El uso de pantallas en la infancia se ha relacionado con déficits en las habilidades de lectura.

El uso de pantallas en la infancia se ha relacionado con déficits en las habilidades de lectura.

Ciencia

Jared Cooney Horvath, neurocientífico: "Los nacidos a partir de 1997 serán la primera generación menos inteligente que sus padres"

La dependencia de la tecnología en las escuelas apunta a un estancamiento cognitivo que rompería con más de un siglo de progreso intelectual humano.

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La humanidad ha chocado contra un muro cognitivo inesperado que cuestiona décadas de progreso lineal. Tras más de un siglo en el que cada generación superaba intelectualmente a la anterior, la tendencia se ha invertido de forma alarmante.

El neurocientífico Jared Cooney Horvath ha defendido ante el Senado de Estados Unidos que los nacidos desde 1997 son la primera hornada que puntúa por debajo de sus padres. Este declive histórico representa un cambio de paradigma en el desarrollo cerebral de los más jóvenes.

Según Horvath, investigador de la Universidad de Melbourne, la Generación Z muestra un retroceso medible en facultades críticas como la atención, la memoria y la resolución de problemas complejos. De ser así, estamos ante el fin del Efecto Flynn, aquel fenómeno que durante décadas alimentó la idea de un progreso intelectual inagotable.

El experto sitúa el origen de este apagón intelectual en la entrada masiva de la tecnología educativa en los centros escolares. Horvath sostiene que el cerebro humano carece del diseño biológico necesario para aprender mediante clips de vídeo cortos o resúmenes fragmentados.

La exposición constante a pantallas ha sustituido el estudio profundo por un escaneo superficial que impide consolidar conocimientos en la memoria a largo plazo. Durante su comparecencia en Washington, el experto subrayó que más de la mitad del tiempo que un adolescente pasa despierto lo hace frente a una pantalla.

"Los seres humanos están programados biológicamente para aprender de otros humanos y del estudio profundo, no pasando pantallas para ver resúmenes en puntos clave", explicó Horvath, señalando la incompatibilidad entre la tecnología y nuestra evolución biológica.

La desconexión biológica

En esa línea, la tecnología educativa puede estar erosionando los pilares del aprendizaje tradicional. Horvath explicó a los senadores que el cerebro procesa la información de manera distinta cuando se enfrenta a un soporte físico.

"La respuesta parece estar en las herramientas que usamos en las escuelas para impulsar ese aprendizaje", afirmó el neurocientífico ante los legisladores el pasado enero.

Esta realidad encuentra su reflejo en España, donde la caída del nivel académico ya es un hecho documentado. Los últimos informes PISA reflejan un desplome preocupante en las competencias de matemáticas y lectura entre los alumnos nacionales.

Los datos sitúan a los estudiantes españoles con una desventaja de hasta tres cursos escolares frente a potencias educativas de vanguardia como Japón, Singapur o Corea del Sur.

Además, la implementación de dispositivos en las aulas amenaza con un ensanchamiento de las diferencias sociales en lugar de cerrarlas. El problema reside en que las tabletas derivan habitualmente en distracciones constantes y en un consumo superficial.

Horvath advirtió con dureza sobre esta inercia: "Lo que hacen los niños en los ordenadores es hojear. Estamos redefiniendo la educación para adaptarla a la herramienta; eso no es progreso, es una rendición".

Uno de los puntos más inquietantes del informe es la percepción que los propios jóvenes tienen de su inteligencia. El experto señala que la Generación Z muestra una confianza excesiva en sus habilidades pese a los datos negativos de los tests.

"La mayoría de estos jóvenes confían demasiado en lo listos que son. Cuanto más inteligentes se creen, más tontos son en realidad", sentenció Horvath.

La ciencia ha demostrado que la profundidad del lenguaje está directamente relacionada con la calidad del pensamiento complejo. Al empobrecer el vocabulario mediante el uso de plataformas digitales, los jóvenes pierden herramientas para estructurar ideas ambiciosas.

Esta pérdida de riqueza verbal tiene consecuencias sociales graves, vinculando el abandono de la lectura con una caída estrepitosa en los niveles de empatía y pensamiento crítico de las nuevas generaciones.

Los expertos alertan de que no estamos ante un problema de formación docente, sino ante una incompatibilidad biológica insalvable. El desarrollo de la corteza prefrontal requiere de periodos de calma y concentración que el entorno digital no permite.

Cada notificación actúa como una interrupción que obliga al cerebro a reiniciar su proceso de enfoque, perdiendo eficacia en cada salto tecnológico y mermando la capacidad cognitiva.

Esta situación global ha llevado a los científicos a calificar el escenario como una emergencia social que exige medidas legislativas urgentes.

Los datos muestran un patrón sistémico en decenas de naciones, sugiriendo que el declive intelectual es una consecuencia del abuso digital. Horvath insta a los legisladores a considerar restricciones severas similares a las de Escandinavia.

La receta de los especialistas para revertir esta tendencia pasa por recuperar el valor del libro físico y el silencio. Propuestas como el retorno a teléfonos básicos buscan proteger la salud mental, entendiendo que el papel es una medida de supervivencia cognitiva. Según concluye Horvath, la humanidad debe decidir si adapta su mente a las máquinas.