Un acuífero.

Un acuífero.

Ciencia

La ciudad española con Patrimonio de la Humanidad que puedes recorrer a pie: tiene 80 km2 de agua subterránea

En los próximos años los científicos van a investigar la capacidad y la calidad del agua de este misterioso mar oculto

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J. Rodríguez
Publicada

Las claves

Bajo la comarca del Segrià, en Lleida, existe un acuífero subterráneo de 80 km2 llamado Planes de Raimat-Monreal.

Este mar subterráneo se extiende a lo largo de 30 km y funciona como una esponja natural, alimentándose de lluvias y riego agrícola.

El acuífero se formó sobre antiguos cauces fluviales de los Pirineos y es invisible desde la superficie, funcionando de manera independiente.

Más del 90% del acuífero muestra impactos moderados por vertidos urbanos e industriales; se realizarán análisis entre 2028 y 2033 para evaluar su capacidad y calidad.

Si visitas la comarca del Segrià, donde se encuentra la ciudad catalana de Lleida, lo más probable es que no veas un gran mar que se extiende en esta región del interior. Y es que se encuentra por debajo de la tierra, aunque tiene una gran extensión.

Así lo ha confirmado la Confederación Hidrográfica del Ebro: existe una extensión de agua de 80 kilómetros cuadrados subterránea bajo una inmensa zona agrícola y ha recibido el nombre de acuífero Planes de Raimat-Monreal.

Para comprender el tamaño de esta reserva hídrica hace falta señalar que este sistema se extiende a lo largo de unos 30 kilómetros de norte a sur, con menos de 10 kilómetros de ancho máximo y forma triangular alargada.

Este mar oculto se encuentra bajo campos de cultivo entre localidades como Alfarràs, Alcarràs, Raimat y El Pla de la Font, muy cerca de Lleida, en un entorno accesible y aparentemente ordinario.

El acuífero funciona como una gigantesca esponja natural. Se alimenta de la filtración lenta de la lluvia y del exceso de riego agrícola, especialmente procedente del Canal de Aragón y Cataluña.

Exige cautela

Los sedimentos porosos del subsuelo, formados por arenas y gravas, permiten que el agua se infiltre y permanezca almacenada durante largos períodos, creando un sistema natural de almacenamiento de enorme valor.

Sin embargo, lo más fascinante es su origen. Hace millones de años, esta llanura fue una red de ríos y de zonas inundables procedentes de los Pirineos, cuyos restos aún permanecen bajo tierra.

Ese pasado explica la capacidad del terreno para retener agua: el subsuelo actúa como un recipiente natural que conserva la huella de antiguos cauces fluviales desaparecidos con el paso del tiempo.

Que este acuífero haya pasado desapercibido hasta ahora tiene varias razones. La primera es que no es visible en la superficie y no hay señales evidentes en el terreno que lo delaten, además funciona de manera independiente.

A pesar de la ilusión por el hallazgo, los expertos señalan que hay que observarlo con cautela. Todavía no existe suficiente información para determinar cuánta agua es realmente aprovechable, tampoco sobre su calidad.

Preocupa también su evolución en el futuro: el sistema ya presenta cierta presión ambiental y es que más del 90% del acuífero muestra impactos moderados derivados de vertidos urbanos e industriales.

El ciclo del agua en este entorno continúa activo. El agua entra mediante lluvias y riego y sale a través de manantiales y cursos fluviales, como el que conduce al río Clamor Amarga.

Entre los años 2028 y 2033, los expertos van a realizar análisis sobre la capacidad real de este mar, la calidad de sus aguas y los posibles usos que tiene.