La doctora explica cómo el mal descanso afecta en el día a día.

La doctora explica cómo el mal descanso afecta en el día a día. Cedida

Ciencia

Malena García, médica: "El insomnio aparece más en personas que trabajan por turnos o viajan con frecuencia"

Es un problema que afecta cada vez a más personas debido a los ritmos de vida irregulares, el uso de pantallas y el desajuste del reloj biológico.

Más información: Los psicólogos coinciden: tus hijos no necesitan que les recuerdes lo que se juegan en la Selectividad, sino calma

Publicada
Las claves

Las claves

El insomnio afecta cada vez a más personas, especialmente a quienes trabajan por turnos, viajan con frecuencia o tienen horarios irregulares.

Dormir mal repercute en el ánimo, la concentración, la memoria, el sistema inmunológico y la digestión, generando un círculo vicioso con la salud emocional.

El uso de pantallas y la exposición a la luz artificial por la noche retrasan la producción de melatonina y dificultan el descanso.

La desconexión de los ritmos biológicos naturales y los hábitos modernos contribuyen a la alteración del sueño, convirtiendo el buen descanso en un reto diario.

Hay noches en las que el cuerpo está agotado, pero la mente no se apaga. Se da vueltas en la cama, se miran las horas del reloj y, cuando por fin llega el sueño, ya es tarde.

El insomnio se ha convertido en uno de los grandes problemas de la vida moderna, y no solo afecta al descanso, también se nota en el ánimo, la piel, la energía y la forma en la que vivimos el día a día.

Así lo explica la médica especialista en aparato digestivo Malena García a EL ESPAÑOL, quien aclara que "el insomnio no es solo 'no poder dormir'. Es una alteración del descanso que, cuando se mantiene en el tiempo, afecta a todo el organismo".

Y va más allá. Ese mal descanso activa el estrés interno del cuerpo, altera hormonas y puede influir incluso en la digestión o en el sistema inmunológico.

En la práctica, lo notamos en lo cotidiano. Cansancio que no desaparece, dificultad para concentrarse, más irritabilidad o incluso cambios en el apetito.

Y es que según la doctora, una de las especialistas que más trabaja el eje intestino-cerebro en España, el no descansar también "empeora la concentración, la memoria, el estado de ánimo y la capacidad para gestionar el estrés".

Sin embargo, el impacto no termina ahí. Dormir mal y la salud emocional van de la mano, en un círculo difícil de romper.

"El insomnio y la salud emocional se retroalimentan. La ansiedad o la depresión pueden dificultar el sueño, pero dormir mal también aumenta la vulnerabilidad emocional", detalla.

No obstante, parte de la respuesta a por qué dormimos peor que antes, está en nuestros hábitos diarios.

"Porque vivimos cada vez más desconectados de nuestros ritmos biológicos", explica García. El cuerpo necesita rutinas claras, luz natural por la mañana y calma por la noche, pero la realidad actual es muy distinta.

"Sin embargo, hoy ocurre casi lo contrario. Trabajamos hasta tarde, usamos pantallas antes de dormir, cenamos tarde, recibimos estímulos constantes y mantenemos horarios muy variables."

Todo esto altera nuestro reloj interno, conocido como ritmo circadiano, que regula desde el sueño hasta el metabolismo.

Ante esta situación, está claro que "cualquiera puede sufrir insomnio"; sin embargo, según detallan los expertos, hay perfiles especialmente vulnerables.

"Las personas que trabajan por turnos, viajan con frecuencia o tienen horarios irregulares" son más propensos a sufrirlo. Y es que en estos casos, el desajuste del reloj biológico no solo afecta al sueño, sino también a todo el equilibrio del organismo.

Asimismo, aunque no somos conscientes, las pantallas también juegan un papel clave en este problema. "Su luz, especialmente por la noche, puede retrasar la producción de melatonina", señala la especialista, algo que influye de manera directa en el descanso.

Si alguien llega cansado de trabajar, y encima con el horario cambiado, desconectar con el móvil no es la mejor opción para ellos, ya que su cuerpo vuelve a activarse, impidiéndole descansar de la manera que necesitaría.

Y es que no se trata solo de la luz, "también influye la activación mental que generan el trabajo, las redes sociales, las noticias o los mensajes constantes. El cerebro no llega a la noche en modo descanso, sino en modo alerta".

Es por ello, que los expertos recuerdan que dormir bien, hoy más que nunca, se ha convertido en un acto de autocuidado que hay que completar, aunque para muchos sea un pequeño lujo cotidiano que el cuerpo pide a gritos recuperar.