Mapa de nubes en la península Ibérica.

Mapa de nubes en la península Ibérica. iStock

Ciencia

España y Portugal cambian su geografía: se acercan a la placa africana a un ritmo de 6 milímetros al año

Los nuevos datos geodinámicos indican que la Península Ibérica gira lentamente en sentido horario por la presión acumulada entre Eurasia y África.

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Las claves

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España y Portugal se están acercando a la placa africana a un ritmo de 4 a 6 milímetros al año, según un estudio reciente.

La Península Ibérica experimenta una rotación horaria lenta debido a la convergencia de las placas eurásica y africana.

El estudio revela zonas con deformación y posibles fallas activas ocultas, especialmente en áreas como el oeste de los Pirineos y Cádiz-Sevilla.

Estos movimientos tectónicos ayudan a entender la actividad sísmica de la región y mejorar la evaluación del riesgo a largo plazo.

Si miramos un mapa, España y Portugal —igual que el resto de territorios— parecen piezas inmóviles encajadas en el suroeste de Europa. Bajo esa imagen fija, la corteza de la Península Ibérica se desplaza y se deforma lentamente, a un ritmo de apenas milímetros al año.

Un estudio publicado en Gondwana Research ha analizado esta deformación mediante datos de terremotos recientes y mediciones satelitales. El trabajo examina la frontera entre las placas de Eurasia y África.

Según Asier Madarieta, investigador de la Universidad del País Vasco, “la placa eurásica y la africana convergen a un ritmo de 4–6 mm al año”. Ese rango explica el dato máximo del titular.

La cifra resume la convergencia entre placas, un contacto tectónico que deforma lentamente el borde suroccidental de Europa. Nadie puede percibir ese movimiento, pero los instrumentos sí registran su acumulación.

El hallazgo más llamativo es la rotación de Iberia. Los datos sísmicos y GNSS de alta precisión indican que la región experimenta una rotación horaria, en el sentido de las agujas del reloj.

El empuje desde el Estrecho

Ese giro no mueve ciudades ni modifica costas durante una vida humana. Describe un proceso tectónico extremadamente lento, visible solo al combinar registros sísmicos, estaciones satelitales y modelos geodinámicos.

El límite entre placas resulta más claro en el Atlántico y en la zona de Argelia. Al sur de la Península, en cambio, la frontera tectónica se vuelve difusa y compleja.

El dominio de Alborán es una pieza importante de ese sistema. Esta región se desplaza hacia el oeste y favorece el desarrollo del arco activo de Gibraltar, entre las Béticas y el Rif.

Al este del Estrecho, la corteza del arco de Gibraltar absorbe parte de la deformación causada por el choque entre Eurasia y África. Esa absorción reduce la transmisión directa hacia Iberia.

Al oeste del Estrecho ocurre algo distinto. Allí, el contacto entre Iberia y África es más directo, lo que transmite esfuerzos hacia el suroeste peninsular y ayuda a explicar la rotación detectada.

El empuje procedente del suroeste no solo comprime la corteza. También favorece un retorcimiento lento del bloque ibérico, una respuesta acumulada durante periodos geológicos muy largos.

La importancia del estudio está en cómo representa esos esfuerzos. Los campos de deformación permiten señalar zonas donde pueden existir fallas activas ocultas bajo la superficie o estructuras todavía mal cartografiadas.

En la Península hay áreas con deformación y terremotos, pero sin una falla evidente en superficie. Los nuevos datos ayudan a orientar el trabajo de campo y la revisión de mapas tectónicos.

La base QAFI, gestionada por el Instituto Geológico y Minero de España, reúne fallas con evidencias de actividad durante el Cuaternario. Esa información resulta útil para valorar la peligrosidad sísmica.

Madarieta destaca sectores donde todavía hace falta más trabajo geológico, como el oeste de los Pirineos y el área Cádiz-Sevilla. Son zonas relevantes para entender cómo se reparte la deformación.

El estudio no anticipa una amenaza inmediata ni permite saber cuándo ocurrirá un terremoto. Su valor está en mejorar la lectura de la corteza y afinar la evaluación del riesgo a largo plazo.

Los datos modernos todavía cubren una ventana breve. Los registros sísmicos precisos se apoyan sobre todo en observaciones recientes, mientras las redes GNSS de alta precisión se consolidaron desde finales del siglo XX.

El mapa seguirá pareciendo estable durante generaciones. Bajo esa apariencia, la Península participa en una maquinaria tectónica lenta que ayuda a explicar terremotos, fallas y la evolución del Mediterráneo occidental.