El candidato de Vox, Carlos Pollán, y el presidente de la Junta en funciones y candidato del PP a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, en el debate electoral del pasado 10 de marzo

El candidato de Vox, Carlos Pollán, y el presidente de la Junta en funciones y candidato del PP a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco, en el debate electoral del pasado 10 de marzo Eduardo Margareto ICAL

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Mañueco, Blanco y Carriedo negocian con Vox el pacto en CyL: se esperan choques en inmigración y sindicatos

El presidente de la Junta en funciones llevará la batuta de los contactos mientras los de Santiago Abascal mantienen el hermetismo e insisten en que quieren "gobernar e influir"

Más información: El 'efecto Mañueco' pone techo a Vox y enciende la mecha de los pactos con la vista puesta en las elecciones generales

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El pasado 15 de marzo, el Partido Popular volvió a saborear las mieles de la victoria en Castilla y León, tras 39 años ininterrumpidos al frente del Gobierno autonómico.

El presidente de la Junta desde hace siete años, Alfonso Fernández Mañueco, consiguió sumar dos procuradores más, hasta los 33, y ampliar su ventaja sobre el PSOE, que resistió a la debacle con 30 escaños.

Vox, por su parte, progresó tímidamente con 14 representantes, uno más que en 2022, pero quedó lejos de romper el techo que le auguraban algunos sondeos.

Con una participación que subió casi siete puntos hasta el 65,7% con respecto a hace cuatro años, las urnas dibujaron un panorama familiar durante los últimos años en la Comunidad: el PP gana con claridad, pero sin mayoría absoluta.

De nuevo, la llave del poder en la Junta está en manos de Vox. Y esta vez, tras la ruptura abrupta del pacto en julio de 2024, ambos partidos afrontan las negociaciones para formar Gobierno con cicatrices, más exigencias y menos margen para el error.

En este contexto, el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha marcado con urgencia el calendario y ha exigido cerrar los acuerdos de Castilla y León, Extremadura y Aragón antes del 1 de abril para evitar dilaciones que podrían extenderse hasta mayo y complicar la gobernabilidad.

Feijóo ha apelado a la responsabilidad de Vox, argumentando que la clara victoria electoral del PP hace "antidemocrático" cualquier bloqueo. Sin embargo, Vox ha insistido en que no tiene "prisa" y ha rechazado verse presionado por plazos estrictos.

Por ahora, tanto PP como Vox mantienen el hermetismo y han blindado el inicio de unas negociaciones en Castilla y León que anticipan fuertes puntos de fricción y dificultades en materias sensibles como la inmigración o la violencia de género.

"Esto lo lleva Mañueco"

"De momento nada sobre el tema", son las declaraciones oficiales del Partido Popular cuando se le pregunta por las próximas negociaciones de Gobierno en Castilla y León.

Por eso hay que acudir a las extraoficiales, y son ellas las que confirman que es el propio Mañueco el que se encargará de las negociaciones, como ya lo hiciera en 2022.

En esta ocasión estará acompañado de su lugarteniente Carlos Fernández Carriedo, consejero de Economía y Hacienda, e Isabel Blanco, directora de campaña y mujer fuerte en el partido y en el Ejecutivo. Hace cuatro años estuvo Raúl de la Hoz, hoy eurodiputado.

Estas fuentes no son capaces de dar fechas para los contactos ni de cuándo habrá acuerdo, pero aseguran que Génova no va a participar en las negociaciones. "Esto lo lleva Mañueco".

La negociación, como adelantó el actual presidente de la Junta, se realizará sobre el acuerdo al que llegaron en 2022, el primero autonómico entre Vox y PP.

Por lo tanto, los temas de fricción como pasó en aquella ocasión serán la inmigración, las subvenciones a los sindicatos, la polémica Ley de la Concordia y la Ley contra la Violencia Intrafamiliar en detrimento de la nueva Ley contra la Violencia de Género.

Pero estas mismas fuentes aseguran que Vox tendrá que "ceder en algo" porque ahora "hemos demostrado en las urnas que estamos más fuertes".

Hermetismo y "ya hablarán"

El candidato de Vox, Carlos Pollán, por su parte, aseguró este martes que felicitó al candidato del PP, Alfonso Fernández Mañueco, por su victoria y que en esa misma conversación quedaron en que "ya hablarán".

Pollán insistió en que su formación "quiere gobernar" e "influir en las políticas de Castilla y León con un programa, medidas y plazos concretos", así como "con garantías de ejecución".

"Lo dijimos al principio de la campaña electoral y lo seguimos diciendo: queremos gobernar. Esperamos a la fuerza que nos han dado las urnas, hemos tenido un buen resultado y superado todos los hitos que tenía el partido en elecciones", aseguró.

A partir de ahí, prosiguió, "se valorará lo posterior", entre los que citó la petición de "cargos institucionales, vicepresidencias o entrar o no en gobiernos, pero lo primero es un cambio en muchas políticas en Castilla y León".

Con respecto a quién llevará la batuta de las negociaciones, Vox mantiene el hermetismo y asegura a EL ESPAÑOL de Castilla y León no tener "nada que contar".

En las anteriores, producidas tras las elecciones de febrero de 2022, estuvieron presentes la mano derecha de Santiago Abascal, Kiko Méndez-Monasterio, el entonces candidato y posterior vicepresidente de la Junta, Juan García-Gallardo, y su sucesor en la Portavocía, David Hierro.

Unas negociaciones complejas

Mañueco ya ha advertido de que el acuerdo de 2022 será un buen punto de partida para negociar pero el endurecimiento de las posiciones de Vox, especialmente tras su abrupta salida del Gobierno en julio de 2024, anticipa unas negociaciones complejas.

Los de Abascal tienen como base las condiciones aceptadas en la Comunidad Valenciana por el popular Juanfran Pérez Llorca y se prevén puntos de fricción en asuntos como la inmigración, el Diálogo Social, la oposición al Pacto Verde, la violencia intrafamiliar o la memoria histórica.

Mañueco, con el viento a favor de las urnas, quiere un pacto estable y sin sobresaltos. Vox, fortalecido por su modesto pero real avance, exige cambios profundos y un asiento en la mesa de decisiones.

Dos socios que se conocen demasiado bien, que ya han convivido y que ya se han roto. ¿Lograrán esta vez un acuerdo duradero o la tensión volverá a estallar?

En Castilla y León, el futuro del Gobierno se decide en estas semanas de conversaciones discretas, cesiones forzadas y líneas rojas que nadie quiere cruzar… pero que todos vigilan de cerca.