Una mujer haciendo deporte.

Una mujer haciendo deporte. Freepik

Ciencia

Michael Fredericson, experto en longevidad, advierte de los cambios físicos tras los 40: “No vas a construir músculo nuevo"

Stanford pone el foco en el músculo después de los 40: entrenar cerca de la fatiga puede marcar la diferencia en la madurez.

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Las claves

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Michael Fredericson advierte que a partir de los 40 años la pérdida de masa muscular (sarcopenia) se acelera, afectando fuerza, equilibrio y metabolismo.

Para mantener o construir músculo tras los 40, no basta con rutinas suaves: es necesario entrenar cerca de la fatiga muscular sin llegar a lesionarse.

La actividad física recomendada incluye al menos 150 minutos semanales de ejercicio moderado y dos días de fortalecimiento muscular con progresión segura.

El ejercicio debe integrarse en el estilo de vida, combinando fuerza, movimiento diario, buena alimentación y descanso para preservar la funcionalidad y la independencia.

A partir de los 40, el cuerpo empieza a enviar señales que muchas veces se confunden con cansancio, falta de tiempo o simple envejecimiento. Subir escaleras cuesta más, recuperar después de un esfuerzo tarda más y mantener músculo exige otra estrategia.

Ese es el aviso de Michael Fredericson, profesor en Stanford, codirector del Stanford Longevity Center y fundador del programa de Lifestyle Medicine. Su mensaje no va dirigido solo a deportistas, sino a cualquiera que quiera llegar a la madurez con fuerza e independencia.

La clave está en la sarcopenia, la pérdida progresiva de masa muscular asociada a la edad. Stanford recuerda que, alrededor de los 40 años, una persona puede empezar a perder cerca del 1% de su masa muscular cada año.

El problema no es estético ni se reduce a verse con menos tono. Esa pérdida afecta a la fuerza, el equilibrio, el metabolismo y la capacidad de mantener autonomía. Con los años, puede traducirse en más caídas y peor movilidad.

El National Institute on Aging recuerda que la investigación lleva más de cuatro décadas estudiando los beneficios del entrenamiento de fuerza en personas mayores. La conclusión es clara: trabajar el músculo ayuda a construir cuerpos más resistentes al envejecimiento.

Cambios físicos tras los 40

Ahí entra la advertencia de Fredericson. En la guía de hábitos saludables para los 40 y 50 publicada por Stanford, el especialista insiste en que no basta con hacer ejercicios de fuerza de forma cómoda o casi automática.

Su frase resume el matiz: “Si no entrenas hasta acercarte a la fatiga, puede que mantengas, pero no vas a construir músculo nuevo de verdad”. La idea no es entrenar hasta lesionarse, sino aproximarse al límite muscular.

Ese detalle cambia la forma de entender los cambios físicos tras los 40. Muchas personas creen que levantar algo de peso, hacer máquinas sin esfuerzo real o completar una rutina suave basta para ganar músculo. No siempre es así.

Trabajar cerca de la fatiga significa llegar a un punto en el que solo quedarían una o dos repeticiones posibles con buena técnica. El estímulo debe ser suficiente para que el cuerpo entienda que necesita conservar o construir tejido muscular.

La recomendación encaja con las guías oficiales de actividad física. Los adultos deberían hacer al menos 150 minutos semanales de actividad moderada y sumar dos días de ejercicios de fortalecimiento muscular que impliquen grandes grupos musculares.

Ese entrenamiento puede incluir pesas, bandas elásticas, máquinas, sentadillas, zancadas, flexiones o ejercicios con el propio peso corporal. Lo importante no es levantar cargas enormes, sino aplicar una progresión segura, constante y adaptada al nivel de cada persona.

Fredericson también insiste en no separar fuerza y movimiento diario. Stanford plantea el ejercicio como una herramienta para preservar músculo y densidad ósea, pero también como parte de un estilo de vida más amplio, junto a sueño, alimentación y prevención.

Eso significa que el músculo no se cuida solo en el gimnasio. Caminar, levantarse con frecuencia, subir escaleras, reducir horas sentado y mantener actividad cardiovascular también forman parte de una estrategia de longevidad más completa.

La advertencia es especialmente importante porque la sarcopenia puede avanzar de forma silenciosa. Primero aparece como menor resistencia; después, como pérdida de fuerza; y más tarde, como dificultad para tareas básicas que antes parecían automáticas.

Por eso el mensaje de Fredericson no es alarmista, sino práctico. Después de los 40, el cuerpo cambia, pero no queda condenado a perder funcionalidad. La diferencia está en entrenar con intención, descanso suficiente y constancia.

El músculo, en la madurez, deja de ser un extra estético y se convierte en una protección. Ayuda a moverse mejor, sostener el equilibrio, cuidar el metabolismo y mantener independencia cuando el envejecimiento empieza a pedir una estrategia más seria.