El presidente de la Junta y del PP de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, la presidenta de Extremadura, María Guardiola y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en una imagen de archivo

El presidente de la Junta y del PP de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, la presidenta de Extremadura, María Guardiola y el presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, en una imagen de archivo ICAL

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Una ruptura entre PP y Vox en Extremadura podría activar el voto útil en CyL como baza ganadora para Mañueco

El presidente de la Junta podría aprovechar el caso extremeño para advertir sobre la inestabilidad provocada por los de Abascal y movilizar el apoyo del votante de centroderecha en las elecciones de marzo.

Más información: Mañueco o el arte de salir airoso de la primera coalición con Vox: blinda la hegemonía del PP y los sondeos respaldan su gestión

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El desenlace de las complejas negociaciones entre el Partido Popular y Vox en Extremadura podría terminar convirtiéndose en el trampolín definitivo para una amplia victoria de Alfonso Fernández Mañueco en Castilla y León. La suspensión temporal de las negociaciones entre ambas formaciones en la región extremeña, apenas un mes después de las elecciones del pasado 21 de diciembre, ha dejado a la presidenta en funciones, la popular María Guardiola, en una posición delicada y ha abierto la posibilidad de una repetición electoral.

Pero a más de 400 kilómetros de distancia, en Valladolid, ese mismo terremoto político podría tener consecuencias muy positivas para el presidente de la Junta. Con las elecciones autonómicas de Castilla y León convocadas para el próximo 15 de marzo, Mañueco tiene ante sí una oportunidad única: aprovechar el caso extremeño para advertir de la inestabilidad que genera Vox y movilizar el voto útil hacia el PP para consolidar un Gobierno fuerte y sin muletas, su máxima aspiración.

La ruptura en Extremadura

La ruptura, al menos momentánea, entre PP y Vox en Extremadura estalló el pasado lunes, solo un mes después de los comicios del pasado 21 de diciembre, que otorgaron a los populares una victoria contundente, 29 de 65 diputados autonómicos, pero insuficiente para gobernar en solitario. La formación de Santiago Abascal, que duplicó su representación hasta los 11 diputados, se convirtió en pieza imprescindible para que el PP conformase la mayoría absoluta y dejó claro que sería exigente a la hora de negociar. Dicho y hecho.

El pasado lunes, a solo un día de la constitución de la Asamblea regional, Vox decidió suspender las conversaciones con el PP, alegando que el partido de María Guardiola no mostraba "voluntad de cambio" ni respetaba las demandas de sus votantes. Las exigencias principales de Vox incluían consejerías con presupuesto real, competencias claras para ejecutar su programa y recortes en subvenciones o políticas de género y cambio climático.

El PP se mostró sorprendido y consideró la decisión "unilateral", ya que las negociaciones parecían avanzadas y solo faltaban "flecos". Fuentes populares atribuyeron el movimiento a una estrategia nacional de Vox, posiblemente para ganar tiempo antes de las elecciones en Aragón y endurecer su posición en otros territorios. Vox, por su parte, negó una ruptura definitiva y afirmó que estaba dispuesto a retomar el diálogo si el PP cambiaba su postura, pero acusó a Guardiola de buscar "excusas" para evitar un acuerdo real.

El choque frontal entre ambos partidos se confirmó durante la constitución de la Asamblea el pasado martes, cuando el PP se hizo con la Presidencia del Parlamento, para la que fue elegido el popular Manuel Naharro por mayoría simple. Vox rechazó un "gesto" del PP al otorgarle una Secretaría en la Mesa, considerándolo "migajas" y advirtió que las posiciones estaban "infinitamente lejos". Una situación que ha complicado la investidura de Guardiola y ha dejado entrever la posibilidad de una repetición electoral en la región extremeña.

Una primera votación clave

Una vez constituida la nueva Asamblea de Extremadura, el pasado martes, su presidente, Manuel Naharro, cuenta con un plazo máximo de 15 días para consultar a los grupos parlamentarios y proponer un candidato a la Presidencia de la Junta, que será, previsiblemente, la actual presidenta en funciones y ganadora de los comicios del pasado 21 de diciembre, la popular María Guardiola.

Una vez designado, el debate de investidura debe celebrarse en un máximo de otros 15 días, lo que sitúa la primera votación a finales del mes de febrero. En la primera votación se requiere mayoría absoluta, es decir, 33 votos o más; si no se alcanza, se procede a una segunda 48 horas después, donde basta la mayoría simple. El proceso puede repetirse con el mismo o diferentes candidatos.

Sin embargo, si en el plazo de dos meses desde la primera votación, hasta finales del mes de abril, ningún candidato es investido, la Asamblea se disuelve automáticamente y se convocan nuevas elecciones autonómicas, que se celebrarían en el mes de junio, 54 días después de la disolución del Parlamento extremeño.

La repetición electoral, pues, de producirse, tendría lugar después de la celebración de los comicios autonómicos en Castilla y León, previstos para el próximo 15 de marzo, pero no así la primera votación. Si Vox bloquea la investidura de Guardiola en la primera votación, a finales del mes de febrero, eso podría reforzar el argumento de Mañueco en un momento clave para sus intereses, ya que coincidiría con el inicio de la campaña electoral en la Comunidad.

El patrón de inestabilidad

Este episodio no es un hecho aislado ni sorprendente. Vox ya rompió en julio de 2024 los gobiernos que mantenía con el PP en varias comunidades autónomas, incluida Castilla y León. En la Comunidad, esa decisión dejó a Alfonso Fernández Mañueco gobernando en minoría, sin presupuestos aprobados para 2025 ni para 2026 y con una legislatura marcada por la parálisis y la tensión constante con la oposición.

A pesar de las dificultades, Mañueco ha conseguido agotar el mandato hasta el límite legal y ha fijado las elecciones autonómicas para el 15 de marzo. La paradoja es evidente y muy poderosa políticamente: lo que en Extremadura podría percibirse como un fracaso para el PP podría transformarse en una ventaja estratégica de primer orden para Mañueco en Castilla y León.

El comportamiento de Vox en Extremadura refuerza una percepción que ya existe entre muchos votantes conservadores: que el partido de Santiago Abascal está dispuesto a romper acuerdos por estrategia política incluso cuando su apoyo resulta absolutamente decisivo para la gobernabilidad. Este patrón de inestabilidad podría generar un rechazo creciente entre los electores conservadores que valoran, por encima de todo, la estabilidad, la gestión y la capacidad de gobernar con solvencia.

Un PP con ventaja electoral

En Castilla y León, donde ya se vivió en primera persona la experiencia de una coalición entre PP y Vox entre 2022 y 2024, que terminó en ruptura tras dos años de constantes roces y desencuentros, el mensaje cala con especial fuerza. Muchos votantes que en su día apoyaron a Vox como forma de reforzar la derecha pueden ahora sentirse decepcionados por la incapacidad de los de Abascal para mantener compromisos a medio plazo.

En este contexto, el voto útil hacia el Partido Popular se convierte en una opción muy atractiva: concentrar el voto en Mañueco para garantizar un Gobierno fuerte, estable y sin depender de apoyos volátiles que puedan romperse en cualquier momento.

Las encuestas publicadas hasta el momento dibujan un panorama favorable para el PP, aunque sin mayoría absoluta garantizada. El Partido Popular sería la fuerza más votada, con estimaciones que oscilan entre el 32% y el 36% de los votos y una proyección de 30 a 35 escaños en unas Cortes de 82 procuradores. El PSOE, con Carlos Martínez como candidato, rondaría el 28-31% (entre 23 y 27 escaños).

Vox, por su parte, experimentaría un crecimiento significativo y podría alcanzar entre el 17% y el 20% (13 a 20 escaños), su mejor resultado histórico en la Comunidad. Aunque el PP ganaría con claridad, la mayoría absoluta, situada en 42 escaños, parece complicada sin un empujón adicional. Y ese empujón podría llegar precisamente del voto útil, potenciado por la experiencia de Extremadura, que coincidirá con la precampaña y la campaña en Castilla y León.

La clave del voto útil

El sistema electoral de la Comunidad, con nueve provincias como circunscripciones, premia claramente a las fuerzas más votadas y castiga con dureza la fragmentación. Si una parte relevante de los votantes que tradicionalmente apoyan a Vox percibe que su partido puede volver a ser decisivo para formar Gobierno, pero también a romper pactos en el momento menos oportuno, muchos de ellos podrían decidir depositar su papeleta directamente en el PP.

El objetivo sería claro: asegurar un Ejecutivo popular sólido, capaz de aprobar presupuestos y de gobernar con tranquilidad durante cuatro años. Alfonso Fernández Mañueco ha sabido jugar sus cartas con inteligencia. En sus intervenciones públicas de las últimas semanas ha evitado entrar en polémicas sobre el caso extremeño y ha centrado todo el discurso en un proyecto de estabilidad y futuro para Castilla y León.

Mañueco ha puesto el acento en temas que preocupan a la mayoría de los castellanos y leoneses: la lucha contra la despoblación, la creación de empleo de calidad, la mejora de la sanidad, la educación y los servicios públicos. El mensaje implícito es potente: el PP ofrece gobernabilidad, gestión solvente y compromiso a largo plazo; Vox, en cambio, genera confrontación, incertidumbre y riesgo de bloqueo permanente.

Una amplia mayoría

Si Mañueco consigue activar con fuerza el voto útil para el PP podría superar los 35 escaños, una cifra que le permitiría gobernar en minoría con apoyos puntuales de los partidos provinciales o forzar una abstención de Vox o del PSOE en la investidura. Sería un triunfo político de enorme calado: el presidente que ha sobrevivido a la coalición con Vox y a su ruptura saldría reforzado como el líder indiscutible de un centroderecha moderado y estable en Castilla y León.

La abrupta ruptura en Extremadura ha puesto a María Guardiola contra las cuerdas, pero ha abierto una ventana de oportunidad inesperada y muy valiosa para Mañueco. En un ciclo electoral marcado por la tensión permanente entre PP y Vox, Castilla y León podría convertirse en el laboratorio donde se demuestre que el voto útil sigue siendo la herramienta más eficaz para gobernar con solvencia y sin sobresaltos.

Los resultados de las elecciones del 15 de marzo dejarán claro si esta dinámica se consolida o si, por el contrario, Vox logra capitalizar su auge nacional y forzar otro pacto, al igual que sucedió hace cuatro años.

El desenlace de la primera votación de investidura en Extremadura, y el transcurso de las complejas negociaciones entre los populares y los de Abascal en esa región, será determinante y Mañueco podría verse beneficiado de un hipotético bloqueo de Vox para atraerse un amplio porcentaje de voto útil que le permita gobernar en solitario en la Comunidad.