El alga asiática invasora ‘Rugulopteryx okamurae’ en la Praia das Moitas, en el municipio de Cascais (Portugal), en una imagen de archivo.

El alga asiática invasora ‘Rugulopteryx okamurae’ en la Praia das Moitas, en el municipio de Cascais (Portugal), en una imagen de archivo. EFE Carlota Ciudad

Ciencia

La invasión que transforma el Mediterráneo: detectan una especie invasora que puede generar hasta 600 clones

Esta alga asiática invasora, detectada por primera vez en Ceuta en 2015, ha conquistado ya prácticamente todo el litoral peninsular, salvo Baleares.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

El alga Rugulopteryx okamurae, originaria del Pacífico asiático, se reproduce de forma clónica, generando hasta 600 réplicas por individuo y expandiéndose rápidamente en el litoral español.

La invasión de esta especie ha causado densidades de hasta 3.000 individuos por metro cuadrado, cubriendo los fondos marinos y generando toneladas de biomasa que acaban varadas en las playas.

El impacto económico y ecológico es severo: dificulta la pesca, supone elevados costes de limpieza y altera gravemente los ecosistemas marinos, desplazando especies autóctonas.

El alga ya ha sido detectada en todas las comunidades autónomas costeras de España, excepto Baleares, y los expertos advierten que la propagación puede acelerarse si no se refuerzan los controles marítimos.

Imagina un organismo capaz de multiplicarse por 600 a partir de un solo individuo, seis veces al año, sin necesidad de pareja. Eso es exactamente lo que hace Rugulopteryx okamurae, un alga parda originaria de las costas asiáticas del Pacífico.

Hace apenas una década que se detectó en Ceuta, pero ya está desencadenando una de las invasiones biológicas más agresivas que ha sufrido el litoral español en su historia reciente.

La especie se reproduce exclusivamente por mecanismos clónicos: de cada planta crecen cientos de minúsculas réplicas en miniatura que se desprenden y colonizan nuevos fondos.

En las praderas de posidonia del estrecho de Gibraltar, investigadores de la Universidad de Málaga llegaron a contabilizar entre 1.000 y 3.000 individuos por metro cuadrado. Una densidad que supera con creces la capacidad de carga del fondo marino.

Un impacto devastador

Esa imposibilidad de fijación masiva al sustrato es la razón por la que toneladas de biomasa acaban varadas en las playas. Estos depósitos, conocidos como arribazones, son considerados residuos sólidos urbanos, y su recogida recae sobre los ayuntamientos costeros.

En Tarifa se estima que los costes de retirada y la caída en las capturas pesqueras pueden suponer hasta tres millones de euros al año.

El impacto sobre la pesca es devastador y directo. Las redes de trasmallo y los palangres de fondo quedan inutilizados cuando el alga los atrapa, obligando a los marineros a romperlos.

Las especies demersales —rodaballos, rapes, lenguados— pierden hábitat mientras los fondos quedan sepultados bajo una alfombra vegetal que reduce la visibilidad del agua y altera drásticamente los ecosistemas bentónicos de todo el litoral.

Desde Almería hasta la Costa Brava, pasando por Galicia, Cantabria, Asturias y Canarias, el alga ya ha sido detectada en todas las comunidades autónomas con litoral, salvo Baleares.

En Cataluña, donde se identificó en 2024, los expertos advierten de que la experiencia en Portugal o Palermo demuestra que, en un par de años, las progresiones pueden volverse vertiginosas e imparables .

Riesgo de nuevas invasiones

El vector de entrada más probable es el agua de lastre de los grandes mercantes procedentes de Asia que recalan en los puertos del Estrecho. El convenio BWM de la Organización Marítima Internacional obliga a cambiar estas aguas a más de 200 millas de la costa.

Sin embargo, su cumplimiento sigue siendo irregular. Mientras esa fiscalización no se refuerce, los científicos advierten que nuevas invasiones seguirán produciéndose de forma casi inevitable.

Erradicar la especie es, a día de hoy, una tarea imposible en un entorno tan vasto como el mar. La única salida viable pasa por la gestión y la investigación aplicada.

Desde la Junta de Andalucía se autorizó, el pasado año, un proyecto para estudiar el uso del alga como fertilizante y bioestimulante agrícola, intentando convertir un problema ambiental de primer orden en un recurso económico sostenible.

Lo que está en juego es mucho más que la limpieza de unas playas. Rugulopteryx okamurae está reconfigurando silenciosamente los ecosistemas del litoral español, empobreciendo una biodiversidad marina que tardó milenios en consolidarse y que, una vez perdida, no tiene ninguna garantía de recuperación.