Imagen de una 'Rhinella marina' encontrada en un parque en el noreste de Australia.

Imagen de una 'Rhinella marina' encontrada en un parque en el noreste de Australia. EFE

Ciencia

Ni pez león ni mejillón cebra: la especie invasora que pone en peligro el ecosistema de España al poner 35.000 huevos

El peligro real de este anfibio no reside en su comportamiento agresivo, sino en su extraordinaria capacidad reproductora y en la toxicidad de su piel.

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P. G. Santos
Publicada

Las claves

El sapo marino (Rhinella marina), una especie invasora originaria de América, ha sido detectado en España y representa una amenaza para la biodiversidad.

Este anfibio puede poner más de 35.000 huevos por puesta y su piel segrega una toxina peligrosa para depredadores, mascotas y personas.

El sapo marino es portador de un hongo letal, la quitridiomicosis, responsable de la extinción de 90 especies de anfibios y que ya ha causado estragos en España.

Expertos recomiendan prevención, detección temprana y control riguroso para evitar una invasión masiva como la que sufrió Australia.

Un anfibio de aspecto inofensivo, robusto, cubierto de verrugas y capaz de poner más de 35.000 huevos en una sola puesta puede convertirse en el mayor enemigo silencioso de la biodiversidad española. Se trata del sapo marino (Rhinella marina), también conocido como sapo gigante.

Esta especie invasora procedente de América Central y del Sur ya se ha detectado en España. Aunque su presencia aún es limitada, pues el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras solo recoge ejemplares sueltos, probablemente escapados de terrarios o liberados por particulares.

Sin embargo, los expertos coinciden en que la detección de estos individuos aislados es ya una señal de alarma que las autoridades no deben ignorar ni un solo día.

El peligro real de este anfibio no reside en su comportamiento agresivo, sino en su extraordinaria capacidad reproductora y en la toxicidad de su piel.

Las glándulas parotoides que flanquean su cabeza segregan bufotoxinas capaces de matar a depredadores, mascotas domésticas e incluso provocar ceguera temporal en personas que entren en contacto directo con la sustancia.

Más allá del veneno, el sapo marino constituye una amenaza para la cadena trófica completa. Su dieta es omnívora e indiscriminada: devora insectos, reptiles, aves pequeñas, otros anfibios e incluso carroña.

Este comportamiento puede reducir drásticamente las poblaciones de especies autóctonas en cuestión de meses, sin que sea necesario un gran número de individuos para provocar el desequilibrio.

Portador de una enfermedad

A ese impacto directo se suma una amenaza biológica aún más temida por los especialistas: la quitridiomicosis. El sapo marino es portador del hongo Batrachochytrium dendrobatidis, el patógeno que ya ha causado la extinción de 90 especies de anfibios en todo el planeta, según los datos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

España es uno de los países con mayor riesgo, dado que alberga especies endémicas especialmente vulnerables. El primer caso europeo de quitridiomicosis fue detectado precisamente en nuestro país, en el sapo partero común del macizo de Peñalara, a finales de los años 90.

Desde entonces, diversas comunidades autónomas han puesto en marcha programas de cría en cautividad para salvar poblaciones diezmadas por el hongo, una enfermedad que ataca la piel de los anfibios y les genera un fallo cardíaco fulminante.

La introducción del sapo marino podría reactivar esa crisis con una virulencia inédita. Sus renacuajos sobreviven en charcas salobres, zanjas y zonas encharcadas urbanas, lo que facilita enormemente su dispersión por hábitats muy distintos dentro de la Península.

Solo necesita una pareja, agua suficiente y temperatura adecuada para colonizar un nuevo territorio. Ante este escenario, los expertos insisten en que la única estrategia verdaderamente eficaz es la prevención.

La identificación temprana de ejemplares sueltos, la retirada inmediata de puestas, el drenaje de estanques y el uso de mallas metálicas de al menos 50 centímetros de altura son algunas de las medidas recomendadas en los protocolos oficiales de control de especies invasoras.

España tiene todavía la ventaja de actuar antes de que el problema se vuelva incontrolable. Otros países, como Australia, ya aprendieron por las malas lo que significa convivir con el Rhinella marina: millones de ejemplares, ecosistemas devastados y décadas de intentos fallidos por revertir el daño.