Ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2016.

Ceremonia de entrega de los Premios Princesa de Asturias 2016. FPA.

Ciencia

El rey entrega los Princesa de Asturias, la versión hispana de los Nobel

Desde las categorías hasta los galardones. Los premios más prestigiosos del mundo y sus homólogos españoles tienen su propia identidad.

Laura Chaparro

Este viernes, el teatro Campoamor de Oviedo lucirá sus mejores galas para acoger la ceremonia de entrega de los XXXVII Premios Princesa de Asturias en un acto presidido por los reyes de España. En esta edición, los galardonados en la categoría de Investigación Científica y Técnica han sido los físicos Rainer Weiss, Kip S. Thorne y Barry C. Barish, junto a la colaboración científica LIGO por detectar por primera vez las ondas gravitacionales producidas en la fusión de dos agujeros negros.

Estas ondulaciones en el espacio-tiempo fueron predichas por Albert Einstein en su Teoría de la Relatividad General y esta misma semana, los científicos han anunciado que las han detectado también en la fusión de dos estrellas de neutrones. En reconocimiento a su descubrimiento histórico, hace solo unos días, el jurado del Premio Nobel de Física galardonaba también a los tres científicos. Una coincidencia que no es casual. Diferentes premiados y miembros del jurado de la categoría de Investigación Científica y Técnica de los Princesa de Asturias analizan con EL ESPAÑOL diferencias y similitudes entre ambos galardones.

CADA VEZ MÁS INTERNACIONAL

Solo hay que echar un vistazo a la lista de premiados para darse cuenta de que desde 1981 hasta 1999, la mayoría de galardonados en los entonces Príncipe de Asturias –su denominación cambió en 2014, cuando el título del Principado pasó a la infanta Leonor tras la proclamación como rey de Felipe VI– fueron españoles. A partir del año 2000 la tendencia cambió y el perfil es mucho más internacional.

"Hoy en día es muy difícil encontrar, primero, a un investigador que trabaje solo, y segundo, a ningún grupo de investigación que sea exclusivamente de una nacionalidad. Normalmente son grupos multidisciplinares y multinacionales", explica Inés Rodríguez Hidalgo, directora del Museo de la Ciencia de Valladolid y miembro del jurado en esta edición y en la anterior.

Para reconocer la investigación en la lucha contra el cáncer desde diferentes frentes, en 2004 el jurado decidió premiar a cinco oncólogos, entre ellos, el español Joan Massagué. "Recibir el Premio Príncipe de Asturias representó el reconocimiento más prestigioso de mi labor científica por parte de España", destaca Massagué, que dirige el Memorial Sloan Kettering Cancer Center (EEUU).

Diez años más tarde, el químico Avelino Corma era uno de los tres galardonados por sus avances en los materiales microporosos y mesoporosos, que tienen aplicaciones en los plásticos biodegradables, en la depuración de aguas y en nuevos fármacos, entre muchas otras.

"Los Premios Princesa de Asturias son totalmente internacionales. Cuando algún español lo recibe es porque realmente está entre la élite internacional en la correspondiente disciplina", afirma Corma, investigador en el Instituto de Tecnología Química (CSIC/UPV).

Todos ellos coinciden en que, año tras año, los galardones van ganando en prestigio. Un ejemplo es Juan Ignacio Cirac, autoridad mundial en la computación cuántica, que el jurado galardonó en 2006. "Me abrió muchas nuevas posibilidades, me hizo conocer gente muy interesante… Tuvo una repercusión muy grande en mi vida", recuerda Cirac, director de la División Teórica del Instituto Max Planck de Óptica Cuántica (Alemania).

ENTRE UNA Y TRES CATEGORÍAS

La primera diferencia con los Nobel está en el número de categorías. Mientras que en los galardones suecos se premia a tres disciplinas científicas, Química, Física y Medicina-Fisiología –como estableció Alfred Nobel en el testamento que rige los premios–, los españoles engloban todas las áreas en único galardón, el de Investigación Científica y Técnica.

"La selección es más complicada en estos premios porque concurren perfiles muy diferentes”, sostiene la directora del Museo de Ciencia de Valladolid. Una opinión que comparte Cirac, jurado en esta última edición. "Los otros miembros son especialistas en distintos temas y es muy edificador discutir entre nosotros las diferentes opciones. La elección es siempre muy complicada, pues hay muchas candidaturas que se merecerían el premio", comenta.

La selección del jurado para ambos galardones también es diferente. Los Nobel siguen escrupulosamente las instrucciones dadas en el testamento por su fundador, Alfred Nobel, quien estableció que la Real Academia Sueca de Ciencias otorgaría el Nobel de Física y el de Química, y el Instituto Karolinska, el Nobel de Medicina-Fisiología.

En el caso español, es la Fundación Princesa de Asturias la que elige anualmente a los miembros del jurado de cada categoría, en la que se incluyen premiados de otros años. "Una parte del jurado se repite cada año", explica Miguel Delibes de Castro, investigador en la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y miembro del jurado por primera vez en esta edición.

Tanto el biólogo como otros integrantes de la mesa destacan que es una experiencia muy enriquecedora, con la que aprenden muchas cosas nuevas de disciplinas distintas a las suyas.

El físico Rainer Weiss, a su llegada al Hotel de la Reconquista de Oviedo.

El físico Rainer Weiss, a su llegada al Hotel de la Reconquista de Oviedo. FPA

NOMINACIONES A LA CARTA

En el proceso de nominación también hay diferencias. En el caso de los Nobel son las instituciones encargadas de elegir a los premiados –la Real Academia Sueca de Ciencias y el Instituto Karolinska en las disciplinas científicas– quienes envían las invitaciones de nominación. Es decir, no puede nominar nadie por iniciativa propia si no ha recibido antes esa petición.

Ambas instituciones seleccionan cada año a miles de miembros de academias científicas, profesores universitarios, científicos, anteriores premiados, parlamentarios y otras personalidades para que indiquen sus candidatos para los premios del próximo año.

En los Princesa de Asturias no hace falta invitación, aunque la Fundación puede invitar a personalidades e instituciones a que nominen. También pueden presentar sus candidatos los galardonados en las ediciones anteriores las embajadas españolas, las representaciones diplomáticas en España, los integrantes de los ochos jurados y otras personalidades e instituciones de prestigio.

La nominación, que puede hacerse con un impreso oficial o un escrito, debe acreditar la ejemplaridad de la candidatura y que demuestre "de modo fehaciente" su trascendencia, como indica el reglamento. Tras analizar los méritos y valorar si cumplen los requisitos, es la Fundación quien admite o no las nominaciones.

¿HAY QUE ASISTIR A LA CEREMONIA?

En cuanto al colofón, es decir, los premios, también tienen sus similitudes y diferencias. En los Princesa de Asturias los galardonados reciben un diploma, una escultura de Joan Miró, una insignia y el premio económico, que son 50.000 euros. Si el galardón fuese compartido, se reparte de forma proporcional. Para recibir las distinciones, los premiados deberán acudir a la ceremonia de entrega. En caso contrario, según el reglamento, solo recibirán el diploma.

En los Nobel, la cuantía vuelve a seguir las directrices de las últimas voluntades de Alfred Nobel. Cuando murió en 1896 estipuló en su testamento que la mayor parte de su patrimonio debería convertirse en un fondo que se invirtiera en "valores seguros". Los ingresos de las inversiones debían ser "distribuidos anualmente en forma de premios a quienes durante el año anterior han conferido el mayor beneficio a la humanidad". De esta forma, la cuantía del Nobel oscila. La de 2017, por cada categoría, es de nueve millones de coronas suecas, unos 940.000 euros, que los galardonados deberán repartirse según estipule el acta del jurado.

En el caso de los Nobel de Física, Química y Medicina-Fisiología, los premiados reciben la medalla, el diploma y un documento que acredita la cantidad económica de manos del rey de Suecia en una ceremonia celebrada en Estocolmo el 10 de diciembre, coincidiendo con el aniversario de la muerte de Alfred Nobel.

Si no pueden asistir, tienen un plazo de seis meses para dar una conferencia de recepción. En caso contrario no recibirán ni la medalla, ni el diploma ni la cuantía económica, como recogen los estatutos de la Fundación Nobel. Otra diferencia más en la identidad de ambos premios.