El rey Mohamed VI de Marruecos.

El rey Mohamed VI de Marruecos.

Ciencia

Marruecos cambia las normas: demuestra que uno de sus desiertos fue un mar con hasta 200 metros de profundidad

El análisis químico de las rocas revela rastros de carbono que confirman la actividad microbiana en uno de los entornos más extremos del Jurásico profundo.

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J. Rodríguez
Publicada
Las claves

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Un estudio revela que el actual desierto marroquí del Alto Atlas estuvo cubierto por un mar profundo de hasta 200 metros durante el Jurásico.

Se han hallado curiosas estructuras arrugadas en rocas jurásicas, antes atribuidas a organismos fotosintéticos de aguas poco profundas.

La investigación demuestra que estas formaciones fueron creadas por organismos quimiosintéticos, capaces de vivir sin luz solar a gran profundidad.

El hallazgo amplía el conocimiento sobre ecosistemas extremos antiguos y la evolución de la vida en ambientes sin dependencia del sol.

Durante millones de años, lo que hoy parece un paisaje árido en Marruecos estuvo sumergido bajo un mar profundo y oscuro. Un hallazgo reciente en el Alto Atlas cambia lo que sabíamos sobre ese pasado remoto.

Un estudio científico ha identificado unas curiosas "estructuras arrugadas" en rocas jurásicas de la Formación de Tagoudite, una región desértica situada a más de 600 kilómetros de Casablanca, en pleno corazón montañoso.

Este enclave, pese a su clima extremo y su apariencia inhóspita, guarda sedimentos marinos profundos que se remontan al periodo Jurásico. Es decir, restos de un antiguo fondo oceánico ahora elevado a más de 3.000 metros.

Las formaciones descubiertas presentan una sorprendente variedad de formas: crestas alargadas, ondulaciones redondeadas y surcos con relieves afilados o planos. Su tamaño oscila entre unos pocos milímetros y varios centímetros visibles.

Durante años, la comunidad científica interpretó estas marcas como resultado de organismos fotosintéticos propios de aguas poco profundas, donde la luz solar permite el desarrollo de vida basada en la fotosíntesis.

Extrañas arrugas

Sin embargo, la nueva investigación, publicada en la revista Geology, desmonta esa hipótesis. El equipo liderado por la geobióloga Rowan Martindale concluye que estas estructuras se formaron a unos 200 metros de profundidad.

A esa distancia bajo el mar, la luz solar no llega. Por tanto, resulta inviable que organismos fotosintéticos fueran responsables de estas huellas, lo que obligó a replantear completamente su origen biológico.

La clave está en los organismos quimiosintéticos, microorganismos capaces de obtener energía mediante reacciones químicas. En este caso, aprovechaban compuestos como el sulfuro presentes en los sedimentos marinos profundos.

Estos seres microscópicos formaban tapices sobre el fondo oceánico, creando comunidades organizadas que se adherían al sustrato. Con el tiempo, esas estructuras quedaron fosilizadas como las "arrugas" que hoy observan los científicos.

El análisis microscópico y químico de las rocas fue determinante. Los investigadores detectaron concentraciones elevadas de carbono bajo las superficies, una señal clara de actividad biológica en el momento de su formación.

Además, la disposición y morfología de las estructuras encajan con patrones conocidos de actividad microbiana, reforzando la hipótesis de un origen quimiosintético en condiciones de oscuridad total.

Este descubrimiento no solo redefine el origen de estas formaciones, sino que amplía el conocimiento sobre ecosistemas extremos en el pasado geológico de la Tierra, donde la vida prosperaba sin depender del sol.

Según el estudio, estas "arrugas en las turbiditas" abren nuevas vías para investigar cómo evolucionaron los ecosistemas quimiosintéticos en los océanos antiguos, aportando pistas sobre la resiliencia de la vida.