Jose María Fernandez, gaitero de Urrós, y Mario Correia.

Jose María Fernandez, gaitero de Urrós, y Mario Correia. Cedida

Opinión

Sons da Terra, donde la tradición encontró un hogar

Más que recopilar canciones, Mário Correia salvó del olvido la memoria sonora de la Tierra de Miranda del nordeste trasmontano portugués.

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Vivimos tiempos en los que la memoria parece tener fecha de caducidad y la tradición corre el riesgo de convertirse en una simple atracción para turistas, como pueden ser, por desgracia, los desfiles de ‘pauliteiros’ por las calles de Miranda.

Por eso resulta imprescindible detenerse ante proyectos que han sabido desafiar al olvido. El vigésimo quinto aniversario del Centro de Música Tradicional Sons da Terra de Sendim no es solo la celebración de una institución cultural; es también el reconocimiento a la visión y la perseverancia de Mário Correia.

Quien hace un cuarto de siglo comprendió que conservar la música tradicional no consistía únicamente en recopilar canciones, sino en documentar una forma de vida, preservar la memoria oral de la Tierra de Miranda y devolver ese legado a la sociedad. Gracias a ese empeño, Sons da Terra es hoy mucho más que un archivo: es uno de los grandes custodios del patrimonio cultural del nordeste transmontano.

Antes de cumplir un cuarto de siglo, el Centro de Música Tradicional Sons da Terra ya era una referencia para investigadores, músicos y amantes de la cultura popular.

Hoy, al alcanzar sus 25 años de vida, la institución fundada por Mário Correia en Sendim trasciende la condición de archivo o centro cultural para convertirse en uno de los grandes guardianes de la memoria de la Tierra de Miranda y del nordeste trasmontano portugués.

Desde su creación en 2001, ha reunido un extraordinario patrimonio documental: más de un millar de horas de grabaciones de campo, alrededor de 150 ediciones discográficas, decenas de publicaciones, miles de fotografías, un importante archivo video gráfico, una fonoteca de más de diez mil registros y una biblioteca especializada con miles de volúmenes.

Identidad de Tras-os-Montes

En una época en la que la despoblación amenazaba también con borrar la memoria de los pueblos, Sendim encontró en Sons da Terra un refugio para aquello que nunca debería desaparecer: la voz de los ‘gaiteiros’, el ritmo de los tamborileros, los cantos de las mujeres en las faenas del campo y las iglesias, las danzas, las historias y las formas de entender el mundo que durante siglos habían dado identidad a Trás-os-Montes.

Mientras otros veían en aquellas músicas un simple vestigio del pasado, Mário Correia comprendió que cada melodía escondía una parte esencial de la historia colectiva.

Casa de Música Sons da Terra en Sendim.

Casa de Música Sons da Terra en Sendim. Cedida

No se trataba únicamente de registrar canciones; se trataba de conservar una manera de vivir.

Aquella intuición terminó convirtiéndose en un proyecto cultural de enorme dimensión, reconocido tanto por investigadores portugueses como españoles, universidades y frecuentado por especialistas en antropología, etnomusicología e historia cultural.

Mucho más que un archivo

El verdadero valor de Sons da Terra nunca estuvo únicamente en sus estanterías.

Su importancia reside en haber devuelto dignidad a una cultura que durante demasiado tiempo fue considerada menor.

Gracias a su labor, cientos de músicos populares dejaron de ser anónimos para convertirse en auténticos depositarios de un patrimonio irrepetible.

Cada grabación realizada en una cocina, en una iglesia, en una era o junto a una chimenea salvó una pieza de un inmenso puzle cultural que hoy permite conocer cómo sonaban las Terras de Miranda antes de la uniformización musical.

Porque la tradición no sobrevive por casualidad. Sobrevive cuando alguien decide escuchar antes de que llegue el silencio.

Mário Correia, un hombre contra el olvido

Hablar de Sons da Terra es hablar inevitablemente de Mário Correia. Nacido lejos de Sendim, concretamente en Granja –municipio cercano a Oporto-, encontró en esta villa mirandesa el lugar desde el que desarrollar una de las trayectorias más relevantes en la investigación de la música tradicional portuguesa.

Su mirada nunca fue la del coleccionista, sino la del investigador comprometido con la autenticidad.

Rechazó convertir el folclore en espectáculo vacío y defendió siempre que era el pueblo quien definía qué era verdaderamente tradición. Esa filosofía marcó todas sus publicaciones, sus trabajos de campo y sus proyectos culturales.

Su producción impresiona por sí sola: decenas de libros, centenares de registros musicales, innumerables conferencias y una constante colaboración con universidades e instituciones culturales de ambos lados de la frontera.

Pero quizá su mayor legado sea haber demostrado que la cultura rural posee el mismo valor que cualquier gran manifestación artística.

Si Sons da Terra preservó la memoria, el Festival Intercéltico de Sendim la proyectó hacia el mundo.

Durante un cuarto de siglo convirtió una pequeña localidad del Planalto Mirandés en punto de encuentro de músicos, investigadores y visitantes procedentes de numerosos países europeos.

Biblioteca de Sons da Terra.

Biblioteca de Sons da Terra. Cedida

Allí convivió la gaita mirandesa con las tradiciones celtas de Bretaña, Galicia, Castilla y León, Asturias, Irlanda o Escocia, demostrando que las raíces no levantan fronteras, sino que construyen puentes culturales.

Cultura para el futuro

El vigésimo quinto aniversario, que celebramos el pasado sábado en Palhetas –el corazón de la Casa de Música- un grupo de amigos, invita a mirar atrás, pero sobre todo obliga a pensar en el futuro.

En un tiempo dominado por la inmediatez digital, Sons da Terra recuerda que existen conocimientos que solo pueden conservarse escuchando a los mayores, recorriendo aldeas, anotando historias y grabando músicas antes de que desaparezcan.

Cada documento custodiado en Sendim constituye un patrimonio que pertenece no sólo a Portugal, sino también a toda la Península Ibérica.

Un aniversario que trasciende la celebración. Los veinticinco años de Sons da Terra no representan únicamente la longevidad de una institución cultural.

Simbolizan, por el contrario, la victoria de la memoria sobre el olvido. La perseverancia sobre la indiferencia. Y el convencimiento de que los pueblos pequeños pueden albergar proyectos de dimensión universal.

Mientras sigan escuchándose las gaitas de foles de Miranda, mientras un investigador consulte sus archivos o un joven descubra por primera vez aquellas melodías ancestrales, el trabajo iniciado por Mário Correia continuará dando sentido a un sueño que comenzó hace un cuarto de siglo.

Porque hay lugares donde se conserva la historia. Y después está Sons da Terra, donde la historia todavía sigue cantando, ¡ay!