Una veterinaria con un gato negro.

Una veterinaria con un gato negro. Medivet

Ciencia

Pablo Olmedo, veterinario: "Cuando una mascota se clava una espiga no se queda quieta, puede llegar a cualquier zona"

El especialista alerta de que estas semillas, con forma de flecha, avanzan bajo la piel del animal hasta alcanzar órganos internos si no se extraen a tiempo.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

Las claves

Las espigas, semillas secas presentes en primavera y verano, representan un riesgo frecuente para mascotas, especialmente gatos.

Su forma puntiaguda y las barbas funcionan como un arpón, permitiendo que avancen dentro del cuerpo del animal y alcancen zonas internas graves como pulmones o cavidad torácica.

El veterinario Pablo Olmedo recomienda revisar a fondo al animal tras cada paseo por zonas de vegetación seca, prestando especial atención a orejas, patas y pliegues.

Detectar y retirar rápidamente la espiga reduce complicaciones; en caso de penetración profunda o sospecha de fragmentos, se debe acudir de inmediato al veterinario.

El buen tiempo trae consigo paseos largos por el campo, pero también un riesgo que muchos dueños de gatos desconocen. Las espigas, esas semillas secas que cubren los caminos en primavera y verano, se han convertido en una urgencia veterinaria recurrente.

El veterinario Pablo Olmedo explica, en un vídeo publicado en su perfil de TikTok, que el peligro de estas plantas no reside únicamente en que se clavan, sino en lo que sucede después. Su forma puntiaguda, similar a la de una flecha, les permite avanzar hacia el interior del cuerpo sin posibilidad de retroceder.

"Cuando una espiga se clava, no se queda quieta", asegura Olmedo, según recoge el diario ABC. El veterinario insiste en que esa migración constante es lo que convierte a una herida aparentemente leve en un problema grave si no se actúa con rapidez.

Las pequeñas barbas que recubren la espiga funcionan como un arpón. Cada movimiento del animal, ya sea al caminar, sacudirse o lamerse, empuja la semilla un poco más hacia el interior de los tejidos, sin que exista forma natural de expulsarla.

Revisiones tras el paseo

Por ese motivo, el experto recuerda que estas semillas pueden llegar a prácticamente cualquier zona del cuerpo. Orejas, ojos, nariz, almohadillas o axilas son los puntos de entrada más habituales, pero el recorrido interno puede prolongarse mucho más allá del punto inicial.

En los casos más graves, las espigas migran hasta alcanzar estructuras internas como los pulmones, la tráquea o incluso la cavidad torácica, atravesando la pared costal.

Olmedo subraya que esa capacidad de desplazamiento es lo que distingue a este cuerpo extraño de otros menos peligrosos. El veterinario recomienda revisar a fondo al animal después de cada paseo por zonas con vegetación seca, prestando especial atención a las orejas, las patas y los pliegues de piel.

Detectar la espiga en las primeras horas reduce enormemente el riesgo de complicaciones. Síntomas como sacudidas repentinas de cabeza, cojera sin causa aparente, estornudos violentos o lamido insistente de una zona concreta deben encender las alarmas.

Olmedo advierte que ignorar estas señales permite que la semilla continúe su camino sin que el dueño lo perciba. Si la espiga está clavada de forma superficial, el propio dueño puede intentar retirarla con pinzas desinfectadas.

Sin embargo, el veterinario es tajante: ante cualquier sospecha de que se ha introducido en un orificio o se ha roto, hay que acudir de inmediato a la clínica. Una extracción incompleta o realizada por manos inexpertas puede romper la espiga y dejar fragmentos bajo la piel.

Eso favorece la aparición de abscesos, fístulas e infecciones que, según explica Olmedo, resultan mucho más difíciles de tratar que la herida original. El especialista insiste en que la prevención sigue siendo la mejor herramienta disponible.

Evitar zonas de hierba alta y seca durante los meses de calor, junto con un cepillado frecuente, reduce de forma notable la probabilidad de que una espiga se enganche al pelaje.