Un lince ibérico en el área de reintroducción de los Montes de Toledo.

Un lince ibérico en el área de reintroducción de los Montes de Toledo. EFE/Ismael Herrero

Ciencia

Ni Doñana ni Sierra Morena: el lince ibérico conquista otro gran feudo en España y deja un dato histórico

El censo 2024 marca 2.401 linces y un +19% anual: la recuperación se consolida y la especie vuelve a ganar territorio en Andalucía.

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Las claves

La población del lince ibérico en la península alcanzó los 2.401 ejemplares en 2024, un 19% más que el año anterior.

La especie ha expandido su presencia a las Sierras Subbéticas en Córdoba, consolidando nuevos territorios fuera de sus enclaves tradicionales.

Andalucía cerró 2024 con 836 linces y un incremento notable de hembras reproductoras y cachorros.

Aunque el lince ha pasado de “En Peligro” a “Vulnerable”, sigue enfrentando amenazas como atropellos, fragmentación del hábitat y dependencia del conejo.

Durante mucho tiempo, el lince ibérico fue casi un símbolo del retroceso: una joya de la fauna peninsular arrinconada en muy pocos enclaves, con una población tan hundida que su desaparición parecía una posibilidad real. Hoy el relato es otro.

El censo de 2024 elevó la población total a 2.401 individuos en la península ibérica, con 1.557 adultos o subadultos y 844 cachorros nacidos ese mismo año. El crecimiento fue del 19% respecto a 2023 y confirmó uno de los grandes casos de recuperación de fauna amenazada en Europa.

Ese salto general también se está notando en el mapa andaluz, donde la especie ya no depende solo de sus nombres más icónicos. Ni Doñana ni Sierra Morena agotan ya la historia del lince.

Uno de los movimientos más significativos de los últimos meses ha sido la confirmación de presencia en las Sierras Subbéticas cordobesas, un territorio donde el hallazgo de una hembra adulta, conocida como Igabrum, se interpretó como un hito de expansión natural en el centro de Andalucía. No era una simple observación aislada, sino la señal de que la especie empieza a explorar y consolidar áreas nuevas.

El dato histórico no es solo territorial. Andalucía cerró 2024 con 836 linces, 78 más que el año anterior, y sigue concentrando una parte decisiva de la recuperación de la especie. La Junta subrayó además el aumento de territorios reproductores y cachorros, mientras el ministerio recordó que en 2024 había 470 hembras reproductoras en toda la península.

Una especie en recuperación

Son cifras que ilustran hasta qué punto el lince ha dejado atrás el borde del abismo, aunque todavía no haya alcanzado el estado de conservación favorable que marcan algunos objetivos técnicos.

La importancia de esta expansión va mucho más allá del titular amable. Que el lince colonice o use nuevos territorios significa que hay más conectividad, más disponibilidad de hábitat y, sobre todo, una base demográfica mucho menos frágil que hace veinte años.

En 2001 quedaban apenas decenas de ejemplares maduros; hoy la especie ya ha sido rebajada por la UICN de “En Peligro” a “Vulnerable”, un cambio que no equivale a misión cumplida, pero sí a una mejora objetiva y excepcional.

Eso no significa que el problema esté resuelto. Las amenazas siguen ahí: atropellos, fragmentación del hábitat, dependencia del conejo y necesidad de mantener corredores ecológicos funcionales.

De hecho, el propio seguimiento oficial insiste en que el crecimiento debe sostenerse en el tiempo para consolidar una metapoblación realmente robusta. El lince ha dado un salto enorme, pero un éxito de conservación puede frenarse rápido si la gestión se relaja justo cuando mejor parecen ir las cosas.