Mujer encendiendo el aire acondicionado
Manuel Amate, electricista: “En los aires acondicionados todo el aire pasa por un filtro; cuanto más limpio, más salubridad"
El filtro del aire acondicionado puede disparar la factura si está sucio: la máquina trabaja más y enfría peor.
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El aire acondicionado suele entrar en la conversación cuando llega la factura de la luz o cuando una ola de calor convierte la casa en un horno. Pero una pieza pequeña y casi invisible puede cambiarlo todo: el filtro.
Manuel Amate, técnico especialista en electricidad, telecomunicaciones y energías renovables, lo resume en La Sexta, en el programa Más Vale Tarde, con una frase muy clara: “Todo el aire pasa por ese filtro; cuanto más limpio esté, más salubridad habrá en ese entorno”.
La advertencia parece sencilla, pero afecta a dos asuntos clave del verano: la calidad del aire interior y el consumo eléctrico. Un filtro sucio no solo enfría peor, también obliga a la máquina a trabajar con más esfuerzo.
La lógica es fácil de entender. El aire de la habitación entra en el split, atraviesa los filtros, se enfría y vuelve a salir. Si esa barrera acumula polvo, pelusas, grasa o polen, todo el sistema funciona peor.
El filtro no convierte un aire acondicionado doméstico en un purificador médico. Sin embargo, sí retiene parte de las partículas que circulan por la vivienda. Cuando está sucio, puede favorecer olores, aire cargado y una sensación ambiental peor.
No renuevan el aire exterior
La Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica recomienda revisar y limpiar los filtros de forma periódica, especialmente antes del verano. También insiste en seguir las instrucciones del fabricante y mantener una ventilación adecuada en interiores.
Ese punto es importante porque muchos equipos domésticos no renuevan el aire exterior. Lo que hacen es recircular el aire de la estancia. Si la habitación permanece cerrada durante horas, la limpieza del sistema cobra todavía más relevancia.
El problema también se nota en la factura. Un filtro obstruido reduce el caudal de aire, hace que el aparato tarde más en alcanzar la temperatura marcada y fuerza el compresor. Resultado: menos confort y más gasto.
Amate insiste en que la limpieza no debería esperar a que el equipo huela mal, haga ruido o deje de enfriar. El mantenimiento básico debe llegar antes, sobre todo al inicio de la temporada de calor.
En muchos splits, la tarea es sencilla: abrir la tapa frontal, retirar los filtros, lavarlos con agua templada, dejarlos secar bien y volver a colocarlos. Aun así, siempre conviene revisar el manual del fabricante.
La frecuencia depende mucho del uso. Si el aparato funciona a diario, hay mascotas, polvo, humo o cocina cercana, la revisión debe ser más habitual. En viviendas con poco uso, puede bastar con controles estacionales.
También hay señales de aviso. Si al encender el aire aparece olor a humedad, polvo o cerrado, el filtro puede estar saturado. Si enfría menos, no siempre falta gas: a veces el problema empieza por suciedad.
El uso eficiente no termina en el filtro. Temperaturas moderadas, modo noche, ventilación en horas frescas, persianas bajadas durante el sol fuerte y apoyo de ventiladores pueden reducir el esfuerzo del aparato sin perder confort.
La unidad exterior tampoco debería olvidarse. Hojas, polvo o suciedad en terrazas y fachadas pueden afectar al rendimiento. Esa parte, junto con desagües, circuito frigorífico o averías, ya requiere revisión profesional.
La conclusión es sencilla: antes de bajar más el termostato o asumir que el aire acondicionado ya no enfría, conviene mirar el filtro. A veces, el gesto más útil del verano está en abrir la tapa y limpiar.