Los cachorros tienen poco control de mordida.
Ian Dunbar, veterinario: "Los cachorros muerden mientras juegan porque aprenden a controlar su fuerza"
El control de la mordida en los cachorros es clave para evitar que acaben apareciendo perros adultos agresivos en el futuro.
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El reconocido veterinario y experto en comportamiento animal, el doctor Ian Dunbar, ha revolucionado los métodos de crianza canina al afirmar que los mordiscos de los cachorros durante las sesiones de juego son fundamentales para su desarrollo social.
Según el especialista, esta conducta natural no debe reprimirse de inmediato, sino moldearse. A través de este comportamiento, los animales desarrollan la inhibición de la mordida, un mecanismo biológico que les enseña a regular la presión de sus mandíbulas antes de alcanzar la edad adulta.
El proceso de aprendizaje se basa en la retroalimentación que el cachorro recibe de su entorno más cercano. Cuando juega con sus hermanos o con sus tutores y muerde con excesiva fuerza, la reacción de dolor y la interrupción inmediata del juego le envían una señal clara.
Este freno social le permite comprender que la diversión termina si causa daño, lo que le obliga a calibrar la intensidad de su boca para poder mantener la interacción que está realizando en ese momento.
Hay que vigilar la mordida
La metodología propuesta por varios expertos se divide en dos fases claras que deben aplicarse antes de que el perro cumpla los cinco meses de edad. La primera etapa no busca erradicar el mordisco, sino suavizarlo por completo mediante estímulos de voz e indiferencia ante el dolor.
Una vez que el perro ha desarrollado una "boca blanda" y es consciente de su fuerza, se inicia la segunda fase, orientada a reducir la frecuencia del hábito y a redirigir los mordiscos exclusivamente hacia juguetes con los que tenga permiso para jugar.
Prohibir drásticamente, según profesionales, que un cachorro use su boca es un error común que puede generar graves problemas de seguridad en el futuro. Un perro que no aprende a controlar su fuerza de pequeño, carece de frenos inhibitorios.
En consecuencia, si ese animal reacciona por miedo o dolor, por ejemplo, cuando sea adulto su mordida será potencialmente peligrosa. En cambio, cuando un perro es educado en ese sentido sabrá medir el impacto de sus dientes en todo momento.
Al final, simplemente es hacer que nuestro perro acabe desarrollando una conciencia alrededor de esa mordida y el daño que puede llegar a hacer si se pasa de fuerza en una situación de cariño o juego. Es un proceso largo y con el que hay que tener paciencia, pero es necesario para evitar que en el futuro el perro en cuestión no sepa controlarse.