Un gato en los brazos de un humano.

Un gato en los brazos de un humano. E. E.

Ciencia

Carlos Gutiérrez, veterinario: "Tu gato piensa que eres otro gato, pero gigante. Por eso, se frotan contra ti y te amasa"

El amasado, el ronroneo y hasta el parpadeo lento son gestos con los que los gatos pueden mostrar confianza y tranquilidad.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves
Las claves

Los gatos socializados pueden percibir a los humanos como miembros de su propio grupo, no como un felino, pero sí como parte importante de su vida.

Comportamientos como frotarse, amasar y acicalarse son señales de confianza, bienestar y vínculo social entre el gato y su humano.

Los gatos utilizan maullidos, ronroneos y otros gestos para comunicarse con las personas, igual que hacen con otros gatos.

Aunque reconocen diferencias claras entre humanos y felinos, la máxima expresión del amor gatuno es sentirse seguro y considerar a la persona parte de su entorno.

Los gatos no necesitan hablar para revelar qué lugar ocupamos en su vida. Sus gestos cotidianos, desde un ronroneo hasta un amasado, permiten interpretar cómo perciben a las personas con las que conviven.

Carlos Gutiérrez, veterinario y creador del canal de YouTube Mascotas y familias felices, explica que algunos expertos consideran que los gatos socializados pueden percibir a sus humanos como miembros de su propio grupo.

La razón está en la manera en la que interactúan con nosotros. Un gato doméstico puede frotarse contra nuestras piernas, buscarnos cuando regresamos a casa, tumbarse encima de nosotros o incluso acicalarnos.

También puede mantener durante la edad adulta comportamientos propios de etapas juveniles, como el amasado. Según Gutiérrez, este gesto aparece cuando el animal se encuentra realmente cómodo y relajado junto a la persona.

Por eso, que un gato se coloque sobre nuestra barriga mientras estamos sentados en el sofá y comience a amasar puede interpretarse como una señal de confianza y bienestar.

Mismo grupo social

El veterinario recuerda que estos comportamientos son habituales dentro de los grupos de gatos. No resulta extraño que dos felinos que mantienen una buena relación se acicalen mutuamente cuando comparten espacio.

Además, los gatos utilizan determinadas formas de comunicación con las personas. Los maullidos y los ronroneos pueden formar parte de esa interacción, igual que ocurre entre ellos en diferentes situaciones.

El ronroneo también aparece en las madres cuando están junto a sus crías para tranquilizarlas. Los gatos mantienen este comportamiento cuando son adultos y se encuentran relajados, incluso cuando están junto a sus humanos.

A esto se suma su capacidad para percibir determinados estados emocionales. Según Gutiérrez, los gatos pueden distinguir cuándo estamos felices o enfadados y también interpretan el entrecerrado de ojos como una señal amistosa.

Sin embargo, el veterinario matiza que considerar al gato como otro gato no significa que realmente confunda a su humano con un felino. Existen diferencias evidentes que el animal puede percibir.

El tamaño, la manera de desplazarse, la apariencia y el olor distinguen claramente a las personas. Además, los humanos no poseen feromonas felinas, otro elemento que diferencia nuestra presencia de la de otros gatos.

Cuando llegan desconocidos a casa, además, el comportamiento del animal puede variar. Puede esconderse y sentirse amenazado o acercarse a recibirlos si considera que no existe ningún peligro.

Por eso, aunque el gato pueda establecer con nosotros comportamientos sociales propios de su especie, Gutiérrez considera que no nos confunde literalmente con otro felino, sino que formamos parte de su grupo social.

Y precisamente ahí está lo importante: que un gato nos considere un elemento indispensable de su vida, se sienta seguro a nuestro lado y no perciba amenazas representa, según el veterinario, la máxima expresión del amor gatuno.