Las aerolíneas representan aproximadamente el 2% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Las aerolíneas representan aproximadamente el 2% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. NASA, SSAI, Edward Winstead

Ciencia

Sudáfrica cambia las normas: en plena crisis del petróleo apunta a Europa con su combustible de avión verde

En mitad del shock del petróleo y del jet fuel, Sudáfrica intenta cambiar de rol: de importador vulnerable a exportador hacia Europa.

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Las claves

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Sudáfrica, a través de la petroquímica Sasol, ha obtenido la certificación ISCC Plus para producir combustible sostenible de aviación apto para la exportación a Europa.

El combustible de Sasol, fabricado a partir de aceites usados y vegetales en su planta de Natref, podría alcanzar una producción de hasta 100 millones de litros anuales en 2030.

Este movimiento posiciona a Sudáfrica como proveedor estratégico para Europa, que busca cumplir los mandatos de mezcla sostenible en aviación ante la crisis energética y la guerra en Oriente Medio.

Sudáfrica enfrenta retos como la certificación de combustibles sintéticos y la necesidad de mantener precios competitivos, pero su potencial de producción de SAF podría llegar a 4.500 millones de litros al año.

Sudáfrica acaba de mover una ficha poco habitual en medio del actual shock energético: en vez de limitarse a sufrir el encarecimiento del combustible, quiere colocarse como proveedor para Europa.

La petroquímica Sasol recibió la certificación ISCC Plus por parte de la alemana TÜV SÜD para su combustible sostenible de aviación, un paso que le abre la puerta a exportar SAF al mercado europeo.

La importancia de este movimiento es que no se trata solo de un sello técnico, sino de un cambio práctico en las reglas del juego: esa certificación permite que el combustible producido por Sasol encaje en estándares reconocidos por compradores europeos justo cuando la UE necesita más suministro para cumplir sus mandatos crecientes de mezcla sostenible en aviación. La regulación ReFuelEU Aviation fija un 2% de SAF desde 2025, 6% en 2030 y 70% en 2050.

Ahí está la clave. Sudáfrica no está aprobando una gran reforma legal nacional de un día para otro, pero sí está adaptando su producción y su certificación para entrar en una cadena de suministro mucho más estratégica.

El movimiento convierte a Sasol en un candidato serio para abastecer una parte de la demanda europea de queroseno verde, en un momento en que la oferta disponible sigue siendo escasa y cara. Además, el contexto no puede ser más oportuno.

Un cambio regulatorio

En marzo de que la guerra con Irán estaba golpeando con fuerza el mercado del jet fuel y que África era especialmente vulnerable, porque una gran parte de sus importaciones de queroseno depende de rutas conectadas con el estrecho de Ormuz. En ese escenario, que Sudáfrica logre colocar en Europa combustible de aviación producido fuera del Golfo adquiere una lectura claramente geopolítica.

También importa cómo se fabrica ese combustible. Sasol está produciendo este SAF a partir de aceites usados de cocina y aceites vegetales en su planta de Natref, que está siendo transformada en una biorrefinería híbrida. La empresa apunta a una producción de hasta 100 millones de litros anuales en 2030, con la posibilidad de llegar a 200 millones si suma aportación desde su complejo de Secunda.

Eso encaja bastante bien con el nuevo tablero energético. Europa necesita recortar emisiones en aviación, pero también asegurar suministro en un momento de combustible caro y disrupciones logísticas. Sudáfrica, por su parte, ve una oportunidad para convertir una capacidad industrial todavía modesta en una palanca exportadora hacia un mercado premium que paga más por cumplimiento regulatorio y descarbonización.

La operación, eso sí, todavía tiene límites. Sudáfrica tiene un gran potencial teórico de producción de SAF (hasta 4.500 millones de litros al año), pero también arrastra obstáculos importantes, entre ellos la certificación de algunos combustibles sintéticos para el mercado europeo y la necesidad de mantener precios competitivos. No es una revolución cerrada, sino una puerta que acaba de abrirse.