su legado descubriendo los secretos de otras lunas heladas, como es el caso de la misión JUICE, de la ESA que estudiará los satélites de Júpiter, o Europa Clipper, de la NASA, con el foco puesto en una de estas lunas, Europa, que podría albergar un océano en su interior.

De momento no hay ningún proyecto aprobado para los satélites de Saturno. "Tener una especie de barco o un avión en Titán sería muy interesante porque es el cuerpo más parecido a la Tierra", plantea Miguel Pérez Ayúcar, ingeniero de la misión Huygens de la ESA. Aunque admite las dificultades de poder observar lo que hay dentro de la corteza helada de la luna, el ingeniero afirma que se podría acceder por zonas en las que esta sea más fina.

Hasta que eso ocurra, los datos aportados por Cassini seguirán desvelando misterios del gigante gaseoso muchos años después de que la sonda haya desaparecido. Aunque la misión termine, su rastro permanecerá para siempre en los anillos de Saturno, como cantaban los Zombies en uno de los himnos de la movida madrileña.