Ni en el Pardo ni en Guadarrama: el zorro invade los pueblos de España y conquista jardines y zonas urbanas
Ni en el Pardo ni en Guadarrama: el zorro invade los pueblos de España y conquista jardines y zonas urbanas
La presencia del zorro rojo en entornos urbanos es un fenómeno creciente en España y la situación va en aumento: cada vez hay más avistamientos.
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Cada vez hay más avistamientos de zorros en España, tanto en todo tipo de urbanizaciones como en su propio hábitat natural. Lo que antes era un encuentro fortuito que se producía en zonas concretas, ahora es una escena habitual en calles iluminadas y jardines privados durante la madrugada.
Conocido por su astucia, el animal ha demostrado tener una capacidad adaptativa increíble en lo que respecta a ambientes humanos, perdiendo el miedo al ruido de los coches y hasta a la propia infraestructura: es uno más dentro de la comunidad y ya no se siente intimidado por las personas ni tampoco por sus rutinas.
Expertos señalan que el principal motor de este desplazamiento es la disponibilidad de alimento fácil y abundante. Las urbanizaciones ofrecen a los zorros recursos que el medio natural no puede proporcionar de manera constante: restos de basura orgánica, cuencos de comida para mascotas, etc.
Gracias a esta inmensa fuente, la especie ya no tiene que esforzarse para cazar en campo abierto, por lo que se acomoda allí donde sabe que puede encontrar alimentos de manera sencilla. Se establecen con madrigueras en parcelas, generalmente abandonadas o próximas a zonas verdes, y se integran en el ecosistema urbano con discreción.
Los zorros no paran de crecer en España.
A pesar de que, por su aspecto agradable, puede despertar curiosidad, las autoridades son claras y advierten que hay que mantener las distancias en todo momento: existen riesgos en esta situación invasiva y hay que tener cuidado porque los zorros son portadores de enfermedades graves.
El contacto estrecho con humanos y animales domésticos puede facilitar la transmisión de enfermedades parasitarias, como la sarna, o virus como la rabia en zonas donde no está erradicada. Es decir, que no hay que aproximarse a ninguno y siempre hay que dar la alerta a los profesionales.
Uno más en las urbanizaciones
Además, la dependencia del alimento proporcionado por el hombre altera sus instintos naturales, convirtiéndolos en ejemplares vulnerables a atropellos y otros accidentes derivados de la vida en la ciudad.
Para evitar cualquier tipo de interacción o que los zorros se aproximen a nuestro hogar, lo más sencillo es evitar darles de comer o facilitarles el acceso a los alimentos. Es complicado, porque estos animales se cuelan por cualquier sitio, pero se pueden establecer medidas de seguridad en la medida de lo posible.
Por ejemplo, es recomendable mantener los cubos de basura bien sellados y no dejar comida de mascotas a la intemperie. La gestión de esta fauna urbana requiere un equilibrio entre el respeto por la biodiversidad y la concienciación ciudadana para evitar que la situación acabe siendo un peligro para la seguridad pública.