Región

Salesas, las tierras de indios y vaqueros

19 febrero, 2018 16:55

En un mundo tan célere y alocado como el actual apenas sobreviven los recuerdos que van más allá de un lustro. Ésa es la barrera que marca la pervivencia de la información en internet, pero hay otra mucho más valiosa que aún se atesora en álbumes de fotos escondidos en recónditos cajones, esos que ya apenas casi se ven en familia, y sobre todo, una información guardada a fuego en la memoria de quienes vivieron cada momento. Desde principios de año, NOTICIASCYL lleva a cabo una serie dominical que repasa la evolución de los barrios de Salamanca a través de los recuerdos de niñez de sus habitantes.

Hoy es el turno para Salesas, denominado así por el monasterio de la Orden de la Visitación de Santa María fundado en 1910, en la actualidad parroquia de María Mediadora junto al parque que antaño fueron las huertas y jardines de las monjas. Una zona que fue el siguiente paso a la expansión urbanística de la ciudad cuando se produjo el ensanche extramuros hacia Labradores, hoy en día entre la avenida de Portugal, Federico Anaya, Alfonso IX de León y el paseo del Doctor Torres Villarroel. Porque el crecimiento de Salamanca se produjo inevitablemente hacia el norte teniendo en cuenta las limitaciones al sur por el río Tormes.

“Hasta la plaza de Madrid eran todo fábricas y tierras donde de pequeños jugábamos a los indios y vaqueros, se hacían hasta casetas”, recuerda Francisco Gómez Galán, presidente de la Asociación de Vecinos de Salesas y Labradores (Avesal). Un barrio que fue rellenando huecos, cual puzle que va encajando piezas. Y entre los juegos infantiles del oeste se fueron ubicando, ironías del destino, infraestructuras militares, como el Cuartes del Regimiento de Ingenieros y el Cuartel de Caballería.

Cuartel del Regimiento de Ingenieros General Arroquia

El primero, de estilo neoplateresco, fue construido en los años veinte del siglo veinte, no pasando a denominarse General Arroquia hasta dos décadas después. El segundo, construido pocos años después, estuvo operativo hasta finales de siglo, en que se proyectó su demolición para dar paso hoy día a los grandes almacenes El Corte Inglés, un amplio centro cívico y la plaza de la Concordia.

Y entre ambos cuarteles, la plaza de toros de La Glorieta, construida a finales del siglo XIX debido a la iniciativa de un grupo de comerciantes que buscaban de esta forma atraer a nuevos clientes durante los festejos de septiembre. Así, el barrio Salesas era un continuo ir y venir de desfiles, ya fuera de soldados, ya fuera de población civil hacia los festejos taurinos, en torno a los cuales se organizaban ferias y mercadillos. Porque durante décadas estas tierras fueron también punto de encuentro de comerciantes, agricultores y ganaderos de toda la provincia de Salamanca.

Nexo de unión entre la vieja y la nueva Salamanca

Salesas era, al igual que Labradores, un barrio eminentemente comercial y cultural. La avenida de Federico Anaya era el nexo de unión entre la vieja y la nueva Salamanca, entre el casco histórico y los incipientes barrios Salesas y Garrido. Desaparecida la vía del tren en la avenida de Portugal, en torno a esta avenida se ubicaron comercios, locales de ocio y cines, el más recordado el Taramona. “Había mucha luz en esa calle, así que era muy transitada para alejarse de los rincones oscuros junto al cuartel de El Charro cuando se hacía de noche”, recuerda Francisco Gómez.

Cuartel de Caballería Julián Sánchez El Charro

Un barrio también para las relaciones personales en sus calles y parques, para hacer el indio en busca del cortejo de una moza o para vislumbrar ‘vaqueros’, los soldados que continuamente paseaban por allí con sus uniforme, evolucionando así los primigenios juegos inifantiles. Hasta una banda militar tocaba valses de forma ocasional para animal las tardes y los fines de semana. Porque Salesas tenía un aire de las épocas principescas, donde Salamanca parecía otra más allá del influjo de sus monumentos.