Oso pardo

Oso pardo Canva

Ciencia

Los científicos coinciden: ante el ataque de un oso pardo, esto es lo que debes hacer para evitar situaciones de riesgo grave

El crecimiento del oso pardo en España obliga a extremar precauciones en rutas de montaña y zonas donde su presencia es cada vez más habitual.

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

La población de oso pardo en España ha crecido gracias a programas de conservación, superando los 400 ejemplares en la Cordillera Cantábrica y cerca de 100 en los Pirineos.

El oso pardo ibérico suele evitar el contacto humano, pero puede mostrarse peligroso si está herido, es una hembra con crías o se le sorprende alimentándose o en su refugio.

Ante un encuentro, los expertos recomiendan retirarse lentamente y sin hacer ruido si el oso no ha detectado a la persona. Si el oso se acerca, hay que hacerse visible sin mostrar agresividad.

Nunca se debe huir corriendo ni atacar al oso. En caso de ataque, se aconseja adoptar posición fetal, permanecer inmóvil y proteger la cabeza y el rostro para minimizar el riesgo.

El aumento de la fauna salvaje en España está cambiando la relación entre humanos y naturaleza. En este nuevo escenario, saber cómo reaccionar ante encuentros con animales como el oso pardo se ha vuelto fundamental.

La recuperación del oso pardo (Ursus arctos) en territorio español es uno de los mayores éxitos de conservación de las últimas décadas. Su población ha crecido notablemente, superando los 400 ejemplares en la Cordillera Cantábrica en 2025, mientras que en los Pirineos ronda el centenar.

Este crecimiento ha sido posible gracias a programas de protección que han permitido recuperar una especie históricamente amenazada. A diferencia de sus parientes norteamericanos, como el oso grizzly, el oso pardo ibérico presenta un comportamiento generalmente más tranquilo y evita el contacto humano.

De hecho, los encuentros con personas son extremadamente raros. Su desarrollado sentido del olfato y del oído les permite detectar la presencia humana a gran distancia, lo que facilita que se alejen antes de ser vistos.

Sin embargo, existen situaciones en las que el riesgo aumenta. Un oso puede mostrarse peligroso si está herido, si se trata de una hembra con crías o si es sorprendido mientras se alimenta o en su refugio.

Cinco claves

Ante un encuentro cercano, los expertos insisten en mantener la calma. Si el animal no ha detectado la presencia humana, lo más recomendable es retirarse lentamente, evitando hacer ruido que pueda llamar su atención.

En caso de que el oso avance hacia la persona, la estrategia cambia. Es importante hacerse visible sin resultar agresivo, aumentando el tamaño corporal con movimientos y utilizando una voz firme para que el animal identifique correctamente la situación.

Uno de los errores más graves es intentar huir corriendo o atacar al animal. Estas acciones pueden desencadenar una respuesta defensiva que aumente el peligro, por lo que deben evitarse en cualquier circunstancia.

En muchas ocasiones, el comportamiento del oso puede parecer intimidante sin ser realmente un ataque. Puede erguirse sobre dos patas, gruñir o aparentar mayor tamaño como forma de advertencia antes de retirarse.

En el improbable caso de un ataque real, la recomendación es adoptar una posición fetal, permanecer inmóvil y proteger la cabeza y el rostro. Esta reacción reduce la percepción de amenaza por parte del animal.

Para reducir riesgos, los excursionistas deben seguir pautas básicas como no dejar restos de comida, evitar zonas no transitadas y alejarse de animales muertos que puedan atraer a estos grandes mamíferos.