Un reloj en pleno proceso de cambio automático de hora.

Un reloj en pleno proceso de cambio automático de hora. Pixabay

Ciencia Horario de invierno

No hay que cambiar la hora: los nueve estudios que lo demuestran

Distintos trabajos científicos han demostrado que los cambios horarios no están justificados desde el punto de vista de la eficiencia energética ni de la salud.

Se ha convertido en una costumbre cada vez más controvertida. Este fin de semana, en la madrugada del sábado al domingo, los españoles volveremos a retrasar el reloj para adaptarnos al horario de invierno, de tal manera que las tres de la madrugada pasarán a ser las dos. Este cambio forma parte de una directiva europea que acatan los Estados miembros de la Unión Europea y que, más allá de los límites de nuestro continente y norteamérica, no se aplica en la mayoría de países del mundo. Por ejemplo, Islandia, Rusia o China hace tiempo que dejaron de cambiar sus relojes.

Pero, realmente, ¿tiene algún sentido realizar estos cambios? La justificación habitual que se esgrime para retrasar -o adelantar- las manecillas del reloj es el ahorro de energía. Cada año se repite como un soniquete exactamente el mismo mantra: esta medida supone un ahorro del 5% del consumo eléctrico, unos 300 millones de euros. De estos, se supone que unos 90 millones tendrían que ver con los hogares españoles, que ahorrarían unos seis euros de media al año. Desde el Ministerio también se asegura que "el transporte, la seguridad vial, las condiciones de trabajo, los modos de vida y la salud" también se ven beneficiados. ¿Qué hay de cierto en todo esto?

Sin datos concluyentes sobre el dichoso ahorro

Son muchas las investigaciones que se han llevado a cabo para tratar de dilucidar si, efectivamente, retrasar o adelantar los relojes tiene algún sentido desde el punto de vista del ahorro energético. La realidad es que, hasta la fecha, no hay resultados concluyentes que avalen que esta maniobra repetida hasta la saciedad sea efectiva. De hecho, si lo pensamos, tiene cierta lógica: el cambio de hora, ya sea en invierno o en verano, hace que ganemos luz natural en determinados momentos del día pero que la perdamos en otros, de tal manera que el gasto energético que no se realiza por la mañana lo hacemos por la tarde/noche y viceversa.

Así lo demostró en 2008 un trabajo en el que se analizó la demanda eléctrica residencial y la facturación de miles de hogares de Indiana (Estados Unidos) durante tres años. Los investigadores llegaron a la conclusión de que el cambio al horario de verano no sólo no ahorraba energía, sino que "aumentaba la demanda de electricidad residencial" en un 1%. "Estos resultados apuntan a una compensación entre la reducción de la demanda de iluminación y el aumento de la demanda de calefacción y refrigeración”, concluían los expertos de la Universidad de California que llevaron a cabo el estudio. Un año antes, otro estudio realizado en Australia apuntaba en la misma dirección: el ahorro de energía que se produce en una parte del día se compensa con la demanda que se provocaba en otros momentos.

Trastornos del sueño

Como ocurre con el jet lag, el cambio de hora provoca alteraciones en nuestro reloj biológico (lo que en biología se ha venido a denominar como ritmos circadianos). La luz actúa como un regulador de nuestros procesos corporales cíclicos, que se ven alterados con una llegada sobrevenida de la noche o del día.

En lo que al sueño se refiere, el cambio de otoño resulta mucho más fácil porque, retrasando los relojes, ganamos una hora que podemos pasar plácidamente en la cama -al menos, el primer día-. Sin embargo, el cambio al horario de verano es mucho más complicado. Así lo señaló un estudio publicado en la revista Current Biology en 2007. Los investigadores encontraron que las personas nunca ajustan por completo sus ritmos circadianos al cambio de hora asociado al estío.

Otro estudio publicado en 2006 apuntaba además que no sólo la cantidad, sino también la calidad del sueño se ve alterada. Gracias al uso de acelerómetros de muñeca, unos científicos finlandeses analizaron los ciclos de descanso de 10 adultos sanos durante los 10 días siguientes al cambio de hora de verano. Este mismo protocolo de medición se repitió durante dos años seguidos. Las conclusiones fueron claras: "El tiempo de sueño se acortó en 60,14 minutos y la eficiencia del sueño se redujo un 10%".

Más accidentes de tráfico y laborales

"Cada vez es más evidente que el sueño insuficiente y los ritmos circadianos alterados son un importante problema de salud pública". No lo decimos nosotros. Lo apuntaba ya en 1996, hace más de 20 años, un artículo publicado en la revista The New England Journal of Medicine titulado Horario de verano y accidentes de tráfico. En el mismo se señalaba que la pérdida de sueño que producida por el cambio de hora estaba directamente relacionada con el aumento de los accidentes de tráfico al día siguiente. "El cambio al horario de verano y la pérdida consiguiente de una hora de sueño provocó un aumento de accidentes de tráfico de aproximadamente el 8%", señala el estudio.

En 2009, otro trabajo apuntaba que el cambio al horario de verano reducía el tiempo de descanso y provocaba también un aumento de los accidentes laborales. "Los lunes inmediatamente después del cambio al horario de invierno, en el que se gana una hora, no hay diferencias significativas en el sueño, la cantidad de lesiones o la gravedad de las mismas", apuntan por contra los autores de este trabajo publicado en la revista Journal of Applied Psychology.

Aumenta el riesgo de infarto

Nuestro sistema cardiovascular también se resiente con los cambios de hora. En 2014, un estudio publicado por investigadores del departamento de Medicina Cardiovascular de la Universidad de Colorado en la revista Open Heart llegó a estimar que el número de infartos de miocardio aumentaba un 24% el lunes siguiente después del cambio al horario de verano. No ocurría lo mismo durante el cambio de otoño. Dos años antes, otro estudio de la Universidad de Alabama (Estados Unidos) había apuntado que el lunes y el martes posterior a adelantar los relojes una hora durante el mes de marzo se asociaba con un aumento del 10% de padecer ataques cardíacos. En cambio, cuando llegaba el mes de octubre, este riesgo disminuía en la misma medida.

Según Martin Young, autor principal del estudio, no se sabe exactamente por qué ocurre esto. Sin embargo, hay varias teorías que podrían explicarlo. "La privación de sueño, los ritmos circadianos y las respuestas inmunes del cuerpo pueden entrar en juego cuando intentamos explicar por qué el cambio de hora puede ser perjudicial par la salud de alguien", apuntaba el experto en declaraciones a Science Daily. "Las personas privadas de sueño suelen pesar más y tienen un mayor riesgo de desarrollar diabetes o enfermedades cardíacas. La privación de sueño también puede alterar otros procesos corporales, incluida la respuesta inflamatoria, que puede influir en los ataques de corazón", finaliza.

Mesos horas de luz, más delincuencia

Pero la cosa no queda aquí. Nicholas Sanders y Jennifer Doleac, profesores de la Universidad de Cornell y de la Universidad de Virginia respectivamente, llevaron a cabo una investigación para dilucidar en qué medida afectan las horas de luz al aumento o la disminución de la delincuencia. Para ello examinaron los índices de criminalidad de 2005 a 2008 en los Estados Unidos. Las conclusiones de este trabajo, efectivamente, confirman que hay un 7% más de delitos durante la época del año en la que llega antes la noche (durante el horario de invierno) que en el resto del año.