Marruecos mejora su agricultura.
Marruecos marca las normas: acelera la modernización del riego en 550.000 hectáreas agrícolas y mejora el uso del agua
Marruecos acelera la modernización de su agricultura ante una crisis hídrica sin precedentes que amenaza al país durante varios años de manera consecutiva.
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El Gobierno marroquí ha puesto en marcha un ambicioso plan de choque que obliga a la transformación de los sistemas de riego en 550.000 hectáreas de terreno agrícola en todo el país.
Esta medida responde a una estrategia de Estado para salvaguardar la soberanía alimentaria y frenar el impacto de las sequías consecutivas que han mermado las reservas de los embalses nacionales en los últimos años.
La iniciativa se enmarca dentro del Programa Nacional de Economía de Agua de Riego, un proyecto respaldado financieramente por organismos internacionales como el Banco Mundial.
Con este gran despliegue, las autoridades del país buscan sustituir de forma masiva los métodos tradicionales de riego por superficie, considerados altamente ineficientes por la pérdida de recursos por evaporación, e instalar tecnologías de precisión que optimicen cada gota de agua posible.
El núcleo técnico de la reforma consiste en la implantación generalizada de riego por dos vías: localizada o por goteo. Mediante esta tecnología automatizada, el agua y los nutrientes se aplican de manera directa a la raíz de las plantas, logrando un ahorro de agua superior al 30% en comparación con las técnicas convencionales.
Reconversión de los campos
Para facilitar esta transición masiva, el Ministerio de Agricultura ofrece ayudas económicas a los productores locales, que en el caso de los pequeños agricultores y proyectos colectivos pueden alcanzar una subvención del 100% de la inversión.
Esta reconversión del campo llega de la mano, además, de un endurecimiento estricto de las normativas de consumo. Junto a la modernización de las hectáreas cultivables, el país ha prohibido de forma tajante el uso de agua potable subterránea para el mantenimiento de zonas verdes, obligando a emplear aguas residuales depuradas.
Pero eso no es todo, puesto que las autoridades han empezado a limitar las concesiones hídricas y las ayudas públicas para la producción de cultivos hidróvoros, como el aguacate y la sandía, con el objetivo final de alcanzar el millón de hectáreas eficientes de cara al año 2030.
Este giro en la gestión hídrica perfila el futuro del sector como un modelo estrictamente circular, marcando la pauta para otras naciones del Mediterráneo que se enfrentan, del mismo modo, al avance de la desertificación.
Blindando sus campos contra el clima extremo, el país no solo busca asegurar el abastecimiento de sus mercados internos, también mantener su competitividad como uno de los principales exportadores globales de un entorno cada vez más restrictivo con respecto al agua.