Recreación del satélite Tritó volando.

Recreación del satélite Tritó volando. Sateliot

Ciencia

China quiere llenar el cielo con 200.000 satélites: la carrera espacial que amenaza con colapsar la órbita terrestre

El gigante asiático acelera su despliegue masivo para disputar la hegemonía de las comunicaciones globales frente a la red Starlink.

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Las claves

China planea desplegar casi 200.000 satélites en órbita baja, superando ampliamente cualquier otro proyecto espacial actual.

La iniciativa busca asegurar posiciones orbitales y frecuencias estratégicas, en respuesta a la competencia con Occidente y preocupaciones de seguridad nacional.

Expertos advierten que la saturación de satélites incrementa el riesgo de colisiones, basura espacial y daños ambientales, como la destrucción de la capa de ozono.

España y Portugal apuestan por una constelación de 16 satélites para vigilancia ambiental y gestión de emergencias, priorizando la eficiencia y el control responsable.

El cielo ya no es infinito. China ha registrado planes para desplegar casi 200.000 satélites en órbita baja, una cifra que multiplica cualquier proyecto actual y que puede alterar para siempre el equilibrio del espacio cercano a la Tierra.

La ofensiva se articula a través del Instituto de Utilización del Espectro de Radio e Innovación Tecnológica. Según los registros oficiales de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), ha solicitado frecuencias para dos megaconstelaciones, CTC-1 y CTC-2, con 193.428 dispositivos.

El movimiento responde a la norma internacional del "quien llega primero, se sirve primero". Pekín busca asegurar posiciones orbitales y bandas de frecuencia estratégicas antes de que competidores occidentales ocupen el espacio disponible en la órbita baja terrestre.

En juego está la soberanía digital del futuro. Controlar constelaciones de satélites significa dominar las comunicaciones, la navegación y buena parte de la economía conectada. La carrera por el espectro se ha convertido en una extensión silenciosa de la rivalidad geopolítica.

Esta expansión masiva es también una respuesta de seguridad nacional. Pekín ha observado con recelo el papel crítico de Starlink en conflictos recientes y teme que una hegemonía estadounidense deje a sus infraestructuras en una vulnerabilidad insalvable.

La maniobra encierra una paradoja diplomática. Mientras China ha denunciado formalmente a SpaceX ante la ONU por poner en peligro su estación espacial, ahora propone un despliegue masivo que multiplicará la congestión actual buscando bloquear a su adversario.

Pero el desafío no es solo político. La Agencia Espacial Europea (ESA) advierte en sus informes más recientes de que la densidad de objetos alrededor del planeta se aproxima a un umbral crítico que complica la gestión del tráfico espacial.

Una órbita más saturada

Cada nuevo satélite incrementa el riesgo de colisiones y la generación de basura espacial. Una reacción en cadena, conocida como Síndrome de Kessler, podría inutilizar regiones enteras de la órbita baja durante décadas, afectando servicios esenciales en la Tierra.

A la amenaza física se suma otra menos visible. Investigadores del CIRES y de la NOAA alertan de que la reentrada masiva de satélites libera óxidos metálicos en la estratosfera que pueden alterar la química atmosférica.

Según la NOAA, estos compuestos actúan como catalizadores que "dañan directamente la capa de ozono". El impacto acumulado de miles de desintegraciones anuales introduce una variable nueva en el debate sobre cambio climático y protección ambiental.

En este contexto de saturación creciente, España trata de abrirse paso con una estrategia distinta, centrada en la eficiencia y el servicio público. La alianza con Portugal para impulsar la Constelación Atlántica marca un giro en nuestra política espacial.

La Agencia Espacial Española (AEE) considera este programa un "punto de inflexión" para reforzar la autonomía estratégica y el tejido industrial. Frente a la lógica de volumen masivo, el proyecto ibérico apuesta por utilidad directa y control responsable.

La Constelación Atlántica contará con 16 satélites diseñados para vigilar costas, bosques y fenómenos extremos. Su misión conecta con la gestión de emergencias y la adaptación al cambio climático en un país especialmente vulnerable a incendios y sequías.

La empresa Open Cosmos lidera el desarrollo de ocho de esos aparatos con tecnología española. El objetivo es generar datos propios y fortalecer la soberanía digital en áreas críticas como la protección civil y la planificación territorial.

Desde la AEE subrayan que la misión permitirá disponer de un "catálogo de información clave para mejorar la prevención y gestión de emergencias". Tener acceso autónomo a esos datos reduce dependencias y acelera la respuesta ante catástrofes.

Sin embargo, el éxito de estas iniciativas depende de un entorno orbital estable. Una órbita baja saturada dificulta la vigilancia de basura espacial y complica las observaciones desde instalaciones científicas españolas, incluidas las de Canarias y Aragón.

La carrera por conectar el planeta con internet de banda ancha ha transformado el espacio en un territorio disputado. Si China consolida sus derechos ante la ITU, el paisaje orbital cambiará de forma irreversible y el margen para el error será mínimo.