Fotografía de Ángel Hidalgo.
Un fotógrafo español capta nuevas imágenes del lince ibérico blanco de Jaén y revela que está cambiando de color
Las nuevas fotos de Ángel Hidalgo muestran a Satureja con tonos más “normales” en patas y cuerpo y no encaja bien en albinismo ni en leucismo.
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El lince ibérico blanco que sorprendió a científicos, conservacionistas y aficionados a la naturaleza el pasado otoño ha vuelto a aparecer en Jaén, pero esta vez con una novedad todavía más desconcertante: está recuperando parte de su coloración habitual.
Nuevas imágenes tomadas por el fotógrafo de naturaleza Ángel Hidalgo muestran que Satureja ya no conserva aquel pelaje completamente blanco que la convirtió en un caso extraordinario. La historia ya era rarísima desde el principio. Hidalgo fotografió por primera vez al ejemplar el 22 de octubre de 2025 en los montes jiennenses, después de semanas de seguimiento con cámaras de fototrampeo.
Aquella aparición se convirtió en un fenómeno internacional porque se trataba del primer lince ibérico completamente blanco documentado en libertad del que se tenga noticia reciente. Lo más interesante ahora es que el animal parece estar dejando atrás esa apariencia fantasmal.
Satureja está cambiando de color coincidiendo con la muda del pelaje de invierno al de verano, y que en las nuevas imágenes ya se aprecian tonalidades más cercanas a las normales en la especie. Recuperando así su color natural.
Ahí está la parte más llamativa del caso. No se trata solo de un lince excepcionalmente blanco, sino de un animal cuya pigmentación parece variar con el tiempo, algo bastante más difícil de encajar en una explicación simple. Las informaciones recientes coinciden en que no hay una causa cerrada.
Una hembra estresada
De hecho, la Junta de Andalucía y los especialistas no encajan a Satureja en un cuadro clásico de albinismo. Ya en octubre de 2025 se descartaba que el animal fuera albino en sentido estricto y se manejaban hipótesis como una despigmentación temporal y reversible, posiblemente relacionada con estrés u otros factores ambientales todavía no aclarados.
Ese matiz resulta importante porque evita convertir el hallazgo en una rareza genética simple y cerrada. Hay un detalle clave en este caso, ya hubo una hembra anterior, llamada Inés, que también perdió color y después lo recuperó tras la muda. Ese precedente refuerza la idea de un fenómeno reversible ligado al pelaje y no necesariamente a una alteración pigmentaria permanente.
También pesa mucho que el animal parezca encontrarse en buen estado. Las nuevas fotografías muestran a Satureja saludable y acompañada por uno de sus cachorros del año anterior, que presenta una coloración normal. Eso sugiere que, al menos por ahora, esta anomalía cromática no ha impedido ni su reproducción ni una vida aparentemente funcional en el medio.
La noticia gana incluso más fuerza porque llega en un momento muy delicado y muy positivo a la vez para la especie. El lince ibérico sigue siendo uno de los grandes emblemas de la conservación en España, y cualquier rareza tan visible dispara una atención pública enorme. Precisamente por eso Hidalgo ha evitado difundir la ubicación exacta del ejemplar, una precaución lógica para reducir molestias, curiosidad invasiva o riesgos de furtivismo.
Un lince blanco estable habría sido llamativo, sí, pero relativamente fácil de encuadrar en una alteración pigmentaria rara. En cambio, un ejemplar que pierde color y luego lo recupera obliga a pensar en procesos fisiológicos, ambientales o genéticos bastante más complejos y todavía mal entendidos.
También hay un aspecto simbólico imposible de ignorar. El lince ibérico ha pasado en apenas unas décadas de ser una especie al borde del colapso a convertirse en uno de los casos de recuperación más celebrados de Europa. Que uno de esos animales reaparezca ahora en Jaén con una coloración casi irreal y, meses después, vuelva a mudar hacia su aspecto común, añade una narrativa poderosísima a esa épica de conservación.