Víctor Ciudad, investigador de la Universidad de Valencia.

Víctor Ciudad, investigador de la Universidad de Valencia.

Ciencia

Los psicólogos coinciden: pasar muchas horas en redes no te hace adicto, sino si tienes conflictos con tu entorno

El verdadero indicador de alarma aparece cuando el uso de redes comienza a escapar del control individual y genera consecuencias negativas.

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P. G. Santos
Publicada
Las claves

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El tiempo que se pasa en redes sociales no es, por sí solo, un indicador de adicción según un estudio de la Universidad de Valencia.

La verdadera señal de alarma aparece cuando el uso de redes genera conflictos familiares, abandono de responsabilidades o incapacidad para controlar el comportamiento.

Etiquetar cualquier conducta digital como adicción puede ser perjudicial y distorsiona la percepción social del problema.

Los especialistas proponen centrarse en las consecuencias negativas y no en la cantidad de horas conectadas para detectar posibles casos de adicción.

La adicción a las redes sociales se ha asociado siempre a la cantidad de tiempo que se pasa en ellas. Sin embargo, este problema, que cada vez afecta a más jóvenes en España, va más allá. Y es que las verdaderas señales de alarma no apuntan únicamente en esta dirección.

Un estudio liderado desde la Universidad de Valencia (UV), en el que se han analizado las respuestas de unos 190.000 adolescentes de entre 11 y 15 años de 40 países, desmonta ahora esta idea y desplaza el foco hacia otros comportamientos mucho más preocupantes.

Las conclusiones muestran que el tiempo invertido usando redes sociales no constituye una señal de alarma evidente. Los investigadores sostienen que numerosos adolescentes pasan jornadas conectados sin sufrir consecuencias en su vida cotidiana.

"Piensas en Instagram nada más despertarte. Abres TikTok cada vez que tienes un momento libre. Sientes que cada día quieres pasar un poco más de tiempo en redes. ¿Eso te convierte en adicto? No", asegura Víctor Ciudad, investigador de la UV que ha liderado el citado estudio.

De hábito a adicción

El verdadero problema aparece cuando los usuarios comienzan a perder capacidad para controlar ese comportamiento y surgen conflictos con amigos o compañeros escolares.

Discutir en casa por el uso del teléfono, abandonar responsabilidades o sentirse incapaz de reducir el tiempo conectado representan indicadores mucho más relevantes para detectar un posible trastorno. La investigación reclama abandonar interpretaciones simplistas sobre tecnología.

Ciudad advierte de que etiquetar como adicción cualquier conducta digital puede generar efectos contraproducentes entre adolescentes. Utilizar términos clínicos indiscriminadamente favorece sentimientos de culpa y contribuye a distorsionar la percepción social del problema existente.

La investigación cuestiona parte del discurso alarmista difundido durante los últimos años sobre redes sociales y salud mental juvenil. Los autores recuerdan que estas plataformas cumplen funciones comunicativas, educativas y recreativas para millones de jóvenes.

Frente a quienes reducen el debate al número de horas conectado, los especialistas defienden analizar cada caso considerando circunstancias concretas. No todos los adolescentes mantienen la relación emocional con las plataformas digitales ni reaccionan igual ante estímulos permanentes.

Los resultados establecen una diferencia entre hábito y adicción. Mientras el hábito describe conductas integradas dentro de rutinas cotidianas, la adicción implica una pérdida clara de control acompañada por consecuencias negativas, incluso cuando la persona intenta modificar su comportamiento.

Para los investigadores, esta distinción resulta decisiva a la hora de diseñar estrategias preventivas entre menores. En lugar de limitar las horas frente a pantallas, proponen identificar señales relacionadas con aislamiento social, deterioro o conflictos familiares durante largos periodos.

Este estudio coincide con otras investigaciones recientes que también alertan sobre el uso excesivo del término adicción tecnológica. Algunos expertos sostienen que muchos comportamientos digitales responden a hábitos reforzados mediante notificaciones, recompensas inmediatas y dinámicas incorporadas dentro de la rutina.

Pese a ello, los autores recuerdan que existen casos problemáticos donde aparecen patrones compatibles con conductas adictivas. En esas situaciones, los adolescentes pueden experimentar ansiedad, irritabilidad o dificultades para desconectarse, incluso cuando las consecuencias afectan gravemente su bienestar general.