Un radar de penetración terrestre revela un sistema fluvial perdido hace mucho tiempo.

Un radar de penetración terrestre revela un sistema fluvial perdido hace mucho tiempo. NASA/JPL/UCLA/UiO/ETH Zúrich

Ciencia

La NASA no da crédito: descubre una estructura fluvial subterránea en Marte tan antigua que no debería estar ahí

El radar RIMFAX revela bajo Jezero un delta más antiguo enterrado: señales de ríos en varias fases y más tiempo de agua líquida del que se pensaba.

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Las claves

El rover Perseverance ha detectado una estructura fluvial subterránea en Marte, más antigua que el delta visible de Jezero.

El radar RIMFAX ha revelado capas de sedimentos, canales y lóbulos enterrados, indicando fases sucesivas de actividad fluvial en el pasado marciano.

El hallazgo sugiere que Marte tuvo una época húmeda más prolongada, aumentando la posibilidad de que existieran nichos habitables y huellas geoquímicas conservadas en el subsuelo.

La investigación reabre el debate sobre cuánto tiempo existió agua líquida en Marte y cómo se mantuvieron las condiciones necesarias para formar estos depósitos.

El rover Perseverance acaba de añadir una capa nueva —literal— a la historia del agua en Marte. Bajo el delta visible de Jezero, el radar RIMFAX ha dibujado un segundo paisaje fluvial enterrado, más antiguo, que sugiere que los ríos no fueron un episodio breve, sino una sucesión de fases.

El hallazgo se apoya en una herramienta de análisis concreta: ondas de radar atravesando el subsuelo. A lo largo de decenas de recorridos, el instrumento ha “iluminado” estructuras a más de 35 metros de profundidad y ha devuelto una imagen estratificada de sedimentos depositados por agua en movimiento.

La pieza clave es la llamada Margin unit, un paquete de rocas rico en carbonatos y olivino que ya desconcertaba desde órbita. En superficie parecía una transición rara entre el abanico fluvial y el borde del cráter; por debajo, el radar sugiere una arquitectura típica de deltas.

Los investigadores describen capas inclinadas, lóbulos y canales enterrados: firmas que en la Tierra suelen aparecer cuando un río entra en una cuenca y va dejando sedimentos en abanico. No es una caverna bajo el delta, sino un delta anterior, sepultado por la historia posterior del cráter.

El detalle que cambia el guion es el calendario implícito. El delta que Perseverance recorre se sitúa cerca de los ~3.7 miles de millones de años, pero el paquete subterráneo apunta a actividad fluvial aún más temprana, ampliando la ventana de habitabilidad potencial.

Una época húmeda más larga

La campaña de medidas no fue puntual: se recolectó un perfil continuo mientras el rover avanzaba, sumando varios kilómetros de trayecto y decenas de pasadas. Al combinar secciones, el equipo propone que el conjunto podría alcanzar del orden de 85–90 metros de espesor total.

En términos planetarios, eso importa por una razón simple: el agua líquida es tiempo, y el tiempo es oportunidad. Si Jezero sostuvo circulación y depósitos en más de una etapa, también aumenta la probabilidad de que existieran nichos estables donde la química —o la biología— dejara huellas.

Además, el subsuelo tiene fama de conservar mejor. Los sedimentos finos y las capas protegidas de radiación y oxidación pueden guardar minerales formados en agua y, con suerte, señales geoquímicas más delicadas que en la superficie marciana, castigada durante eones por partículas energéticas.

La prudencia científica, aun así, sigue siendo obligatoria. Un radar no “ve” agua; interpreta contrastes dieléctricos y geometrías internas. La lectura funciona por analogía con deltas terrestres y por coherencia con el contexto geológico, pero exige casar cada patrón con rocas reales y, cuando se pueda, con muestras.

Ahí entra el valor estratégico de Perseverance: el rover no solo observa, también taladra, selecciona y almacena testigos. Si el paquete enterrado está relacionado con los mejores periodos de habitabilidad, identificar qué materiales lo representan en superficie puede afinar qué tubos merecen el billete de vuelta.

El trabajo también reabre un debate sobre el planeta rojo: cuánto duró realmente el Marte “húmedo”. Entre canales fosilizados, minerales hidratados y ahora deltas apilados, el planeta empieza a parecer menos como un interruptor de “agua sí/agua no” y más como un sistema que fue y vino.

Para los equipos de modelización climática, esta clase de estratigrafía es oro. Obliga a explicar no solo que existió agua, sino cómo se sostuvo lo bastante como para depositar, erosionar y volver a depositar, sin borrar por completo las pistas anteriores en el proceso.