Rubén, Sandra y el pequeño Roi disfrutando de la vida rural

Rubén, Sandra y el pequeño Roi disfrutando de la vida rural Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Valladolid

Rubén, de vivir en la ciudad a volver al pueblo para disfrutar de su familia: "Ahora puedo dar a mi madre un beso cada día"

Después de dejar el municipio en el que nació para estudiar en la gran ciudad, la pandemia le hizo volver, ya con una familia hecha, para establecer su proyecto de vida en el lugar.

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Castrejón de Trabancos es un pequeño pueblo de Valladolid que surgió en el valle del río Trabancos. La presencia del curso del agua y la facilidad defensiva acabaron por motivar una temprana ocupación de dicho territorio.

Por ello, la población estuvo asentada sobre la parte más alta de la colina, alrededor del siglo XI, como así lo atestiguan los restos encontrados en la Villa. La población pudo haberse establecido alrededor de un pequeño castillo que estaba rodeado de un recinto amurallado del que proviene su nombre, Castrejón, que es diminutivo de castillo.

En la actualidad, y según los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) cuenta con una población de 176 habitantes que viven tranquilos en el lugar, disfrutando del aire más puro que ofrecen los municipios de la provincia de Valladolid.

Uno de ellos es Rubén Rodríguez Gallego, que nació en la localidad, pero se tuvo que marchar a Valladolid capital con el fin de estudiar una FP de Grado Medio de auxiliar de Enfermería.

Sin embargo, tras irse a la ciudad del Pisuerga en el año 1996, volvería al pueblo de toda su vida en el año 2020, cuando llegó la pandemia del coronavirus. Lo hizo, después de que todo cambiara para él, ya con mujer e hijo, en principio de forma momentánea.

Allí siguen en una vuelta al pueblo que llena a la familia de felicidad, todos los días.

La familia al completo durante las fiestas de Castrejón de Trabancos

La familia al completo durante las fiestas de Castrejón de Trabancos Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

De su pueblo a la ciudad

“Me considero un hombre joven, extrovertido, amigo de sus amigos y con unas ganas tremendas de disfrutar de la vida”, asegura en declaraciones a EL ESPAÑOL de Castilla y León, Rubén, de 46 años de edad.

Es un amante de la caza en invierno y de los encierros camperos de los pueblos de Valladolid cuando se celebran sus fiestas. Pero, sobre todo, de disfrutar de su hijo pequeño Roi de 7 años. Ese es su mayor hobby.

“Recuerdo mi infancia como algo maravilloso. Mágico. La libertad que te da el mundo rural, pudiendo estar gran parte del día en la calle. Todos los recuerdos que tengo de esa etapa de mi vida son perfectos. El disfrute de la libertad y de los amigos. Fue una infancia preciosa”, explica nuestro entrevistado.

Cuando era pequeño, Rubén quería dedicarse a algo relacionado con la maquinaria. Su padre era agricultor y pasó mucho tiempo subido a su tractor. “También he disfrutado mucho de las cosechadoras. Era mi pasión, aunque mis padres no querían que me dedicara a la agricultura”, explica.

“Antes, los padres, no querían que nos dedicáramos a la agricultura porque no lo veían como medio de vida. Querían que nos dedicáramos a otra cosa, pero era mi pasión y ahora puedo decir que me dedico a lo que quería con la maquinaria como protagonista”, añade Rubén.

Sin embargo, a los 18 años se marchó a Valladolid a estudiar y su vida cambiaría para siempre, con sorpresas.

Valladolid, una familia y un pueblo

Me marcho a Valladolid en el año 1996, cuando tenía 18 años. Acabo la ESO y tomo la decisión de marcharme a Valladolid a estudiar una Formación Profesional como auxiliar de enfermería. Allí vivía mi hermana y mi cuñado. Gracias a ellos el cambio fue menos doloroso.

Pasó de vivir en su pueblo natal a hacerlo en la ciudad con familiares. Su cuñado es como un hermano para él. Se sacaba sus estudios y, finalmente, encontró un trabajo que lleva desempeñando desde hace 21 años.

“En la ciudad hay muchos cambios con respecto al pueblo. El ritmo es más intenso. Te puede ofrecer más posibilidades, pero el coste económico y personal es mayor. El ritmo de vida en los pueblos es mucho más relajado y eso es algo que valoro mucho”, afirma Rubén.

A él le costó mucho adaptarse a la ciudad. Pasaba todos los fines de semana por Castrejón y encontró trabajo tras finalizar sus estudios.

“Al final, comencé a trabajar después de acabar mis estudios en Valladolid. En algo que no estaba relacionado con lo que había estudiado. Concretamente en la empresa Transolid, dedicada al movimiento de tierras y excavaciones. Llevo allí 21 años y soy el encargado general”, explica Rubén.

Además, en Valladolid, consiguió formar una familia. En el año 2016 se casa con Sandra, la que es su mujer a día de hoy, gallega, de un pueblo al lado de Santiago de Compostela y un año más tarde tienen a su hijo, Roi.

Sin embargo, con la pandemia del coronavirus, en 2020, lo que parecía un cambio temporal se convierte en una mágica vuelta al pueblo para Rubén, ahora ya con una familia formada.

La vuelta Castrejón de Trabancos

“Volvemos a Castrejón de Trabancos el 3 de marzo de 2020, por la pandemia del coronavirus. Teníamos una casa en propiedad y decidimos asentarnos, de nuevo, en el mundo rural”, afirma ilusionado nuestro protagonista.

En principio, el hecho de vivir, de nuevo, en el pueblo de Rubén, era algo temporal, pero tanto él, como su mujer, deciden quedarse para siempre. De hecho, Sandra montará en el lugar su propio negocio, una peluquería que sigue sacando adelante cada día.

“Mi vida en el pueblo se puede decir que es fantástica. Tengo la suerte de que a mi mujer y a mi hijo les encanta vivir aquí. Disfrutamos mucho de cada minuto los tres en el pueblo”, apunta Rubén.

Otra de las cuestiones a tener en cuenta es que la madre de nuestro entrevistado vive en el lugar y con ello puede disfrutar también de su compañía. "Ahora puedo dar a mi madre un beso cada día. Es una de las cosas más importantes de la vida”, añade.

Roi, Rubén, su madre, y Sandra, disfrutando de una comida familiar

Roi, Rubén, su madre, y Sandra, disfrutando de una comida familiar Fotografía cedida a EL ESPAÑOL de Castilla y León

Pese a vivir en el pueblo, Rubén desempeña su trabajo en Transolid, una empresa potente con más de 40 trabajadores en plantilla y más de 20 autónomos dedicada al movimiento de tierras y excavaciones en Valladolid y provincia.

“Paz sin estrés”

Vivimos en una vivienda antigua que hemos rehabilitado en el pueblo. En principio la compramos para venir en verano, a las fiestas, o durante las vacaciones, pero hemos adelantado esa rehabilitación y ahora vivimos con las ventajas y calidades que nos da el pueblo, durante cualquier época del año.

Para Rubén, vivir en su querido Castrejón de Trabancos es hacerlo en “paz y sin estrés” con ese “sosiego” tan necesario en el día a día y disfrutando del aire puro y de los paseos por el medio rural.

“El futuro lo afrontamos con incertidumbre. Depende de lo que quiera hacer nuestro hijo. Si se quiere ir a la ciudad, marcharemos, pero tengo la esperanza de que con el paso de los años se enamore del mundo rural y disfrute de Castrejón para poder quedarnos los tres juntos aquí”, apostilla.

Para él, vivir en su pueblo es “una maravilla”. Un ejemplo de vuelta al pueblo de una familia que ama el mundo rural como la que más.