El candidato de Podemos-Alianza Verde a las elecciones autonómicas de Castilla y León, Miguel Ángel Llamas, y el de IU-Sumar-Verdes-Equo, Juan Gascón, en un montaje de EL ESPAÑOL

El candidato de Podemos-Alianza Verde a las elecciones autonómicas de Castilla y León, Miguel Ángel Llamas, y el de IU-Sumar-Verdes-Equo, Juan Gascón, en un montaje de EL ESPAÑOL ICAL

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La estrategia de las coaliciones de izquierda en CyL o cómo sobrevivir a la irrelevancia con el lastre de los egos

El riesgo de repetir el fiasco de Aragón el próximo 15 de marzo planea sobre las candidaturas de IU-Sumar-Verdes-Equo y Podemos-Alianza Verde en la Comunidad, en contraste con el éxito de la unidad en Extremadura.

Más información: IU y Podemos irán por separado a las elecciones de Castilla y León: "Lo hemos intentado con todas nuestras fuerzas"

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La izquierda a la izquierda del PSOE ha sellado su destino para las elecciones autonómicas del 15 de marzo en Castilla y León: una presentación dividida que amenaza con diluir su presencia en las Cortes. Izquierda Unida, aliada con Sumar y Verdes-Equo, concurrirá bajo la marca En Común, con Juan Gascón como candidato a la Presidencia de la Junta. Por su parte, Podemos, en coalición con Alianza Verde, optará por una candidatura independiente liderada por Miguel Ángel Llamas.

Esta fractura no es fruto de un impulso repentino, sino el resultado de un proceso negociador tortuoso, marcado por vetos cruzados, disputas por posiciones clave y un lastre de egos que ha primado sobre la unidad estratégica. Ambas formaciones aseguran haber intentado un acuerdo hasta el último momento, pero las condiciones impuestas y la falta de confianza han hecho imposible el pacto.

A ello se suma el hecho de que IU se presentará en solitario en la provincia de Zamora, tratando de aprovechar la fuerza de su marca en el único territorio en el que la formación de izquierdas gobierna en una capital de provincia en España.

Ahora, el riesgo de repetir el fiasco de Aragón donde la división dejó fuera a Podemos y dio tan solo un escaño a la coalición entre IU y Sumar planea sobre ellas, en contraste con el éxito de la unión en Extremadura, donde Unidas por Extremadura pasó de 4 a 7 representantes el pasado mes de diciembre. Castilla y León, con su vasto territorio rural y un electorado conservador arraigado, representa un desafío estructural para cualquier fuerza progresista.

El Partido Popular, que gobierna la Comunidad desde hace 39 años, parte como favorito indiscutible, respaldado por Vox como socio necesario. En este contexto, la izquierda a la izquierda del PSOE necesitaba maximizar sus fuerzas para arañar representación en un sistema electoral que penaliza la dispersión. Sin embargo, la división confirmada convierte esa meta en una quimera.

División y veto a Sumar

La fecha límite para registrar las coaliciones actuó como espada de Damocles sobre las conversaciones entre IU y Podemos en la Comunidad pero el proceso arrancó meses antes, con las formaciones preparando sus estructuras internas.

Izquierda Unida, por ejemplo, inició su andadura hacia la coalición en noviembre de 2025, cuando anunció negociaciones con Sumar y Verdes-Equo para formar una alianza amplia. Este movimiento respondía a la necesidad de consolidar un frente progresista que pudiera captar el voto desencantado del PSOE y resistir el avance de la derecha.

Juan Gascón, coordinador autonómico de IU y veterano en la política local de Castilla y León, emergió pronto como figura central. Elegido el 9 de diciembre de 2025 como candidato a la Presidencia por la coalición incipiente, Gascón representa la tradición sindical y municipalista de IU. Con experiencia en ayuntamientos y una trayectoria marcada por la defensa de los servicios públicos y la lucha contra la despoblación, su perfil se percibe como sólido y arraigado en el territorio.

Las bases de IU ratificaron esta dirección el pasado 11 de enero, con un 77,9% de votos a favor de la alianza con Sumar y Verdes Equo. En ese momento, se dejó la puerta abierta a Podemos, con un mensaje claro: la unidad era deseable, pero no a cualquier precio. Por el lado de Podemos, el proceso fue similar pero con matices distintos.

El pasado 13 de enero, la formación morada anunció su coalición con Alianza Verde, designando a Miguel Ángel Llamas como candidato. Llamas, coordinador autonómico de Podemos, encarna el espíritu combativo del partido: un líder joven, formado en el activismo del 15-M, con énfasis en políticas feministas, ecológicas y antirracistas.

Su elección en primarias internas, donde obtuvo cerca de un millar de apoyos, subraya la apuesta por una identidad diferenciada, alejada de lo que perciben como moderación de Sumar.

Desde ese anuncio, Podemos tendió la mano a IU, pero con una condición innegociable: excluir a Sumar del acuerdo. Aquí radica uno de los nudos gordianos de la ruptura: el veto de Podemos a Sumar. La formación liderada a nivel nacional por Ione Belarra ve en el proyecto de Yolanda Díaz una dilución de sus principios de cambio, una traición al legado transformador.

El número uno por Valladolid

En las negociaciones, Podemos exigió que IU rompiera su alianza con Sumar para sumarse a ellos, argumentando que solo así se podría construir una izquierda valiente y no subordinada al PSOE. Esta premisa se convirtió en una línea roja insalvable. IU, por su parte, defendió la inclusión de Sumar como esencial para ampliar el espectro electoral. Gascón lo expresó con claridad: no aceptarían imposiciones que obligaran a IU a renunciar a sus socios estratégicos.

Otro punto de fricción fue la disputa por las posiciones en las listas, especialmente el número uno por Valladolid, la provincia que reparte más escaños, con un total de 15, y donde el voto progresista tiene mayor peso. Ambas formaciones reivindicaban el liderazgo en esta circunscripción clave.

Podemos argumentaba que sus primarias avalaban a Llamas como cabeza visible, proponiendo incluso que su representante encabezara la coalición durante los primeros dos años en las Cortes. IU, en cambio, destacaba su mayor implantación territorial con más concejales y alcaldías en la Comunidad y la designación de Gascón como candidato de consenso.

El último intento fallido

A pesar de estos obstáculos, ambas partes aseguran haber intentado el acuerdo hasta el último momento. Las negociaciones se intensificaron en las semanas previas a la fecha límite para registrar la coalición. El 26 de enero, representantes de IU y Podemos se citaron para explorar un pacto, con propuestas de división territorial: asignar provincias según la fuerza de cada uno, sin vetos y con flexibilidad.

IU insistía en poner el foco en Castilla y León, articulando una candidatura potente para la izquierda transformadora. Podemos respondía llamando a la discreción y a priorizar un modelo "valiente". El 27 de enero, en una reunión telemática, IU presentó una oferta basada en la ausencia de exclusiones y una distribución proporcional.

Al día siguiente, el 28, IU ratificó su coalición con Sumar y Equo con un abrumador 88% de apoyo, pero mantuvo la mano tendida a Podemos. Incluso hubo contactos telefónicos y videoconferencias hasta el 30 de enero, pero las premisas "imposibles" como califica IU las demandas de Podemoshicieron naufragar el diálogo. La falta de confianza terminó pesando más que los programas comunes y el lastre de los egos primó, condenando a la división.

El eco de Aragón

Las consecuencias de esta fractura son predecibles y graves. En un sistema como el de Castilla y León, con nueve provincias y umbrales efectivos altos, dos candidaturas compitiendo por el mismo 7-9% de votos equivale a un suicidio electoral. En Común podría salvar uno o dos procuradores en Valladolid, León o Burgos, gracias a la estructura de IU. Podemos, con menos arraigo, arriesga quedarse en cero absoluto.

El espejo de Aragón es demoledor. En las elecciones del pasado 8 de febrero, IU-Sumar obtuvo un solo escaño con el 2,9% de los apoyos, mientras Podemos se hundió al 0,94%, menos de la mitad de los votos de Se Acabó la Fiesta (SALF), el partido de Alvise Pérez, que logró un 2,74%. La división evaporó el espacio progresista, permitiendo a la derecha duplicar fuerzas.

Aragón, con similitudes demográficas y electorales, muestra cómo la fragmentación condena a la irrelevancia. En contraposición, Extremadura ilustra el poder de la unidad. El pasado 21 de diciembre de 2025, Podemos, IU y Alianza Verde concurrieron juntos, subiendo de 4 a 7 escaños con más del 10% de votos. En la comunidad extremeña, la suma multiplicó impacto, demostrando que los egos aparcados generan resultados.

En Castilla y León, sin esa opción, la supervivencia pasa por campañas diferenciadas. En Común, con Gascón al frente, apostará por el municipalismo y el ecologismo práctico. Podemos-Alianza Verde, con Llamas, enfatizará la radicalidad de sus propuestas y la esencia de una izquierda realmente transformadora. Pero el daño está hecho: menos visibilidad, menos fondos y un mensaje de desunión que ahuyenta votantes.

Las elecciones del 15 de marzo revelarán si las formaciones progresistas de la Comunidad logran resistir o se hunden en la marginalidad, víctimas de un lastre que podrían haber evitado. La izquierda alternativa arriesga extinguirse en este desierto político. La pregunta es si, tras el probable batacazo en Castilla y León, renacerán unidas o perpetuarán la irrelevancia.