Imagen de archivo de un gato.

Imagen de archivo de un gato. iStock

Ciencia

Los psicólogos coinciden: "Acariciar a un gato que ronronea produce una sensación inmediata de calma"

El contacto con gatos se estudia como una herramienta sencilla de regulación emocional que puede ayudar a reducir la ansiedad y favorecer la calma.

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Las claves

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Acariciar a un gato que ronronea genera una sensación inmediata de calma, según coinciden los psicólogos.

El ronroneo de los gatos, junto con el contacto físico, ayuda a reducir el estrés y la ansiedad de forma natural.

Los gatos están despertando un interés creciente por sus beneficios terapéuticos, especialmente en niños con dificultades emocionales.

El efecto relajante de los gatos se relaciona con su carácter tranquilo y poco invasivo hacia las personas.

Hay días en los que lo único que apetece es llegar a casa, dejarlo todo en una silla y sentarse sin pensar en nada.

Pero, en ese momento, casi sin avisar, aparece el gato. Se acerca, se tumba a tu lado y empieza a ronronear, algo que a muchos les puede resultar un incordio.

Sin embargo, según aclara la psicóloga sanitaria, Inmaculada de la Hera, a EL ESPAÑOL, ese ruido que puede llegar a molestar, en realidad es lo que te hará bajar revoluciones.

Vivimos con demasiadas cosas a la vez. Tareas, pantallas, prisas… y poco espacio para lo que entendemos como desconectar de verdad.

"Las presiones laborales, los cambios sociales, el uso intensivo de las nuevas tecnologías y las dificultades para gestionar determinadas emociones están contribuyendo a que cada vez se necesite mayor apoyo psicológico", aclara la experta.

Por eso, cada vez se buscan más formas que, sin tener que complicarse demasiado la vida, ayuden a sentirse mejor en el día a día, también desde dentro de casa.

"La búsqueda de intervenciones complementarias que favorezcan el bienestar emocional ha cobrado especial relevancia en los últimos años, y entre ellas, la terapia asistida con animales ha demostrado ser una herramienta eficaz en numerosos contextos clínicos", resume la experta.

Y aunque siempre solemos pensar primero en los perros, son los gatos los que están empezando a llamar la atención de los especialistas para la mayoría de casos.

Estos animales "comienzan a despertar un creciente interés por sus beneficios terapéuticos, especialmente en niños con ansiedad, síntomas depresivos o dificultades emocionales", detalla De la Hera.

La psicóloga destaca que su efecto tiene mucho que ver con su forma de estar, ya que son tranquilos, no exigen, ni invaden a las personas.

Sin embargo, el verdadero efecto lo hace su ronroneo. Muchos expertos coinciden en lo mismo, y es que ese sonido suave, junto al contacto al acariciarlo, ayuda a relajarse casi sin darse cuenta.

Pues, tal y como concluye Inmaculada de la Hera, en esos momentos el cuerpo parece "bajar revoluciones" de forma natural, reduciendo la tensión y favoreciendo una sensación de calma que puede ser muy útil en situaciones de estrés o ansiedad.