Castillo de Calzada de Calatrava.

Castillo de Calzada de Calatrava. Freepik

Ciencia

El pueblo medieval de Pedro Almodóvar: dos castillos y un paisaje de volcanes reconocido por la UNESCO

Calzada de Calatrava reúne cine, castillos y volcanes: el pueblo manchego de Almodóvar entre fortalezas medievales y geoparque UNESCO.

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Las claves

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Calzada de Calatrava es el pueblo natal de Pedro Almodóvar y cuenta con un museo y una ruta dedicada al cineasta.

El municipio destaca por sus dos castillos medievales enfrentados: Salvatierra y Calatrava la Nueva, testigos de siglos de historia y guerras.

Forma parte del Geoparque Mundial Volcanes de Calatrava-Ciudad Real, reconocido por la UNESCO en 2024 por su patrimonio geológico y cultural.

El paisaje local combina historia medieval, volcanes ocultos y la huella cinematográfica, ofreciendo una experiencia única en La Mancha.

Calzada de Calatrava parece, a primera vista, uno de esos pueblos manchegos hechos de casas blancas, campos abiertos y horizontes larguísimos. Sin embargo, basta mirar un poco más para descubrir dos historias extraordinarias: una medieval y otra nacida del fuego.

También es el lugar donde nació Pedro Almodóvar, cuya relación con La Mancha atraviesa buena parte de su universo cinematográfico. El municipio conserva ese vínculo mediante un espacio museístico dedicado al director y una ruta ligada a sus primeros años.

El reclamo histórico no se queda en el casco urbano. A poco más de cinco kilómetros aparecen dos fortalezas enfrentadas que explican siglos de guerras, fronteras y poder: el castillo de Salvatierra y el Sacro Convento-Castillo de Calatrava la Nueva.

Salvatierra pertenece al término municipal de Calzada de Calatrava. La fortaleza, de origen islámico, ocupa un cerro estratégico junto a uno de los pasos naturales de Sierra Morena y conserva estructuras levantadas probablemente entre los siglos X y XI.

Su papel más intenso llegó tras la derrota cristiana de Alarcos, en 1195. La pérdida de Calatrava la Vieja convirtió Salvatierra en un bastión clave de la Orden de Calatrava frente al avance almohade por el centro peninsular.

Se extiende por más de 4.300 kilómetros cuadrados

Al otro lado se levanta Calatrava la Nueva, ya en Aldea del Rey. El conjunto reúne castillo, convento e iglesia, y está situado en el Alto de Calatrava, a 925 metros de altitud, frente a Salvatierra.

Las dos construcciones forman una imagen poco habitual: dos castillos medievales vigilándose desde cerros próximos. Allí se entiende enseguida cómo la geografía decidía el control del territorio antes de carreteras, mapas modernos y fronteras administrativas.

De regreso al pueblo, la ruta continúa por la Hospedería de los Caballeros, la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y los restos del antiguo convento capuchino. Son edificios que mantienen la huella religiosa y militar de la comarca.

Calzada ofrece, además, una lectura mucho más antigua. El municipio forma parte del Geoparque Mundial Volcanes de Calatrava-Ciudad Real, reconocido por la UNESCO en 2024 por la relevancia internacional de su patrimonio geológico, natural y cultural.

Ese territorio volcánico se extiende por más de 4.300 kilómetros cuadrados y reúne 40 municipios. Sus paisajes permiten reconstruir una historia marcada por procesos geológicos del Macizo Ibérico, antiguas erupciones y la minería del mercurio de Almadén.

No aparecen volcanes humeantes ni montañas con silueta de Vesubio. Muchos se esconden en colinas suaves, conos erosionados, cráteres de explosión o depresiones circulares que pueden llenarse de agua durante los periodos lluviosos.

El paisaje obliga a mirar con más atención. Bajo campos de cereal, olivares, dehesas y monte mediterráneo permanecen antiguas coladas, materiales eruptivos y formas creadas cuando el magma interactuó con aguas subterráneas y provocó grandes explosiones.

Esa mezcla convierte la escapada en algo más que una visita monumental. En pocos kilómetros se pasa de la memoria cinematográfica de Almodóvar a las guerras medievales de la Orden de Calatrava y, después, a millones de años de historia terrestre.

Calzada de Calatrava funciona como puerta de entrada a una Mancha inesperada. Los castillos recuerdan que fue territorio fronterizo; los volcanes explican el suelo que sostiene sus paisajes; y Almodóvar proyectó parte de esa identidad fuera de España.

La fuerza del destino está precisamente en esa suma. No es solo el pueblo natal de un cineasta universal, ni solo una ruta de fortalezas. Es un lugar donde la piedra medieval, el fuego antiguo y la memoria del cine comparten el mismo horizonte manchego.