Halterofilia femenina en las Olimpiadas de París.

Halterofilia femenina en las Olimpiadas de París. EP

Ciencia

Ni proteínas ni creatina: la bacteria intestinal que te pone fuerte y que están desarrollando unos científicos españoles

Al colocar la bacteria Roseburia inulinivorans de la microbiota humana en ratones, los animales ganaron hasta un 30% de fuerza física.

Más información: López-Goñi, microbiólogo: "Existe un eje cerebro-intestino, por eso los problemas digestivos nos ponen de mal humor"

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Las claves

Científicos españoles han identificado la bacteria intestinal Roseburia inulinivorans, relacionada con un aumento de fuerza muscular.

Introducir esta bacteria en ratones sanos incrementó su fuerza muscular hasta un 30% sin necesidad de ejercicio.

El hallazgo podría dar lugar a un suplemento nutracéutico útil para combatir la sarcopenia y mejorar la salud muscular en personas mayores.

La presencia de Roseburia inulinivorans se puede aumentar con una dieta rica en fibra y alimentos como la alcachofa o el ajo, así como con ejercicio físico.

La microbiota intestinal está adquiriendo cada vez más relevancia en la salud a medida que se siguen publicando estudios científicos. No sólo contribuye a la digestión y es una zona clave para el sistema inmune, sino que esta comunidad habla con el resto del cuerpo.

Probablemente, ya hayas escuchado hablar del eje intestino-cerebro —la conexión entre ambos órganos que puede mejorar nuestra salud mental o incluso ayudarnos a adelgazar modulando la sensación de hambre—, pero nunca del eje intestino-músculos.

Aunque algunos científicos sospechaban de su existencia, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa Gut la ha confirmado. Y, además, este estudio tiene una gran presencia de investigadores españoles. Los autores han dado con una bacteria que aumenta la fuerza.

Jonatan Ruiz, catedrático del departamento de Educación Física y Deportiva de la Universidad de Granada (UGR) y autor del estudio, explica que el hallazgo, como otros muchos en ciencia, "ocurrió por casualidad" cuando estudiaban otros objetivos.

En el año 2018, cuando una investigación se planteó tratar la infección por Clostridium difficile con un trasplante fecal, el grupo de investigadores se preguntó si al transferir heces de deportistas a personas sedentarias, se transferían también los beneficios del deporte.

"La respuesta a esa pregunta fue un 'no'", señala Borja Martínez Téllez, investigador de la Universidad de Alicante (UAL) y también autor del estudio. En cualquier caso, esa pregunta fue fundamental para seguir explorando la relación entre microbiota y músculos.

Y entonces dieron con la bacteria Roseburia inulinivorans, un microorganismo que siempre encontraban con más frecuencia en los jóvenes con mejor fuerza muscular y capacidad aeróbica. La buscaron después en las personas mayores, pero era escasa.

"Nuestra hipótesis es que cuanto más mayor fuera la persona, menos Roseburia inulinivorans habría en su organismo", explica Ruiz. Y así fue, pero incluso en estos casos, las personas mayores con más bacterias de este tipo mostraban tener más fuerza.

Este hallazgo fue impresionante, pero a pesar de ello sólo era una observación. La causalidad entre la presencia de la bacteria y el aumento de la fuerza muscular no estaba probada. Hasta entonces. Aquí el estudio publicado en Gut aporta la pieza fundamental.

Un éxito en ratones

Los autores —entre los que hay investigadores neerlandeses del Leiden University Medical Center, además de españoles de la UGR y la UAL— introdujeron la Roseburia Inulinivorans procedente de microbiota humana en los intestinos de un grupo de ratones sanos.

Otros ratones del estudio recibieron placebo u otras bacterias diferentes a la que estudiaban los investigadores. "Vimos que los ratones aumentaban su fuerza muscular un 30% sin que hicieran ejercicio. Al darles la bacteria se pusieron más fuertes", dice Martínez Téllez.

"Sugiere, de esta forma, que el intestino interviene también en la salud del músculo", apunta Ruiz. "Somos los primeros que demostramos, de una manera bastante sólida, que el eje intestino-músculo existe", reivindica Martínez Téllez.

Este estudio tiene una aplicación inmediata, tal y como señalan estos dos investigadores. "El estudio lleva una patente en él para la función de la Roseburia inulinivorans en el tratamiento del músculo esquelético", explica el investigador de la UAL.

Quieren desarrollar un producto nutracéutico —un producto derivado de alimentos o compuestos naturales concentrados— que contenga la bacteria viva o sus metabolitos para darlo a humanos y observar si se producen los mismos resultados que en ratones.

Es decir, que quien tome este producto experimente un incremento en su fuerza y masa muscular. "Sería generar un probiótico o un postbiótico. Si funciona en humanos tendría una importancia social bastante interesante. Estamos en conversaciones muy avanzadas con dos multinacionales, una canadiense y una americana", señala Martínez Téllez.

Con este producto se podría iniciar el estudio clínico que resuelva la incógnita. ¿Aumentar de forma artificial esta población de bacterias en el intestino nos ayudará a ganar más músculo? Si esto fuera cierto, sus implicaciones serían muy importantes.

No sólo porque tendríamos otro suplemento deportivo para vernos más fuertes —algo que los autores no descartan—, sino porque sería una herramienta muy útil contra la sarcopenia, la pérdida de masa, fuerza y funcionalidad del músculo esquelético que se suele dar con la edad.

Proceso de envejecimiento

"Podría formar parte de las estrategias para prevenir la pérdida de fuerza muscular que se da con el envejecimiento o cuando un paciente pasa mucho tiempo en cama", explica Ruiz. La pérdida de músculo y fuerza, sobre todo de agarre, se ha relacionado con una menor longevidad.

Pero, ¿cómo funcionan los beneficios de esta bacteria? "Parece que Roseburia inulinivorans consume muchísimos aminoácidos en el intestino, el hígado tiende a generar más y eso hace que el músculo se ponga más fuerte", dice Martínez Téllez.

Sobre esta bacteria sabemos bastantes cosas, aunque el alto grado de su implicación en nuestros músculos se ha revelado este miércoles. Es una de las más populares de cuantas forman nuestra microbiota y, por tanto, existen varios estudios que la nombran.

Su nombre inulinivorans procede de su gusto por la inulina, una sustancia que se puede encontrar de forma natural en alimentos como la alcachofa o el ajo. "Según los estudios, parece que dando inulina se podrían aumentar los niveles de esta bacteria", dice Ruiz.

Es más, Martínez Téllez explica que "una dieta rica en fibra y alcachofas, a priori, podría aumentar la presencia de esta bacteria. En los estudios parece que quienes comen mucha fibra aumentan el número de Roseburia inulinivorans en sus heces".

"También hay indicios de que el entrenamiento de fuerza puede aumentar la población de este microorganismo", sostiene Ruiz y apunta a que esto confirma que el eje intestino-músculo es bidireccional. El músculo también habla con la microbiota.

"No sabemos exactamente cómo es esa comunicación, podemos elaborar hipótesis. Ahora mismo lo seguimos estudiando en investigaciones que todavía no han sido publicadas", aclara Martínez Téllez. Ambos investigadores citan otro estudio en relación a esto.

Al parecer, en un estudio del que hablan en su trabajo recién publicado, un grupo de investigadores introdujo una rutina de ejercicio de fuerza en población obesa y comprobaron las especies de bacterias en sus heces pasado un tiempo. La Roseburia inulinivorans se disparó.

Si queremos aumentar de forma natural esta bacteria en nuestra microbiota: ejercicio físico, alimentos ricos en inulina y fibra. Pero también alejarnos de todo aquello que la mata. ¿Qué? En general, un estilo de vida poco saludable.

"La bacteria está menos presente en muestras de heces de personas con obesidad, diabetes, anorexia nerviosa, parálisis cerebral y enfermedades inflamatorias como la enfermedad de Crohn", señala Martínez Téllez.

Los investigadores no descartan que esta bacteria se convierta en un producto complementario a otros suplementos para los deportistas como la proteína, que sirve para recuperar músculo, o la creatina, para el entrenamiento de fuerza explosiva.

"Para el uso cotidiano podría tener una función bastante interesante. Ahora bien, si en humanos resulta que también aumenta un 30% la fuerza muscular por encima del nivel base es posible que se termine por prohibir en competiciones deportivas", señala Martínez Téllez.