Los científicos no dan crédito: descubren la existencia de un "planeta imposible" que desafía todo lo que sabemos
Los científicos no dan crédito: descubren la existencia de un "planeta imposible" que desafía todo lo que sabemos
Un equipo de investigadores ha hallado de forma inesperada un mundo que, realmente, no debería estar ahí ni existir.
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No es la primera vez que los expertos se quedan sin palabras al realizar un hallazgo en el espacio exterior, pero puede que esta vez los mayores profesionales del sector se hayan quedado verdaderamente atónitos por haber dado con un planeta que, realmente, no debería existir. O por lo menos no como ha sido descubierto.
Un equipo de astrónomos liderado por la Universidad de Oxford ha identificado que un exoplaneta, bautizado como L 98-59 d, que pertenece a una clase de mundos que hasta ahora era desconocida y se describía como "imposible", porque desafía las categorías tradicionales de planetas pequeños.
Su descubrimiento rompe la base que usábamos para entender el universo, porque aunque parezca un hallazgo más, este no es solo un planeta más: es una prueba de que nuestra lista de tipos de planetas estaba incompleta y que en realidad puede haber muchísimos más de lo que pensamos, con mil y una composiciones.
El planeta en cuestión está a 35 años luz de la Tierra y es aproximadamente 1,6 veces el tamaño de nuestro mundo, con una densidad inusualmente baja. Antes se pensaba que esto se debía a la presencia de mucha agua, pero el nuevo estudio indica que su ligereza se debe a la interacción química entre su interior fundido y su atmósfera sulfurosa.
Este nuevo planeta cambia lo que sabíamos.
Un nuevo planeta que lo cambia todo
Hasta ahora, se creía que los planetas pequeños eran o rocosos -como la Tierra, por ejemplo- o mundos acuáticos. Pero este L 98-59 d demuestra que existe una tercera vía: planetas con interiores de magma y atmósferas de azufre que no encajan en ninguna de las dos categorías y que abren una nueva puerta.
No obstante, es un planeta que en realidad parece a priori "un gran horno" de azufre y lava, y los científicos ahora son más cautelosos: esto nos enseña que un planeta puede parecer amigable por su tamaño y distancia a su estrella, pero ser químicamente hostil.
Si un planeta así puede existir, significa que los procesos químicos durante el nacimiento de un sistema solar son mucho más caóticos y variados de lo que decían los modelos matemáticos de Oxford y la NASA.
Los datos del Telescopio James Webb adelantan que su atmósfera es densa y rica en sulfuro de hidrógeno -una especie de gas que se dice que puede oler a huevos podridos- y otros compuestos de azufre, algo que no encaja con los modelos de planetas rocosos o mundos de agua conocidos.
Lo mejor es que esta investigación ha acabado demostrando que el James Webb está preparado para todo mediante una proeza técnica: confirma que ya tenemos la tecnología para dar con la química de mundos distantes con una precisión increíble. Ahora, no obstante, toca ponerse manos a la obra con este nuevo mundo para descubrir todos sus secretos.