Uno de los cráneos encontrados y una representación del ritual por Albert Alvarez Marsal (CSIC)

Uno de los cráneos encontrados y una representación del ritual por Albert Alvarez Marsal (CSIC)

Ciencia

Un tétrico hallazgo prehistórico en el centro de España asombra a los científicos: "Nadie pensaba que fueran capaces de esto"

Hace más de 43.000 años, alguien reunió cráneos de distintas especies en una cueva al norte de Madrid, pero no pudo tratarse del Homo sapiens.

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Las claves

Se ha descubierto una acumulación deliberada de cráneos de grandes herbívoros en la Cueva Des-Cubierta, en el alto valle del Lozoya, Madrid.

El hallazgo incluye cráneos de bisontes, uros, rinocerontes y ciervos, asociados a herramientas líticas musteriense y evidencias de uso de fuego.

Los análisis sugieren que los cráneos fueron colocados intencionadamente durante generaciones, indicando prácticas culturales o rituales por parte de los neandertales.

El estudio desafía la visión tradicional de los neandertales como meros supervivientes, mostrando comportamientos simbólicos y tradiciones mantenidas en el tiempo.

En una galería angosta de calizas del alto valle del Lozoya, el suelo no ofrece la comodidad que suele imaginarse para un lugar habitable. Lo que domina es un cono de derrubios —gravas, cantos y bloques— acumulado por desprendimientos reiterados del techo, como si la cueva hubiera estado lloviendo piedra durante milenios.

En medio de ese caos geológico aparece una escena que descoloca el guion más utilitarista: cráneos de grandes herbívoros con cuernos o astas, asociados a industria musteriense y a evidencias de fuego, en un espacio que no encaja bien con la idea de campamento doméstico o de supervivencia.

"Nadie pensaba que los neandertales podían hacer algo como lo que hicieron aquí", explicaba a EL ESPAÑOL Enrique Baquedano, director del Museo Arqueológico y Paleontológico de la Comunidad de Madrid y codirector del proyecto de investigación. "Tengo la convicción de que aquí hubo actividades rituales".

Un estudio reciente centrado en el Nivel 3 de la Cueva Des-Cubierta, en el entorno de Pinilla del Valle, dentro del sistema kárstico del Sierra de Guadarrama, trata de responder. La idea de partida es muy concreta: antes de discutir el simbolismo de la acumulación de cráneos, hay que reconstruir la cavidad marcada por episodios sucesivos de derrumbe.

Rocas, huesos y una firma

El equipo cartografió con detalle la posición de todos los restos y comparó la distribución del derrubio (los clastos del techo caído) con la de huesos y herramientas de piedra. Si los cráneos hubieran sido arrastrados y reordenados por los desprendimientos como una masa indiferenciada, su “firma” espacial debería parecerse a la del propio cono de rocas.

Pero el patrón no cuadra: los materiales no muestran un origen ni una dinámica de entrada común, lo que sugiere que parte del conjunto responde a colocaciones deliberadas dentro de la cueva ocurridas de forma reiterada durante generaciones.

Aquí entra otra prueba clásica pero muy incisiva: el refitting, el encaje de fragmentos óseos pertenecientes a un mismo elemento, como si se reconstruyera un objeto roto. Cuando piezas que encajan aparecen muy separadas, suele indicar grandes transportes o una fuerte alteración del contexto.

Sin embargo, al permanecer relativamente cerca, apuntan a desplazamientos limitados tras el depósito. En esta zona del Nivel 3, el refitting sugiere, en general, movimientos cortos más compatibles con procesos locales -movimientos humanos- que con un “barajado” masivo provocado por los derrumbes.

La lectura se vuelve aún más curiosa cuando se cruza integridad y topografía del cono. El estudio clasifica la conservación de los cráneos por grados y detecta algo poco intuitivo: la zona central del conjunto tiende a estar relativamente evitado por los cráneos.

Los ejemplares mejor preservados se concentran en zonas centrales más amplias de la galería, mientras que los más fragmentados se agrupan hacia estrechamientos y cotas en las que procesos posteriores (como la erosión) castigan más el registro.

Lo que todavía no sabemos

Este esfuerzo metodológico apunta a una conclusión que choca con la caricatura de los neandertales como meros supervivientes: la acumulación de cráneos encaja con una práctica cultural repetida.

En el nivel se documentaron, además, más de 1.400 herramientas líticas musteriense, las típicas tallas de armas neandertales, y los cráneos pertenecen de forma llamativa a especies con “armas naturales”: bisontes esteparios, uros, rinocerontes y ciervos, con mandíbulas ausentes en muchos casos.

En 2023, un trabajo en Nature Human Behaviour ya defendía que el Nivel 3 albergaba una acumulación singular de cráneos de grandes herbívoros asociada a pequeños hogares, y la presentó como candidata a “comportamiento simbólico” neandertal.

Aquella propuesta metió el caso de Des-Cubierta en un debate con décadas de vaivenes: separar lo que el registro permite afirmar de lo que la imaginación moderna quiere leer. El equipo propone que los neandertales regresaron repetidamente para depositar esos cráneos a lo largo de un intervalo prolongado.

Estos periodos están vinculados a fases frías del Pleistoceno tardío (con cronologías propuestas, según el encaje de líneas de evidencia, entre decenas de miles de años y un marco más amplio que llega hasta aproximadamente 135.000–43.000 años antes del presente).

El punto clave es que, tal y como lo formulan, no parece una conducta directamente dictada por la economía de la subsistencia, sino una tradición mantenida y transmitida en el tiempo. Ahora toca descubrir que pretendieron con dicha acumulación. ¿Algún tributo, sacrificio, algo ritualístico?