Imagen del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Imagen del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. EFE/EPA/Salwan Georges

Ciencia

EEUU da una lección a España: construirá una nueva reserva estratégica de minerales críticos con 10.000 M de euros

El país ha propuesto formar un "bloque comercial" entre países aliados para fortalecer las cadenas de suministro y reducir el monopolio de China.

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P. G. Santos
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Las claves

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Estados Unidos creará una reserva estratégica de minerales críticos valorada en 12.000 millones de dólares, siguiendo el modelo de China.

El Proyecto Bóveda busca garantizar el suministro de materiales esenciales como litio, níquel, cobalto y tierras raras para la industria nacional.

La iniciativa combina financiación pública y privada, y promueve alianzas internacionales para diversificar cadenas de suministro.

El objetivo es proteger sectores clave ante interrupciones y reducir la dependencia global de China en el mercado de minerales estratégicos.

El nuevo pulso geopolítico por los recursos estratégicos ya no se libra solo en los mercados energéticos, sino también en el subsuelo. Estados Unidos ha dado un paso decisivo con el llamado Proyecto Bóveda (Project Vault, en inglés).

Esta iniciativa replica, en clave mineral, la estrategia desplegada durante décadas por China. El plan, anunciado por el propio presidente de EEUU, Donald Trump, contempla la creación de una reserva estratégica de minerales críticos valorada en unos 12.000 millones de dólares.

Su objetivo es claro: garantizar el suministro a la industria nacional ante posibles disrupciones del mercado global. Se trata, en esencia, de una colaboración público-privada destinada a adquirir y almacenar materias primas.

Entre ellas aparecen el litio, níquel, cobalto o tierras raras, fundamentales para sectores como el automóvil eléctrico, la defensa o la tecnología avanzada. Materiales cuya escasez puede paralizar economías enteras.

No es solo almacenamiento

La lógica de este proyecto recuerda a la Reserva Estratégica de Petróleo creada tras la crisis energética de los años 70. Entonces, Washington buscaba blindarse frente a amenazas externas; ahora, el desafío es otro con la creciente dependencia de China en el suministro de minerales.

Y es que Pekín domina buena parte de la cadena de valor global, especialmente en el refinado. Esta posición le otorga una ventaja geopolítica considerable, capaz de influir en precios y condicionar industrias enteras.

EEUU, consciente de esa vulnerabilidad, intenta construir un escudo económico propio. Aunque el proyecto no se limita al almacenamiento, sino que también busca estabilizar precios y fomentar la inversión en minería y procesamiento dentro del territorio y en países aliados.

Para ello, combina financiación pública —principalmente del banco de exportación estadounidense— con capital privado. Además, Washington ha impulsado alianzas internacionales con decenas de países para reforzar cadenas de suministro alternativas.

La estrategia pasa por diversificar fuentes, reducir riesgos y evitar que un solo actor concentre el control de recursos esenciales para la transición energética y digital. En este contexto, el Proyecto Bóveda representa algo más que una reserva: es un instrumento de política industrial y geopolítica.

Pretende proteger a sectores clave frente a interrupciones del suministro y, al mismo tiempo, contrarrestar lo que Estados Unidos considera distorsiones del mercado global. Sin embargo, la iniciativa llega en un momento en el que la competencia por los recursos se intensifica.

La transición energética, la electrificación y el auge de tecnologías como la inteligencia artificial han disparado la demanda de minerales críticos, convirtiéndolos en activos estratégicos de primer orden.

El Proyecto Bóveda se inscribe en una carrera global por asegurar el acceso a las materias primas del futuro. Una carrera en la que China parte con ventaja, pero en la que Estados Unidos ha decidido entrar con fuerza, replicando —y adaptando— el modelo de su principal rival.