Panel Science Under Pressure: When Evidence Meets Politics, celebrado en Tenerife en el marco de STARMUS VIII.
La ciencia bajo presión: cómo reforzar la toma de decisiones basada en la evidencia
El Festival STARMUS reúne en Tenerife a expertos internacionales para analizar cómo garantizar que la evidencia científica de calidad ocupe un lugar central en las políticas públicas y la regulación.
STARMUS es un festival internacional que combina ciencia, exploración espacial, música y arte, y que invita a reflexionar sobre algunas de las grandes preguntas de nuestro tiempo.
Su octava edición se celebra en Canarias bajo el lema The Search for Truth (La búsqueda de la verdad), con un programa que reúne a científicos, exploradores y voces de distintos ámbitos.
Entre las conversaciones de esta edición figura Science Under Pressure: When Evidence Meets Politics, un panel dedicado a explorar la relación entre la ciencia, las instituciones y la sociedad, y a examinar cómo se utiliza el conocimiento científico cuando llega el momento de tomar decisiones públicas.
La Dra. Jacqueline Miller Holt, vicepresidenta de Scientific & Regulatory Affairs de JTI, durante su intervención en STARMUS VIII.
Moderado por el escritor y divulgador científico Philip Ball, el encuentro reunió a Christiana Figueres, figura clave de la diplomacia climática; Jane Lubchenco, científica marina y exadministradora de la NOAA estadounidense; y la Dra. Jacqueline Miller Holt, toxicóloga y vicepresidenta de Scientific & Regulatory Affairs de JTI.
La sesión estuvo precedida por una intervención de Anselmo Pestana, delegado del Gobierno en Canarias y expresidente del Cabildo de La Palma, que aportó su experiencia en la gestión de emergencias.
De la ciencia a la decisión
Anselmo Pestana recurrió a tres experiencias: la pandemia de COVID-19, el incendio forestal de La Palma de 2016 y la erupción volcánica de 2021. En las tres, explicó, las instituciones tuvieron que decidir a partir del conocimiento disponible en cada momento. Su conclusión fue sencilla: “Estoy convencido de que la ciencia ayuda a salvar vidas”.
El ejemplo permitió aterrizar una cuestión que después atravesaría todo el panel. Las decisiones públicas no siempre pueden esperar a que exista una certeza absoluta. La ciencia evoluciona, incorpora nueva información y corrige sus conclusiones. Y, mientras tanto, las instituciones tienen que actuar.
Christiana Figueres advirtió contra la tentación de presentar ciencia y política como dos mundos independientes: “No deberíamos caer en el pensamiento simplista de que la ciencia está aquí y la política allí”.
La política, explicó, debe ocuparse de las condiciones sociales que permiten implementar las recomendaciones científicas. Su responsabilidad no consiste en determinar qué debe decir la ciencia, sino en cómo convertir sus recomendaciones en actuaciones deseables, posibles y relevantes para la sociedad.
Jane Lubchenco, por su parte, describió la ciencia como un sistema complejo en el que interactúan investigadores, organismos financiadores, instituciones, usuarios del conocimiento científico y quienes defienden su integridad. Un sistema robusto necesita controles y contrapesos capaces de protegerlo cuando alguno de esos elementos falla.
La primera pregunta: ¿qué evidencia merece confianza?
Antes de preguntarse cómo convertir la ciencia en política pública, existe una cuestión previa: cómo determinar que la evidencia sobre la que se va a decidir es suficientemente sólida.
La Dra. Miller Holt puso el foco precisamente ahí. “Hay que proteger la calidad de la ciencia”, defendió. Para ello señaló diferentes elementos que permiten valorar la solidez de la información científica: si los estudios siguen estándares o directrices reconocidos, si han sido sometidos a revisión por pares y si existen posibles sesgos.
También defendió la utilidad de reunir diferentes perspectivas. Paneles o comités en los que participen científicos del sector público y privado, junto con profesionales capaces de aportar lo que observan en la práctica, pueden ayudar a mantener el foco sobre la evidencia científica.
El planteamiento introduce una distinción importante: la confianza en una evidencia no debería depender únicamente de quién la produce, sino de la calidad de la ciencia que sostiene sus conclusiones.
Cuando la evidencia no llega a quien tiene que decidir
Superada esa primera barrera aparece otra. La VP de JTI Jacqueline Miller Holt señaló que con frecuencia existe una desconexión entre la ciencia y el responsable político. “La ciencia tiene que traducirse en algo que pueda entenderse”, afirmó.
Para que una evidencia resulte útil, no basta con que sea rigurosa: quien debe convertirla en una política necesita comprender el mensaje científico, sus implicaciones y las consecuencias de ignorarlo.
Producir conocimiento y tomar una decisión pública son partes de un mismo recorrido, pero funcionan con lenguajes, tiempos y necesidades diferentes.
Para Miller Holt, una forma de acortar esa distancia pasa por desarrollar estructuras que permitan una interacción estable: paneles y comités científicos que reúnan a expertos y les proporcionen acceso directo a los responsables públicos.
El objetivo es compartir terminología, alcanzar una comprensión común y facilitar que la evidencia se incorpore al proceso de decisión. Esos órganos, sostuvo, deberían ser representativos e incorporar perspectivas ciudadanas cuando resulte pertinente.
No se trata, por tanto, solo de producir más datos. Se trata de crear las condiciones para que la evidencia científica de calidad ocupe un lugar central en la elaboración de políticas públicas y regulaciones.
Decidir también significa convivir con la incertidumbre
La ciencia rara vez habla en absolutos. La pandemia lo mostró con especial claridad: la evidencia evolucionaba al mismo tiempo que gobiernos y ciudadanos tenían que adoptar decisiones de enorme trascendencia.
Para la Dra. Miller Holt, reconocer esa incertidumbre no debilita necesariamente una conclusión científica. Lo importante es comunicar lo que sabemos en el contexto de aquello que todavía desconocemos: “Con la información disponible en este momento, esta es la conclusión y esta es la incertidumbre”.
Una conclusión puede ser suficientemente clara para avanzar, aunque existan todavía limitaciones o lagunas de conocimiento.
Jane Lubchenco recordó una fórmula utilizada durante la pandemia por Anthony Fauci: “A día de hoy, esto es lo que sabemos”.
Una manera sencilla de explicar que el conocimiento puede cambiar a medida que aparece nueva información sin que esa evolución reste legitimidad al proceso científico.
Christiana Figueres resumió la tensión de otra forma: “La ciencia no es binaria”. La evidencia necesita matices y grados de certeza, precisamente aquello que puede resultar más difícil de trasladar en un ecosistema informativo que favorece respuestas categóricas.
Una base sólida para las decisiones públicas
Para explicar cómo trasladar el conocimiento científico a la sociedad, Christiana Figueres recurrió a una metáfora: la ciencia es el barco, pero hace falta suficiente agua debajo para que pueda avanzar.
Esa “agua” incluye, entre otros elementos, educación y alianzas con otros ámbitos de la sociedad.
La imagen ayuda a resolver una tensión que planeó sobre toda la conversación. Defender políticas basadas en evidencia no significa que la ciencia sustituya a la política.
Significa que las decisiones puedan construirse sobre conocimiento suficientemente sólido, que sus límites sean conocidos y que exista un diálogo capaz de convertir ese conocimiento en actuaciones públicas.
Ese fue uno de los principales mensajes que dejó el debate: construir políticas públicas y regulaciones sólidas requiere que la evidencia científica ocupe un lugar central en su desarrollo.
Para conseguirlo no basta con producir más información. Es necesario proteger la calidad y la integridad de la ciencia, explicar con honestidad sus conclusiones y sus incertidumbres y crear estructuras capaces de acercar el conocimiento a quienes tienen la responsabilidad de decidir.
Entre la generación de evidencia y su incorporación a una política pública existe un espacio que resulta determinante. Lograr que ese proceso esté guiado por ciencia rigurosa es esencial para avanzar hacia decisiones públicas y regulaciones verdaderamente basadas en la evidencia.
"La ciencia bajo presión: cómo reforzar la toma de decisiones basada en la evidencia" es un contenido elaborado por Marcas Ñ, la sección de Branded Content de El Español, en colaboración con JTI.